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Tolerancia activa
La mayoría de las veces pensamos que ser tolerante con el otro diferente, con la cultura que viene echa vida en los diferentes grupos de inmigrantes que cruzan nuestras fronteras, es simplemente no adoptar posturas de oposición, de desprecio o de lucha contra ellas. Por eso algunos como Kofi A. Annan y otros han recurrido al concepto de tolerancia activa. Sería no ver al otro simplemente como a alguien con quien tengo que coexistir de forma pacífica sin molestarle ni despreciarle, no ver a la otra cultura simplemente como otra cultura yuxtapuesta a la que yo no debo rechazar, sino que hemos de asumir una actitud viva que me conduce a ser activo y comprometido en la defensa de los derechos civiles, de las libertades y de la dignidad del diferente, defendiendo activamente sus derechos, como el derecho al trabajo y a todos los servicios sociosanitarios y de otra índole a los que deban tener derechos como personas.
Por tanto, la tolerancia no puede ser pasiva, no puede ser simplemente el omitir la violencia o el desprecio. Tiene que estar llena de actos positivos, de compromisos beligerantes a favor del otro, que tiene unos derechos humanos que yo he de defender si ellos por ellos mismos no pueden. Es una simple cuestión de aplicación de la ética que dimana del cristianismo, una ética social, humana y de responsabilidad para con el otro que, necesariamente, debo de aplicar. No se trata, por tanto, solamente de eludir los desprecios, evitar los racismos, o simplemente pasar de largo sin ningún sentido de rechazo, de forma pasiva e insensible. La insensibilidad, el ignorar insolidariamente al otro en su situación de necesidad, pasar de largo ante su grito y su dolor, ya es una discriminación totalmente negativa. Y para los cristianos es el pecado de omisión de la ayuda.
Practicar la tolerancia activa sería plantarse ante las estructuras sociales injustas y que oprimen fundamentalmente a los más débiles y diferentes , e intentar destruirlas mediante la denuncia tendente a la construcción de un mundo más justo. La tolerancia se debe construir en colaboración con el que es objeto del desprecio o del rechazo. Hay que unirse a ellos para hacer también de ellos mismos los agentes de su propia liberación. Tenemos que estar en compromiso de colaboración con ellos bajándonos del tren de nuestra prosperidad, abriéndonos a los otros en actos solidarios tendentes a su dignificación, igualdad y liberación.
Es así como a través de la tolerancia activa puedo llegar a considerar al otro, no simplemente como a alguien que coexiste a mi lado, sino como mis amigos y mis hermanos a los que yo me debo en actos de projimidad. Con la tolerancia activa yo tengo el deber de informarme sobre cuales son las situaciones y las causas de la marginación de otros, ya que el origen de muchas violencias es la ignorancia, el miedo y la falta de datos que nos haga entender el por qué de que haya personas diferentes en medio de nuestras sociedades. Cuando las conocemos y eliminamos nuestras ignorancias en torno a muchos fenómenos, es cuando los racismos, los desprecios, las violencias y otros tipos de fobias, comienzan a caer hechas pedazos. Muchas agresiones surgen del propio miedo de los integrados socialmente hacia lo desconocido. Es su propia ignorancia lo que genera las tensiones sociales. El miedo a lo desconocido es un mecanismo psicológico normal. Así, los miedos desaparecen eliminando ignorancias.
Muchas intolerancias vienen también de que nos supravaloramos en nuestra identidad de pueblo, de raza o de nación . Algunos por pertenecer a un terruño, usar una lengua o tener una raza, se enorgullecen y se creen el ombligo del mundo... y rápidamente pueden caer en intolerancias nefastas. Se ven impedidos para practicar una tolerancia activa integradora y liberadora del otro. También en otros casos el motivo de la intolerancia pueden ser las creencias religiosas inauténticas, pues ninguna creencia religiosa auténtica puede llevarnos a la intolerancia. Pero a veces, inexplicablemente y falseando los valores religiosos, podríamos ver el cristiano frente al musulmán o de otra confesión religiosa. Y así, a veces, cuando la religión nos debería llevar a practicar la tolerancia activa, nos puede lanzar en nuestro orgullo a la práctica de la intolerancia anticristiana.
Es por eso que también las iglesias deberían ser fuentes de educación tolerante en su forma activa y de compromiso con el que está marginado en su diferencia y debilidad. No tendrían que hacer muchos esfuerzos, pues Jesús es un ejemplo de acogida hacia al otro y de práctica de la tolerancia activa. Tolerancia que nos enseña el cristianismo. Sólo necesitamos vivirlo en autenticidad.
Juan Simarro Fernández, licenciado en Filosofía, escritor
y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid.
© J. Simarro, 2005, Madrid, España. |