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Número 69 - 19 de febrero 2005
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Maneras de hablar

Aprendamos a decir las cosas con presteza, claramente, de forma sencilla y con una determinación serena: hablemos poco, pero con claridad; no digamos más que lo que es estrictamente necesario.'
(Emile Coué)


Es muy importante lo que decimos, sin olvidar como lo decimos. La utilización de algunas palabras puede dejar claro el sexo, la cultura, la educación de la persona que las expresa. Hombres y mujeres poseemos formas diferentes de hablar. La cadencia en el tono de voz, los recursos léxicos, la musicalidad, hacen una clara distinción entre expresiones femeninas y masculinas.

Existen grupos, minorías sociales, profesionales en determinadas áreas, que utilizan el mismo lenguaje mediante el cual se comunican, vocablos comunes y claros para ellos, pero indescifrables para otros.

En el mundo cristiano también hemos decidido tener nuestro propio "argot".

Es común entre los que profesamos la misma fe, utilizar una serie de expresiones que conocemos y de las que hacemos un uso continuado. Fuera del ámbito cristiano, cuando nos comunicamos con personas que no están tan familiarizados con nuestra forma de dicción, pretendemos dialogar utilizando los mismos términos. Ante ellos, no es coherente recurrir a esas expresiones que nos resultan tan cómodas, porque simplemente hay gente que no se entera de nada en absoluto.

En realidad, me cuesta concebir el evangelio revestido con tantos tecnicismos, me cuesta hablar del amor de Dios utilizando palabras enrevesadas que producen un rechazo de antemano.

No pretendo que mi manera de hablar se secularice, no es ese mi propósito, lo que intento decir es que no puedo utilizar las mismas expresiones para con todos, pues hay quienes no están capacitados para entenderlas. Debiéramos tener una actitud más natural a la hora de expresar nuestras creencias, una forma llana de llevar el evangelio a otros.

Cuando Jesús hablaba utilizaba parábolas, sencillas formas de acercar el reino a la multitud. A veces, olvidamos sus formas e inventamos las nuestras, tomándonos la libertad de hablar de él a los demás con una terminología que no llega al corazón.

Pecaré de ser extremadamente simple, parca en palabras y con un gran déficit en términos teológicos. Aún así, cuando hablo de Dios me brotan de los labios frases plagadas de emoción, llenas de claridad, entendibles. Palabras que hacen a Dios más cercano y que intento compartir con personas que quizá no hayan ido nunca a una escuela y para las que algunas de nuestras expresiones recargadas pueden resultar incomprensibles.

Voto por el lenguaje del amor, el lenguaje de Cristo. Palabras poderosas, pero claras. Palabras grandes, pero que llegan hasta los más pequeños.

Yolanda Tamayo es colaboradora de la revista Ventana Abierta (Asamblea Cristiana).
© Y. Tamayo, ProtestanteDigital.com, 2005, España

 
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