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El desafío del secularismo (I)
En el marco del pensamiento protestante, la obra de Friedrich Gogarte y la de Dietrich Bonhoffer constituyen una de las interpretaciones más desafiantes de la modernidad. Esa novedosa interpretación deja al descubierto a instituciones relevantes, especialmente la iglesia católica pero también al mundo evangélico, y exige una nueva manera de entender la filosofía de la religión, como queda demostrado por el trabajo de otros muchos; entre ellos, los pensadores italianos Giorgio Penzo y Gianni Vattimo que analizan la modernidad y el concepto de secularización gogartianos. La esperanza o el destino de la modernidad se encuentra, según Gogarten, en saber entender la secularización originaria, intrínseca a la fe cristiana, que él denomina secularismo y que tiene como base una apreciación empática y afirmativa de la historicidad perteneciente al discurso moderno sobre la mundaneidad del mundo y sobre la religión.
La reflexión que pretendo desarrollar y las conclusiones finales, parecen apuntar hacia una nueva Reforma que sepa interpretar la secularización presente. La tesis también podría expresarse con interrogante: ¿Acaso esta secularización, no propondrá una nueva Reforma del ser, estar y pertenecer del homo religiosus ? Es un proceso casi terminado, porque el talante y el ser del hombre postmoderno, acumula todos los ingredientes secularistas. La Reforma protestante impuso una forma de vivir secularista en cuanto rompió con muchos moldes religiosos, o mejor, con las numerosas corrupciones eclesiales y destapó doctrinas como la justificación por la fe y la Soberanía de Dios que cambiaron todo el sistema teológico conformado por la Tradición. La perspectiva del sacerdocio universal y la consiguiente responsabilidad individual ante la fe, cambió la cosmovisión de la Iglesia, madre protectora, que con sus mandamientos eclesiales, por un lado, y con sus bulas e indulgencias, por otro, gestionaba el precio de la salvación de cada creyente. La libertad en Cristo, la libre interpretación de las Escrituras sin las camisas de fuerza de los “doctores tiene la Santa Madre Iglesia que os sabrán responder”, parecían dar la mayoría de edad al hombre del medioevo, menos religioso de lo que se cree y mucho más secularista de lo que se piensa.
Sin embargo quedaron muchas cosas sin resolver, porque la Reforma fue iconoclasta y secularista en cuanto a la forma; en muchos casos, aún refiriéndose a la Reforma Radical y no a la Magisterial, sólo se derribaron imágenes de madera pero quedaron las del corazón y las de la mente teológica. Una de estas dificultades sin derribar, era la forma de actuar y testificar el creyente libre, pero solo, y desde su interioridad responsable, en un mundo difícil y extraño a la fe. Para Lutero no era lo mismo que para Calvino. Calvino creyó posible implantar una teocracia en Ginebra, disciplinó a sus habitantes con normas estrictas de buen comportamiento, pero de alguna manera se vulneraba el principio de libertad y responsabilidad. Seguíamos con el paraguas proteccionista de las normas eclesiásticas. La transformación de la sociedad para Lutero era algo imposible y cualquier esfuerzo inútil, por lo que había que dejar al mundo en su mundanidad y ejercer acciones sociales y espirituales desde la individualidad, desde la fe y desde el amor cristiano. Así pues el secularismo, el ateismo práctico y la indiferencia religiosa que presenta el mundo de hoy, es el proceso lógico de emancipación del hombre religioso del poder manipulador de la religión y de lo sacerdotal. “La hora viene y la hora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad ” le decía Jesús a la samaritana. Son palabras adecuadas y apropiadas para esta hora del secularismo que quiere hacer separación de Iglesia y Estado, religión ritualista y fe, espiritualidad de sentimiento numinoso y piedad bíblica.. Este es un secularismo que deja las cosas en su sitio: al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios. "Abro mi ojo o mi oído, extiendo mi mano y siento irreparablemente en el mismo instante: Tú y Yo, Yo y Tú". Así escribía Jacobi en 1781, y a partir de entonces se abre un fecundo camino que va de Feuerbach y Kierkegaard a Fosenzweig, H. Cohen, Rosenstock, Ehrenberg, Gogarten, Ebner, Marcel, etc.; y fue Martin Buber quien, de forma más brillante, concisa y profunda, sistematizó aquella intuición, donde confluyen fenomenología y personalismo y se abre paso el "nuevo pensamiento".
Hay, sin embargo, otros diferentes secularismos que convierten a Dios en objeto de museo etnológico, que no respetan esta separación de lo profano y lo sagrado, lo material de lo espiritual. Es el secularismo materialista y humanista que se erige como respuesta al hombre, pero lo deja mutilado o, como dicen algunos, muerto (1). La verdad espiritual y de la trascendencia se explica desde coordenadas evolucionistas, materialistas y ateas, dejando sin respuesta el escenario de un mundo que no puede vivir sin Dios. Pero lo que verdaderamente nos preocupa, es la indiferencia religiosa en este mundo europeo occidental en que nos toca vivir. Cómo, un mundo cristianizado durante tantos siglos, en tan poco tiempo, se haya secularizado tan rápidamente. Nos impacienta no tanto la secularización en si, que, como hemos visto, es producto consecuente de la Reforma e Ilustración fundamentalmente, sino las dificultades que genera esta en los creyentes. La desgana por lo espiritual y el interés por lo material, del creyente, deja perplejo a cualquiera que se acerque a los datos estadísticos. Diríamos mas, nos preocupa por igual, cuando los datos de un posible “avivamiento” “ revival de la religión” “encantamiento” y “vuelta a lo sagrado”, nos hablan de un regreso religioso de sola emoción, sin base revelacional, solo experiencia de lo mistérico. Una religión donde la fe, al no tener bases sólidas, cambia de parecer, se diluye en infinidad de creencias, se relativiza, se pluraliza dando lugar un sin fin de teologías. Estas ideas las iremos desarrollando seguidamente.
(1) Comenta Gustavo Bueno en “El animal divino” refiriéndose a la historia de Nietzsche del loco que encendía una lámpara durante día y gritaba : “Yo busco a Dios”: Este curso ha conducido a la exaltación del hombre como único ser dotado de espíritu. Como un hombre que solo llega a la conciencia de sí mismo por la presencia directa ante Dios. Pero cuando la fe en este Dios terciario se extingue, o se identifica con la fe en el hombre mismo (“la muerte de Dios”) el hombre queda aislado, extraviado, entregado así mismo, y , por tanto, puesto que no es sustancia, a la nada (“la muerte del Hombre”) pg. 310 Pentalfa 1996
Manuel de León es escritor, historiador, y director de "Vínculo"
(revista de las Iglesias de Cristo de España).
© M. de León, 2005, Asturias, España. |
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