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Número 68 - 11 de febrero 2005
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LUIS MARIÁN
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Raíces cristianas y Constitución Europea

A pocos días del referéndum para esa Constitución Europea que casi ninguno hemos leído, surgen voces en derredor para reclamar que en dicho tratado se debió haber incluido una mención a la herencia cristiana del continente.

Pero ¿qué efectos se pretenden conseguir mencionado las influencias del cristianismo en el texto constitucional? Si simplemente se desea disponer de un reconocimiento histórico sin el más mínimo matiz vinculante, dicha defensa a esta mención religiosa resultaría indiferente para Europa.

Pero el trasfondo de la cuestión es otro. Cuando hay quien pretende establecer esta referencia para un texto como la Constitución es por causa de querer otorgar un valor vinculante. Es decir, las guerras o la intolerancia también son historia de Europa, pero a nadie se le ocurre incluir estas referencias en el texto constitucional, pues no se busca una mera descripción histórica, sino un condicionamiento práctico para la vida de los ciudadanos.

En esta línea de reclamación, a algunos cristianos parece pesarles el hecho de que a nivel social ya no se reconozca el argumento sostenido en la tesis del " porque la Biblia así lo dice ". Inconscientemente nos sentimos frustrados y deseamos poder disponer de algún tipo de nueva cláusula escrita que, de algún modo, presione a esta indiferente sociedad para recibir el Evangelio. Por este motivo, hay a quien le agradaría poder afirmar que tal o cual tesis del cristianismo es válida por el mero hecho de ser un legado "reconocido oficialmente ". Pero esta no es la fórmula correcta. El reto del cristianismo es menos simplista y nos obliga a " presentar defensa de nuestra fe a quien nos lo pida " (1ª Pedro 3, 15), algo menos cómodo que simplemente decir que, como lo pone en la Biblia, es así y punto. Pero el esfuerzo por entender y exponer con argumentos y claridad la Palabra de Dios nos da una mayor perspectiva de la genuina libertad de Cristo que predicamos.

El deseo de recoger la mención al cristianismo y sus consecuencias simplemente porque son nuestra historia obligaría, por mera coherencia argumental, a que las posibles constituciones democráticas futuras de muchos países que hoy viven bajo el islam recojan también prerrogativas vinculantes de corte islámico. Son sus raíces. ¿Y qué nos parece esto? ¿Lo apoyamos? Y es que la Escritura nos llama a hacer con los demás lo que queremos que hagan con nosotros.

No hay nada que ganar con menciones religiosas en textos cívicos . Si mañana Europa se vuelve de corte islámico, hinduista o ateo no desearíamos que se incluyeran menciones o cláusulas oficiales favorables a estas religiones. Lo que necesitamos defender es la libertad de culto para que cada individuo tome sus decisiones en honestidad y sin coacción. Nada mejor para la predicación del Evangelio que poder velar por una práctica libre de cualquier confesión, independientemente de las raíces históricas del país o región, ya sea China, Yemen, Indonesia, India o Alemania.

Además, las menciones a las raíces cristianas tiene más de una vuelta de tuerca, pues: ¿de qué cristianismo hablamos? ¿Del catolicismo impositivo de España (que también es Europa)? ¿De las cruzadas o la Inquisición? ¿Y qué de las raíces hebreas o paganas? Resulta paradójico que aquellos evangélicos que, con razón, hoy piden la retirada de la mención preferencial hacia el catolicismo en la Constitución española pidan ahora una cita al cristianismo para la carta europea . Hermanos que se lamentan de la superstición e idolatría que envuelve a gran parte del catolicismo popular español usan ahora esta raíz cristiana históricamente relevante de nuestro país a modo de bandera y exigencia a nivel europeo. ¿En qué quedamos? ¿Quitamos o no quitamos las menciones religiosas de privilegio? ¿Hacemos o no bandera de las raíces religiosas de España?

Hay quien dice que Europa no debe renegar de su fe, pero el Evangelio nos enseña que de la fe no reniegan los continentes, sino las personas en función del reconocimiento o rechazo de la obra de Jesús en la cruz y de todas sus consecuencias. " Ya no hay judío ni griego en Cristo Jesús " (Romanos 10, 12), y no hay naciones que otorgan la salvación.

Si alguien piensa que la descristianización se va a detener con alusiones legales, está equivocado . Y si no, basta con mirar la indiferencia y hasta el desprecio religioso de la España de hoy tras décadas de favoritismos oficiales al cristianismo de Roma. Preocupémonos por que se cumplan las libertades, pero sobre todos preocupémonos por mostrar a ese Jesús desconocido que se presenta como la solución definitiva a la ausencia de trascendencia de estos tiempos. En la Roma acristiana de los tres primeros siglos, los discípulos de Cristo se multiplicaban enormemente a causa de su carácter diferenciado, de un amor, una paz y una esperanza contagiosos bajo un mensaje de libertad en medio del caos y la desorientación reinante. Esas son nuestras raíces.

Luis Marián trabaja en Madrid como documentalista en la Universidad Carlos III, y coordinador de la Biblioteca Protestante de Madrid. Es estudiante de periodismo y cofundador de Delirante un portal juvenil cristiano enfocado al diálogo con no creyentes.
© L. Marián, ProtestanteDigital.com, 2005, España.

 
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