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Arraigo del protestantismo en España
La implantación del Protestantismo en España, su arraigo definitivo, al menos desde el punto de vista de la implantación sociológica, va a depender en gran medida de que las iglesias llamadas históricas se dejen penetrar por los elementos de renovación espiritual desde la experiencia personal que aportan los nuevos movimientos carismático-pentecostales (1), sin perder por ello su identidad protestante; y que los movimientos emergentes representados por los diferentes pentecostalismos procedentes en su mayor parte de América Latina que llegan de la mano de la inmigración, se desprendan lo antes posible de las inevitables adherencias sectarias (2) que acompañan a todo movimiento renovador, se integren en la cultura y en la idiosincrasia del pueblo que los acoge y, en la misma medida, se apropien de los valores bíblicos y hermenéuticos de la Reforma.
Se trata de un proceso socio-religioso que en América Latina ya se ha producido en gran medida en las últimas décadas. Luteranos, Presbiterianos, Reformados, Metodistas, Anglicanos, Bautistas, e incluso la Iglesia Católica, se han visto retados y desafiados por el crecimiento y arraigo de los movimientos pentecostales, más concretamente de los llamados neo-pentecostales. La actitud inicial de las iglesias ya asentadas históricamente ante el crecimiento de las comunidades neo-pentecostales, fue reaccionar de forma crítica y defensiva en nombre de la pureza histórica y teológica del Evangelio, al considerar a estos movimientos como una amenaza extranjerizante peligrosa. La segunda fase ha consistido en llevar a cabo un examen serio de las razones por las que se produce ese excepcional crecimiento y entrar en diálogo con la realidad.
En armonía con esta apertura de las iglesias históricas, algunos de los nuevos movimientos carismático-pentecostales, especialmente aquellos que han surgido al margen de las grandes agencias misioneras, identificados por ello en mayor medida con la cultura e idiosincrasia de sus pueblos respectivos, han ido experimentando un progresivo y extraordinario interés por la formación teológica , haciendo que las diferentes instituciones (escuelas bíblicas, seminarios, institutos y universidades) hayan tenido que adaptarse y crecer al ritmo de la demanda, muy por encima de sus previsiones anteriores. La investigación teológica les ha llevado a someter su experiencia religiosa a una hermenéutica académica incardinada en su propia realidad social. El método ver-juzgar-actuar , como análisis de la realidad, ha influido positivamente en la experiencia espiritual y ha hecho que la reflexión teológica afiance y estabilice el movimiento protestante, confiriéndole raigambre e influencia social.
Fruto de esa inquietud, de esa búsqueda de explicaciones a una realidad que les desbordaba y ante la que se vieron compelidos a tomar y adoptar algún tipo de postura, fue la aparición el libro que, entre otros muchos estudios llevados a cabo sobre ese mismo tema, fuera publicado en 1995 bajo el título “ En la fuerza del Espíritu ”(3) en el que un grupo de teólogos, pentecostales unos y otros procedentes de iglesias históricas nada sospechosos de arribismo o inconsistencia teológica (Carmelo Álvarez, Edgar Moros, Ofelia Ortega, Paul Freston y algunos más), analizan el tema con rigor, tanto desde el punto de vista histórico como teológico y pastoral; libro que, en España, aún a pesar de haber transcurrido una década desde su publicación, seguiría teniendo vigencia y prestaría un gran servicio al protestantismo español, ya que marca pautas de comportamiento, aplicables aquí y ahora para las diferentes familias que lo integran. Hoy en día puede hablarse con toda propiedad de protestantismo latinoamericano como un fenómeno con raíces en el subcontinente americano, valoración que no puede aplicarse al protestantismo español en la misma medida. Hasta tal punto esto es cierto, que “el pentecostalismo ha substituido ya a las Comunidades de Base Católicas como el tema de investigación de mayor interés en la sociología de la religión latinoamericana”(4), con lo que la religión protestante se ha convertido en un fenómeno nacional y popular.
Pues bien, volviendo a la tesis que defendemos, para que se produzca una contribución enriquecedora en su doble recorrido (pentecostalismos-iglesias históricas y viceversa), es necesario fomentar los espacios de convivencia y diálogo en las tres dimensiones básicas: teológica , pastoral y litúrgica , entre las iglesias emergentes de signo carismático-pentecostal y las iglesias de mayor arraigo e historia, sin perder de vista la gran versatilidad del pentecostalismo tanto en su teología, como en su liturgia e incluso en su ética. Hay que propiciar la relación fraternal, la convivencia litúrgica, la investigación y formación teológica, la participación social, favoreciendo lo que ha sido denominado como “ ecumenismo del Espíritu ”, en el que se debe unir la experiencia y la reflexión , la oración y el compromiso personal , la evangelización y la lucha por erradicar la injusticia social . Y todo ello dando sentido cristiano y coherencia ética a la misión de la iglesia en el siglo XXI.
