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Número 66 - 30 de enero 2005
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Leopoldo Cervantes-OrtiZ  
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Cómo y dónde sobrevive la identidad protestante
LOS HIJOS DE LUTERO EN MÉXICO (VIII)  

Por todo lo dicho en los artículos anteriores, ¿cómo y dónde sobrevive la identidad protestante? Fragmentada y fragmentaria, se le puede encontrar sin duda entre algunas denominaciones "históricas", pero experimentada en grados diversos de profundización. El legado teológico no necesariamente es visto como una herencia renovable y mucho menos, vitalizadora de la situación presente. ¿Cómo asumir entonces la identidad, la mentalidad o el espíritu protestante? ¿Cómo entender y aplicar aquello que Paul Tillich denominó " el principio protestante” (1)?.

Además, hay que enfatizar las distinciones que lleva a cabo Bastian, en dos sentidos muy determinados: por un lado, observa que, a la hora de intentar una tipología de los protestantismos en México (y en el continente), salta a la vista que la mayoría de ellos responden más bien a la forma de los pentecostalismos, autoasumidos o no como protestantes, como presencia dominante en el amplio espectro denominado "protestantismo".(2)

Este nuevo rostro del protestantismo latinoamericano, expresado —al menos en el caso mexicano— de una manera abrumadora en la nueva representación social de los protestantes, cuya dirigencia interdenominacional es mayormente pentecostal, tuvo que surgir como una transformación de lo que José Míguez Bonino ve como "un desafío y una tentación" para el protestantismo histórico en los años en que éste no sabía qué hacer con la llamada "explosión pentecostal".(3)

Los pentecostalismos, como fuerza dominante dentro del abanico protestante, constituyen "otro protestantismo", puesto que no refiere su identidad a componentes teológicos propiamente dichos, sino, en general, a prácticas determinadas, que algunos sociólogos ven como formas sincréticas de continuidad de la religiosidad popular hispano-católica.

Esta cultura religiosa proviene directamente de las tradiciones religiosas del catolicismo de las cofradías, de las asociaciones de laicos encargadas del culto a algún santo o de la administración de un santuario, pero a manera de reformulación porque rompe con ciertos aspectos del catolicismo popular, aun cuando conserve la continuidad con ciertas representaciones propias del imaginario-religioso-popular [...] Como en la religión popular, la figura de Cristo es ahistórica [...] El objetivo del sistema católico popular y el del pentecostalismo es, en este sentido, idéntico, ya que se trata de negociar con las fuerzas sobrenaturales [...] La festividad religiosa popular aparece reelaborada, reformulada, integrando modernos medios de comunicación a las formulaciones religiosas tradicionales.(4)

La segunda distinción consiste en advertir el abandono del carácter "protestatario" por parte de los protestantismos latinoamericanos y su asimilación a proyectos autoritarios y antidemocráticos en el continente.(5) El "clientelismo político" ha uniformado a los protestantismos fruto de la distinción anterior, en prácticas políticas de legitimación de regímenes dictatoriales, que a su vez ha redundado en una legitimación de los mismos y promovido reacomodos relacionados con la formación de agrupaciones en las que los protestantes tienen una presencia extremadamente visible y, en razón de su inexperiencia, ambigua.

En este sentido son sintomáticos los casos de Chile con Pinochet, de Brasil con la dictadura militar, de Guatemala con Efraín Ríos Montt y Jorge Serrano Elías en los ochentas, y de Perú con Alberto Fujimori en los noventas.(6) Algo similar, pero con signo diferente ha ocurrido en Cuba, donde, en palabras de Jürgen Moltmann, floreció un "marxismo de seminario" presente en "algunos pastores presbiterianos cubanos que defendían los intereses soviéticos en América Latina",(7) y en Nicaragua, donde, en la época del triunfo de la revolución sandinista, "los dirigentes protestantes se revelaron como hábiles intermediarios entre el poder revolucionario y sus bases".(8)

Estos "protestantismos sin protesta" forman parte del fenómeno más amplio de mutación de la presencia protestante histórica, caracterizada también por una ruptura con su herencia liberal, lo que la ha impulsado a asimilarse a las corrientes predominantes a fin de salvar, así sea un poco, su lugar dentro de las sociedades hispanoamericanas.


(1) P. Tillich fue un teólogo y filósofo alemán que vivió en los Estados Unidos a causa de la Segunda Guerra Mundial. Según él, el principio protestante consiste en interpretar la doctrina de la justificación por la fe como un principio anti-idolátrico que “contiene la protesta humana y divina contra toda pretensión de absolutizar cualquier realidad, incluso de una iglesia protestante”. Cf. P. Tillich, La era protestante. Buenos Aires, Paidós, p. 163.
(2) Walter Altmann opina que el asunto no puede plantearse solamente en términos de oposición entre protestantismo histórico y pentecostalismos ahistóricos, sino de saber reconocer que la pentecostalidad, es decir, la libertad y el dinamismo del Espíritu, “es mucho más amplia que sus respectivas expresiones confesionales pentecostales”. Cf. “El otro dentro nuestro”, en Signos de vida, núm. 5, septiembre de 1997, p. 17.
(3) J. Míguez Bonino, op. cit. , p. 78.
(4) Jean-Pierre Bastian, Protestantismos y modernidad latinoamericana. Historia de unas minorías religiosas activas en América Latina. México, fce, 1994, pp. 251-252; Cf. Idem, "La dérégulation religieuse de l'Amérique latine", en Problèmes d'Amérique latine, 24, enero-marzo 1997, pp. 3-15 (un número monográfico dedicado al tema "La expansión de los pentecostalismos"); e Idem , La mutación religiosa de América Latina. Para una sociología del cambio social en la modernidad periférica. México, fce, 1997.
(5) Cf. Jean-Pierre Bastian, Protestantismo y sociedad en México . México, cupsa, 1983.
(6) J.-P. Bastian, Protestantismos y modernidad..., pp. 268-278. Cf. para el caso peruano, Tomás Gutiérrez, "Los evangélicos: Un nuevo rostro en la política peruana de los '90", en T. Gutiérrez S., comp., Protestantismo y política en América Latina y el Caribe. Entre la sociedad civil y el Estado. Lima, Cehila, 1996, pp. 299-316, en donde se dice, entre otras cosas, que: "Estos 'hermanos evangélicos' [se refiere a 15 nuevos parlamentarios en 1990] fueron en el Parlamento más advenedizos políticos que hombres con propuesta y sentido de lo político en el país", p. 309.
(7) J.-P. Bastian, Protestantismos y modernidad..., p. 240.
(8) Ibid, p. 265.

 

Artículos anteriores de LOS HIJOS DE LUTERO EN MÉXICO:
   1  México: la irreversible pluralidad religiosa  
   2  El protestantismo en México: nombres propios  
   3  El protestantismo en México: Carlos Monsiváis  
   4  El protestantismo en México: ¿letargo?  
   5  Protestantismo, protestantismos, identidad  
   6  Protestantismo mexicano y tradición hispánica  
   7  ¿Evangélicos o protestantes?  

Leopoldo Cervantes-Ortiz es critor, médico, teólogo y poeta mexicano. Jornadas: 450 Años de la Biblia de Lutero 29 de octubre de 2004.
(c) Leopoldo Cervantes-Ortiz, ProtestanteDigital.com, España, 2005

 
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