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Número 66 - 30 de enero 2005
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CRITICA LITERARIA POR JUAN DE RABAT
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DARWIN NO MATÓ A DIOS, por Antonio Cruz. Editorial Vida, Miami, Estados Unidos, 2004. 190 páginas.

Lo que cuento ahora ocurrió hace muchos años. No puedo precisar la fecha. Una hija mía, que en la actualidad es médico, me planteó un día el tema de la evolución. Estudiaba secundaria en un Instituto de Madrid. Uno de sus profesores había enseñado una clase descalificando la Biblia y sosteniendo que el ser humano desciende del mono. Me pidió que escribiera algo al respecto para mostrárselo a sus compañeros de estudios. Preparé una conferencia titulada “Evolución o Creación”, que luego fue publicada en mi libro EVOLUCIÓN Y MARXISMO. A la conferencia asistieron alrededor de cuarenta estudiantes del mencionado Instituto. Unos quedaron convencidos de la verdad del Creacionismo y otros no.

Meses después repetí la misma conferencia en una Iglesia evangélica en Tarrasa, Barcelona. Cuando bajé del púlpito se me acercó un joven, a quien ya conocía, visiblemente incómodo, y me espetó: “Estás equivocado, Juan Antonio, la Evolución no es una simple teoría, es una verdad científica”. Este joven era Antonio Cruz. Le sugerí que estudiara la materia a la luz de la Biblia. Lo hizo teniendo por maestros a dos hombres muy entendidos en el tema: Samuel Vila y Sixto Paredes.

El pensamiento de Antonio Cruz dio un vuelco total. El mismo alude a este proceso de desconversión darwinista y de conversión mosaica en la introducción a la obra que estoy comentando. Hoy, doctor y catedrático de Biología, Cruz escribe un libro –el octavo suyo- donde da un golpe mortal a las teorías sobre la evolución que en el mundo existen y saca a la luz la verdad de la Biblia .

Darwin no mató a Dios, efectivamente, pero Antonio Cruz mata a Darwin en este libro. Es rotundo: “Dios continúa siendo la explicación final al enigma del universo y la vida, como confirma la ciencia actual libre de prejuicios. Dios no ha muerto, el que murió fue Darwin, y aunque sus teorías han llegado hasta nuestros días, lo cierto es que pronto asistiremos también al funeral de las mismas”. Y más adelante: “La visión cristiana del mundo es la más coherente que existe. La esperanza para el mundo de hoy que debemos transmitir, el sistema de vida y de valores cristianos, se basa en cuatro pilares”, siendo el primero y principal de ellos la creación. “Venimos de Dios y somos imagen de Dios. Esa es nuestra identidad”.

Antonio Cruz divide las casi doscientas páginas de su obra en once capítulos muy bien estructurados, enfrentándose a los problemas con valentía. Utilizo expresamente el substantivo valentía porque Cruz no cierra los ojos ante las tensiones y oposiciones que hay entre la fe y la ciencia, entre la creación y la evolución. Estas tensiones se hacen especialmente perceptibles en la doctrina sobre la creación. Cruz lo sabe. Aborda el tema desde su particular perspectiva de hombre cristiano, pero no deja que la fe desprecie la información que la investigación científica aporta. Lo que sí hace, con autoridad, es confinar la ciencia a sus propios límites y destacar el valor de la revelación; explicar qué entiende la Biblia cuando habla de creación.

DARWIN NO MATÓ A DIOS se remonta en su exposición a los orígenes del darwinismo, que prácticamente da los primeros pasos en alta mar, cuando en diciembre de 1831 Carlos Darwin se embarca en una expedición científica que da la vuelta al mundo a bordo del barco Beagle.

Hay perlas bíblicas e ideas brillantes en el capítulo donde el autor plantea el debate entre evolución y creación. “De un lado está la visión naturalista del mundo, declarando que el universo es el producto de fuerzas ciegas y sin fin determinado. Del otro lado está la visión cristiana del mundo, diciéndonos que fuimos creados por un Dios que nos ama y tiene un propósito para nosotros”.

Es en esta discusión en torno a materialismo y espiritualismo donde el libro de Antonio Cruz se eleva y nos eleva. La dialéctica materialista que sostiene la teoría –o teorías- de la evolución rechaza injustamente los conceptos espiritualistas. Para el espiritualismo el hombre es doble, está compuesto de espíritu y de materia. El primer libro de la Biblia, que imprime esta verdad cuando afirma que el barro materia cobró vida después del soplo espiritual de Dios, también afirma la verdad del creacionismo.

La evolución corona la materia y niega el espíritu; la creación afirma la materia y sobrevalora el espíritu.

Desde su perspectiva de científico cristiano Antonio Cruz repasa y expone las implicaciones de algunos descubrimientos de última hora y los compara con las propuestas del darwinismo y de la teoría de la evolución en general. Concluye diciendo que estos descubrimientos, lejos de afirmar las ideas evolucionistas, apoyan el diseño inteligente de la creación, no la aparición del hombre en la tierra mediante procesos naturales, ciegos o carentes de intención.

En dos palabras: Dios continúa siento la explicación final del enigma del universo y de la vida. Dios no ha muerto, quien murió fue Carlos Darwin.

Juan de Rabat es escritor y crítico literario.
© J.de Rabat,, ProtestanteDigital.com, 2005 (España)

 
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