Violencia en Chiapas
Protestantismo, derechos humanos y tolerancia
en los pueblos indios de Chiapas (I)
Escaso reconocimiento han recibido los indios evangélicos de Chiapas, por parte de diversas instancias de la sociedad mexicana, en su lucha por la defensa de los derechos humanos. En distintas zonas del estado con preponderancia de población indígena se fue enraizando el protestantismo en las primeras décadas del siglo XX. Es el caso de la región fronteriza con Guatemala y el norte chiapaneco colindante con Tabasco. En Los Altos y Selva los asentamientos evangélicos iniciaron, en términos generales, a partir de la década de los treintas, en el primer caso, y en los cuarentas en el segundo. Con ritmos más intensos en unos lugares, y menores en otros, los protestantes indígenas han tenido que enfrentar toda clase de hostigamientos simbólicos y violentos por parte de poblaciones reacias a respetar su derecho a cambiar de religión.
Las sociedades indias de Chiapas, en mayor o menor medida, tienen a la tradición como centro nucleante de su identidad y prácticas comunitarias.(1) En esta tradición lo religioso representa la columna vertebral de su cosmovisión. La religiosidad indígena posterior a la Conquista española es un mezcla en la que sobreviven algunas creencias prehispánicas, un catolicismo adaptado a sus circunstancias y adiciones tomadas de su entorno que sorprenden a los observadores, como es el caso del papel ritual que juega la Coca Cola entre los chamulas.
Este conglomerado que conforma la religión tradicional considera una amenaza a quienes se convierten a credos como los evangélicos, testigos de Jehová y, en menor medida, mormones. Irse ganando lugar en un contexto similar ha sido una lid que debiera valorarse más por los interesados en la vigencia de los derechos humanos en toda sociedad.
AGRESIÓN CONTINUA
Todo acto de agresión contra una persona o colectividad que se hace de manera continua, conlleva argumentaciones o prejuicios que estigmatizan a los agredidos y presentan a los agresores como los que tienen razones justificadas para perpetrar sus actos. Este proceso es una construcción estigmatizadora del otro, del extraño, a quien se percibe como una amenaza para la sobrevivencia del grupo cuando en realidad no lo es.(2)
En el caso de los conversos al protestantismo los intentos deslegitimadores de su elección tienen constantes que han estado presentes desde los primeros hostigamientos hasta los más recientes.
Las estimaciones sobre el número de expulsados evangélicos en Chiapas, preponderantemente en Los Altos, son variadas y discrepan entre sí. Aunque las expulsiones iniciaron antes, distintas fuentes datan su recrudecimiento a partir de los primeros años setentas del siglo pasado. Fue cuando empezaron a tener lugar desplazamientos forzosos de grandes grupos, y no nada más de núcleos pequeños como antes.
En un recuento hecho en diciembre de 1993 por líderes evangélicos mestizos, la cifra de creyentes expulsados por la intolerancia religiosa en Los Altos se estimó en 33,531 personas, de los que más de 30 mil provenían del municipio tradicionalista de San Juan Chamula ( Comunión , 1993:7). Investigadore(a)s del fenómeno religioso indio en Chiapas consignan números que van de 10 mil (Robledo, 1997:73), a 30 mil (Aramoni y Morquecho, 1997:572-573). Por su parte en un estudio del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas, organismo fundado por el obispo Samuel Ruiz García, el número de forzados a salir de Chamula por diferencias religiosas es de cerca de 30 mil (2001:71). Incluso si damos por cierta la cifra menor, el número de expulsados es un hecho escandaloso sin par en la historia reciente de México.
La gran mayoría de los expulsados pertenecen al amplio espectro que conforman las iglesias evangélicas. Una parte de los desplazados son católicos identificados con la línea pastoral del obispo Samuel Ruiz García, quien estuvo al frente de la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas durante cuatro décadas (1960-2000). Estos católicos también tienen conflicto con la simbiosis religioso política que representan los caciques del Partido Revolucionario Institucional, quienes al mismo tiempo ostentan cargos religiosos tradicionales. En una evaluación que hizo en el segundo semestre de 1993, la Comisión Nacional de Derechos Humanos reportó que en un lapso de seis meses el once por ciento eran católicos y el resto de alguna denominación evangélica (CNDH, 1995:53).
(1)
"Las raíces lingüísticas de la palabra tradición son antiguas. La palabra inglesa tiene sus orígenes en el término latino tradere, que significaba transmitir o dar algo a alguien para que lo guarde. Tradere se usaba originariamente en el contexto del Derecho Romano, donde se refería a las leyes de la herencia. La propiedad que pasaba de una generación a otra se daba en administración -el heredero tenía la obligación de protegerla y conservarla" (Giddens, 2000:52).
(2)
Para profundizar en el proceso de estigmatización de quien se considera el enemigo, cfr. Goffman, 1998; y Prat, 1997.
Carlos Mnez. Gª es sociólogo, escritor, e investigador del Centro de Estudios del Protestantismo Mexicano.
(c) Carlos Mnez. Gª, ProtestanteDigital.com, España, 2005
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