Bien está que las iglesias históricas, siguiendo con ello su más genuina tradición protestante, pongan el acento en la preocupación por la moral, la claridad de la doctrina y el rigor intelectual, pero sin despojar a la liturgia del sentido festivo que debe llevar unida toda celebración religiosa. La gravedad propia del cristianismo convencional, preocupado especialmente por los aspectos morales e intelectuales de la religión, necesita recuperar en su expresión cúltica las manifestaciones lúdicas que acompañaban a la alabanza y a la adoración en la iglesia primitiva, haciendo del culto una manifestación festiva. Ojo, hablamos de espíritu festivo, no de frivolidades ajenas a la espiritualidad cristiana (5). Y esta dimensión festiva están en condiciones de aportarla mucho mejor las iglesias pentecostales que las iglesias históricas. Doctrina, símbolos y fiesta son ingredientes necesarios para hacer de nuestras iglesias un referente espiritual suficientemente incardinado en suelo español.
Este proceso de aproximación y enriquecimiento mutuo entre ambas corrientes eclesiales, no carente de tensiones, viene siendo facilitado por la existencia de plataformas institucionales como los Consejos Autonómicos a nivel comunitario y la propia F.E.R.E.D.E . a nivel estatal, que abren espacios de relación y encuentro y hacen posible la participación en actividades comunes de diferente signo (culturales, evangelizadoras, de gestión y representación); otro lugar de encuentro están llamados a serlo los centros de estudio teológico abiertos a estudiantes de las diferentes familias evangélicas, en los que puedan exponerse y debatirse las distintas doctrinas y liturgias, sobre todo en la medida en que se facilite la reflexión teológica abierta, despojada de determinados dirigismos ideológicos; y a ello contribuirá, igualmente, la publicación de revistas y libros de reflexión y difusión teológica en los que se recoja el pensamiento de autores de ambas corrientes de pensamiento y diferentes sensibilidades espirituales (5).
En la medida en que vayamos avanzando por estos caminos, renunciemos a ocupar ciertos reinados de taifas, seamos capaces de fomentar la libertad de pensamiento, acojamos con alegría a nuestros hermanos latinoamericanos (y a los de otras nacionalidades) y con ellos las aportaciones enriquecedoras que traen consigo, sin ningún atisbo de discriminación, y huyamos de estereotipos y generalizaciones; y en la medida en que dichos hermanos sepan acomodar su idiosincrasia, su cultura y sus tradiciones al nuevo espacio geográfico-cultural al que han accedido por propia voluntad, respetando la historia, las costumbres y las tradiciones del país de acogida, estaremos unos y otros en condiciones de crear en España una minoría religiosa seria, con identidad colectiva propia, con arraigo, reconocida, capaz de hacerse respetar por las instancias oficiales, y con posibilidad de proyectar una influencia perceptible fuera de los recintos eclesiales. Y todo ello, sin menoscabo de mantener a nivel local la distintividad litúrgica y teológica de cada una de las familias y tradiciones que componen el protestantismo, de cada una de las iglesias locales si fuere necesario, si bien haciendo posible uno de los principios más enriquecedores de la Reforma: ecclesia semper reformanda , es decir, manteniéndose abierta al soplo del Espíritu que guía a su Iglesia en medio de los diferentes avatares de la historia.
(1) Hablar de “pentecostalismo” resulta complejo, por lo que muchos autores hacen referencia a “pentecostalismos” como un movimiento plural. Por otra parte, hay denominaciones pentecostales a las que podría conferirse con toda propiedad el apelativo de “históricas” (cf. Asambleas de Dios), mientras que otras difícilmente podrían ser reconocidas como evangélicas o protestantes, incluso por otros movimientos pentecostales (cf. Iglesia Universal del Reino de Dios o del Espíritu Santo, la Congregación Mita en Aarón, ciertos movimientos de la teología de la “prosperidad, o del “exorcismo”, etc.)
(2) Utilizamos el término secta despojado de su contenido peyorativo, el de “herética”, al que normalmente suele ir unido. Secta, en nuestro caso, como movimiento de ruptura, de innovación, identificado por ciertas adherencias de las que progresivamente suele ir despojándose con el paso del tiempo, en la medida en que se va institucionalizando Benjamín F. Gutiérrez, En la fuerza del Espíritu , Ed., AIPRAL/CELEP, (México y Guatemala:1995).
(3) Ibid. , p. 296.
(4) Este tema lo desarrolla en amplitud Harvey Cox en Las fiestas de locos , Ed. Taurus, (Madrid :1972,1ª edición. en castellano).
(5) En esta dirección viene trabajando especialmente el Consejo Evangélico de Madrid desde hace unos cuantos años.
Máximo Gracía Ruiz es Secretario ejecutivo del Consejo Evangélico de Madrid; Presidente del I Congreso Protestante de Madrid; licenciado en Sociología y doctor en Teología; rector del Instituto Superior de Estudios Teológicos de España,; y miembro de la Asociación de Teólogos Juan XXIII y de la Asociación de Teólogos Usoz y Río.
(c) Máximo Gª Ruiz, ProtestanteDigital.com, España, 2005
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