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Número 69 - 18 de febero 2005
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Orar por los Gobernantes

‘Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.'
( 1 Timoteo 2:1-4 )


Decía el Premio Nobel de Literatura François Mauriac que los hombres de Estado son como los cirujanos: sus errores son mortales, y es que efectivamente dada la posición de responsabilidad que ocupan su tarea podría compararse a la de un cirujano, aunque yo prefiero el símil del piloto de cualquier de nave, sea terrestre, aérea o marítima. De su estado mental, de sus decisiones y de su grado de responsabilidad depende la seguridad de todos los pasajeros. Por eso, que haya alguien sensato y prudente al mando del avión produce confianza mientras que si un necio está allí sentado no sólo juega con su propia vida sino que pone en riesgo la de los demás. Como la sensatez y la necedad no son patrimonio exclusivo de ningún partido político sino que son patrimonio de las personas que los componen e incluso en una misma persona pueden darse, y de hecho se dan, ambas cosas simultáneamente es por lo que soy instintivamente escéptico en lo que se refiere a posicionamientos políticos sobre partidos; en lo que respecta a las personas que los componen entiendo que hace falta tiempo para saber qué grado de sensatez y qué grado de necedad hay en su corazón, cuestión ésta que no se puede dilucidar por las fotos de las vallas publicitarias de las campañas electorales ni por los discursos pronunciados en las mismas. Sólo el tiempo, que pone a cada cual en su sitio, es quien manifiesta la sabiduría o la insensatez de los que gobiernan o de los que aspiran a gobernar, aunque en algunos casos, desgraciadamente, hace falta muy poco tiempo para descubrir que detrás de la imagen no había nada y detrás de la sonrisa sólo imagen. Si bien se dan otros casos aún peores, como son aquellos en los que el paso del tiempo descubre el peor rostro, de maldad e iniquidad, que podíamos imaginar.

Claro que la frase de Mauriac tiene también su contrapunto, en el sentido de que los aciertos de los hombres (o mujeres) de Estado repercuten positiva y beneficiosamente en los gobernados, de manera que a algunos de ellos se les puede considerar verdaderos bienhechores de las naciones. La tarea de estos hombres o mujeres puede ser comparada con la lluvia temprana y tardía que sirve para mojar la tierra, regar los campos y producir fruto.

Creo que hay dos cosas que un cristiano puede y debe hacer en lo que respecta a los gobernantes y son las siguientes:

1. Orar por ellos.
2. Evaluar lo que hacen.

Ambos puntos se equilibran mutuamente, porque por el primero somos llamados a, independientemente de nuestra afinidad o simpatía hacia ellos, pedir en su favor para que sepan ejercer la difícil tarea que tienen entre manos; mientras que por el segundo somos llamados a valorar o juzgar esa tarea y, en consecuencia, aprobarla o rechazarla. En este artículo me concentraré en el primer punto, dejando para el siguiente el segundo.

El pasaje bíblico arriba citado nos da las pautas del por qué y para qué orar por los gobernantes:
  • La abundancia de nuestra oración. ‘... que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias.' Cuando uno examina comentarios bíblicos para tratar de dilucidar la diferencia entre rogativas, oraciones y peticiones se encuentra con toda clase de conjeturas que los autores hacen en su esfuerzo para distinguir los matices que distinguen a esas tres palabras. En algunos casos son verdaderos ejercicios de prestidigitación interpretativa. Pero leyendo el comentario de Juan Calvino a este pasaje él dice algo muy sensato: ‘Confieso que no entiendo completamente cuál es la diferencia entre estas tres de las cuatro clases de plegarias que Pablo enumera...' para poco después añadir: ‘...me parece que Pablo intencionalmente junta estos tres términos con el mismo objeto, es decir, a fin de recomendar con más ahínco, y pedir con más vehemencia, las oraciones intensas y constantes.' En otras palabras, nuestra oración no ha de ser fría, formalista o raquítica sino una de tal clase que sea poderosa en variedad e intensidad.
  • Los destinatarios de nuestra oración. ‘... por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia.' Aquí se establecen dos categorías de destinatarios, una general y otra particular. Dentro de la general caben todos los seres humanos, sin excepción por razón de nacionalidad, lengua, piel, condición moral, creencias, etc., pero dentro de la particular se menciona concretamente a los gobernantes. ¿Por qué en particular a ellos y no a otros? Por lo que dijimos al principio sobre la posición e influencia determinante que para bien o para mal tienen sobre mucha gente.
  • El propósito de nuestra oración. ‘... para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad.' Es doble y tiene que ver con dos esferas del orden: el orden social o civil y el orden moral. Vivir ‘quieta y reposadamente' hace referencia al orden social y es lo contrario de vivir en la agitación, el tumulto, el altercado, la violencia o la guerra. Cualquier persona con dos dedos de frente quiere vivir en un orden social o civil. Pero hay otro orden al que se hace referencia y es el orden moral, al que el anterior va íntimamente unido. ‘Piedad y honestidad' tienen que ver con el temor de Dios, con la moderación, el decoro, la decencia, la rectitud y el pudor que son contrarias al libertinaje, a la desvergüenza, a la desfachatez, al cinismo y al descaro. Ahora bien, la diferencia entre un pagano y un cristiano es que el primero se contenta con el orden en el primer aspecto, el social, sin importarle demasiado el orden en el segundo, el moral, mientras que un cristiano contempla ambos como necesarios y unidos entre sí. Es decir, que cuando se sale en manifestación detrás de una pancarta que dice por ejemplo: ‘Paz' (orden social) cosa en la que cristianos y no cristianos coincidimos, hay un elemento al que nunca se alude en ninguna pancarta y es el añadido ‘... en el temor de Dios' (orden moral), cosa a la que los cristianos no podemos renunciar. Es imposible pretender un orden social desechando el moral o fundándolo en dudosos criterios de moralidad.
  • La razón de nuestra oración. ‘... Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador.' Al orar por los gobernantes, y por cualquier ser humano, estamos haciendo algo que agrada a Dios. Hay muchas ocasiones en las que nos vemos en situaciones de perplejidad por no saber en qué sentido debemos orar. Pero he aquí una que no admite dudas: siempre que oremos por los gobernantes estaremos haciendo algo que es la voluntad perfecta de Dios.
Si siempre los gobernantes necesitaron (aunque no lo supieran o reconocieran) las oraciones de los cristianos, hoy más que nunca porque el mundo es un caos, social y moral, que puede derrumbarse en cualquier momento.

Wenceslao Calvo es conferenciante, predicador y pastor en una iglesia de Madrid.
© W. Calvo, 2005, ProtestanteDigital.com, Madrid, España

 
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