La cuestión vasca (I)
¿Es posible hablar sobre el debate del Plan Ibarretxe sin apasionamiento, sin descalificaciones a priori ? ¿Es posible hablar desde una ("una", no "la") perspectiva cristiana? ¿Es posible extraer algo edificante y constructivo del debate? Prueben a hacerlo; las siguientes líneas pueden ayudarles.
La primera reflexión positiva es que en el debate casi no se habló de economía, lo que prueba que en las relaciones humanas (incluyendo las políticas) no es la economía el primum movens . En el caso que nos ocupa el meollo es una cuestión de identidad. Y la identidad se reconoce, se acepta en libertad, no se impone. La identidad es la base de la soberanía, y cuando hay conflictos de identidades es lógico que afloren conflictos de soberanía.
Comprendo que para muchos españoles sea incomprensible que alguien en este estado pueda sentir como propia una identidad diferente de la española: ellos no tienen otra y tampoco la necesitan; a algunos de mis hermanos les sorprende muchísimo cuando les digo que para mí el español es un 2º idioma, que mis referencias se definen en gallego y mis oraciones espontáneas, no traducidas, las hago en gallego; para ellos lo normal es vivir en español y lo demás es, si acaso, curioso y peculiar. Les cuesta comprender que desde hace siglos la identidad de mi pueblo, mi idioma en el que aprehendo las verdades de Dios y del mundo, ha convivido con muchas dificultades con la identidad española. Para muchos, la identidad española no ha sido jamás un problema, les ha dado sustento a su identidad personal y les ha colocado en el mundo; lo comprendo y lo acepto con normalidad; pido que comprendan, que descubran que para muchos otros que compartimos espacio peninsular, esa identidad española ha amenazado de desaparición a nuestra identidad propia. Por eso un sistema equilibrado de convivencia debería asegurar que ni la identidad española supusiese menoscabo para la vasca, ni la vasca para la española.
Las reivindicaciones nacionalistas no son el fruto de egoísmos o búsqueda de privilegios (aunque es posible que alguien las utilice así), sino la manifestación política de la identidad de cada pueblo; por eso fue tan inadecuada la estrategia de Adolfo Suárez de "café para todos": presentó los estatutos de autonomía como un mecanismo de salvaguarda de privilegios que, por tanto, había que igualar; generó así una carrera de agravios comparativos que no ha ayudado en nada a la convivencia. No es inteligente explicar los nacionalismos catalán, vasco y gallego desde esta perspectiva: éstos son el resultado de una cuestión pendiente desde hace siglos y afloran periódicamente, especialmente cuando las libertades democráticas lo permiten; ejemplos semejantes los vemos también en el reciente afloramiento político de las identidades nacionales en Europa central. La democracia tiene la virtud de manifestar la realidad política de la población; si la unidad de España fuese esa verdad tautológica que la constitución pretende definir en su art. 2º, serían inexplicables los movimientos nacionalistas. No es buen nacionalismo el que es excluyente, y el nacionalismo más excluyente secularmente ha sido el español, que ha considerado una amenaza la existencia de diversas identidades nacionales dentro de la Península -un fruto de esa actitud fue la separación de Portugal-.
Las reivindicaciones nacionalistas son el frecuentemente ahogado clamor de pueblos que reclaman el reconocimiento de su identidad. Y esto no se resuelve apelando a mecanismos legales: los creyentes tenemos claro que las leyes son el fruto, no el origen del consenso, y el consenso no se impone, se construye desde la libertad. La ley se puede imponer, pero no resuelve nada si no se acompaña de consenso libremente aceptado; los protestantes sabemos bien que la ley es ineficaz si no hay decisión voluntaria del corazón. En el caso que nos ocupa, el carpetazo legal de las Cortes Españolas no resuelve para nada la cuestión vasca, más bien la encona.
(Seguirá en un segundo y último artículo)
X. Manuel Suárez es médico, escritor y Consejero de Medios de Comunicación del Consello Evanxélico Galego.
© X. M. Suárez, ProtestanteDigital.com, 2005 (España)
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