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Orgullo guay
En España, quizás más que en otros países europeos y por causa de la reciente dictadura y otros avatares, los homosexuales han sido injustamente denostados y perseguidos por gran parte del resto de la sociedad. Hoy día, como efecto de una reacción contra esta persecución, los medios de comunicación se han volcado en un enfoque cuantitativa y cualitativamente positivo en lo referente al mundo gay. Hace unos días, haciendo zapping por las cinco cadenas de televisión que logro captar desde casa, comprobaba como en cuatro de ellas se hablaba simultáneamente acerca de la homosexualidad o el travestismo. Al hilo de lo apuntado, en todos estos canales se abordaba la práctica o condición homosexual de una manera tan favorable que por momentos resultaba tópicamente idealizada.
Actualmente, en no pocas de las series televisivas de éxito de producción nacional aparecen homosexuales protagonistas o como esporádicos personajes que, tarde o temprano, son tratados en clave de realce positivo de su alternativa sexualidad mientras se increpa o se deja en evidencia a aquellos intransigentes que no comparten la visión gay. A esta situación se le suma el auge de los presentadores televisivos homosexuales o travestidos, o la existencia de programas exclusivos sobre esta temática en la radio pública.
Siguiendo con una cuestión diferente, pero paralela al mismo tiempo, el efecto de siglos de contrarreforma y dictadura franquista dieron a los gays y evangélicos una categoría similar a ojos de la sociedad. Ambos colectivos eran clasificados dentro de una sospecha y marginación social en la que sus miembros, no pocas veces, daban con sus huesos en la cárcel.
Con estos lastres llegamos hasta el día de hoy para comprobar que los protestantes seguimos saliendo en televisión bajo el estigma de religiosos machistas, belicistas, incultos, extravagantes en sus formas de celebración religiosa o estridentes hipócritas que solo se interesan por exprimir el dinero de otros. No veo documentales, series o programas de televisión donde se muestren nítidamente a cristianos ejemplares como muchos de los que veo alrededor.
En estos últimos meses en los que políticos y personajes relevantes se están levantando en pos de una labor compensatoria de las víctimas del franquismo (aunque bien pensado, ¿quién no fue víctima?) es bueno recordar que los evangélicos seguimos soportando una discriminación social a diferentes niveles de la que cualquiera de nosotros puede dar cuenta. Y no es que el Reino de Dios tenga la prioridad de buscar compensaciones de nadie por una persecución de la que ya nos habló Jesucristo, pero el hecho es este y no otro.
Siguiendo con el paralelismo del mundo gay y su irrupción permanente en los mass media , se me ocurre una propuesta más de equitatividad para los responsables de series y programas de televisión: sugiero la incorporación de un protagonista fijo evangélico español en alguna serie televisiva de máxima audiencia, e incluso si este protestante de ficción es idealizado tampoco pasa nada, porque ideales y de gran testimonio también los hay.
Los protestantes españoles sabemos que las referencias habituales de los medios de comunicación hacia nosotros suelen caer en lo impropio, la confusión o lo perverso. Y no digo que a partir de ahora, cuando cualquier televidente cambie cinco veces de canal tenga que ver en cuatro de ellos lo bien que se exponen las consecuencias genuinas de la conversión a Cristo en cristianos ejemplares. No. Nuestra relevancia social no da para tanto. Pero para aquellos influyentes y perseguidores de lo equitativo les dejo aquí esta propuesta de restitución de un trato injurioso real.
Esta es mi sugerencia, siendo consciente de que se trata de algo más transgresor y políticamente incorrecto de lo que se viene mostrando hasta ahora en los mass media . Pero si algún productor valiente y con deseos de justicias menos populistas quiere abordar el reto le propongo construir un personaje cristiano que no sea ni un hipócrita, ni un fundamentalista que impone su creencia, ni un santurrón bobalicón.
Propongo un perfil de alguien corriente e imperfecto, pero comprensivo, cercano y que ha depositado su esperanza en Jesús dando sus obras y palabras testimonio de ello. Alguien que bendice siendo capaz de desprenderse de sí mismo para regalar paz y amor de esa forma auténtica que no espera nada a cambio. Un personaje chocante, alguien que represente a los otros millones de cristianos del mundo que nunca salen en televisión por no ser de interés mediático ni sensacionalistas vendibles, esos que -aunque la audiencia no lo sepa- existen a patadas. Este es el reto para los que dicen defender la justicia también en esa tele que ve cada español durante más de cuatro horas diarias. ¿Se atreverán?.
Luis Marián trabaja en Madrid como
documentalista en la Universidad Carlos III,
y coordinador
de la Biblioteca Protestante de Madrid. Es estudiante
de periodismo y cofundador
de www.delirante.org un portal juvenil cristiano enfocado al diálogo con
no creyentes.
© L. Marián, ProtestanteDigital.com, 2005, España. |
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