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Número 70 - 25 de febero 2005
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JUAN ANTONIO MONROY
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España, ¿país laicista?

En mi artículo de la semana pasada me referí a declaraciones del Papa quejándose de que el Gobierno español actual estaba encaminando a la sociedad española por la senda del laicismo. Lo hizo en tres ocasiones concretas: El 18 de junio 2004, con motivo de la presentación de cartas credenciales del nuevo Embajador de España en el Vaticano, Jorge Dezcallar; tres días después, al recibir en audiencia al presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, y el 24 de enero último, con motivo de la visita de un grupo de obispos, arzobispos y cardenales españoles al Vaticano.

No estoy seguro si el Papa condena estas ideas sobre el laicismo en España por sí mismo, porque las ha investigado, porque las cree, o porque le calienta la cabeza y le influye el ánimo la jerarquía católica española.

Otra cosa sí tengo por segura, documentada, que miembros destacados de la Conferencia Episcopal española creen exactamente lo mismo que repite el Papa. Y de la misma opinión participan algunas jerarquías españolas con sede en el Vaticano.

El cardenal Julián Herranz, presidente del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos y miembro del Opus Dei, aprovechó la misa por el fallecido cardenal de Toledo, Marcelo González, para acusar al PESOE de "laicismo agresivo" y "fundamentalismo laicista". El obispo de Jerez, Juan del Río, siguió sus pasos denunciando "la política laicista del partido en el poder". El obispo de Mondoñedo - Ferrol ha indicado que "hay un acoso contra la Iglesia al más puro estilo laicista". Se dan la mano para señalar el mismo pecado el arzobispo de Pamplona, Fernando Sebastián, el secretario general de la Conferencia Episcopal Española, Juan Antonio Martínez Camino y otras altas autoridades católicas del país.

Hasta un hombre que siempre se ha mostrado conciliador, Carlos Amigo, arzobispo de Sevilla, se sumó a las voces de los anteriores alertando contra "el fundamentalismo laicista" e indicando que "el Estado laico no debe ser perseguidor de la religión".

Nadie se asuste. Estamos celebrando el cuarto centenario de la aparición por tierras de la Mancha de un visionario que confundía molinos con gigantes. La jerarquía de la Iglesia católica cree vivir un ambiente de fundamentalismo laico desde el regreso del partido socialista al poder. Sus portavoces han manifestado en más de una ocasión que la Iglesia se siente sometida a continuas agresiones del Gobierno. "Nos derriban, pero no nos rematan", exageró el arzobispo de Santiago, Julián Barrio, utilizando un lenguaje de trincheras.

A todo esto, ¿qué es el laicismo? Existen tres palabras de elementos fonéticos parecidos que conviene diferenciar: laicado, laicidad y laicismo. Por laicado se entiende el conjunto de laicos en el seno de la Iglesia. Laicidad es la concepción que aboga por la ausencia en el Estado de filosofía o religión oficial, hecho que no ha de confundirse con la aconfesionalidad. El laicismo, voz que, como clericalismo, procede del siglo XIX, tiende a limitar la influencia de la religión en la vida pública.

De esto mismo se está acusando al Gobierno que preside José Luis Rodríguez Zapatero. Integrando las opiniones del Papa, de cardenales, arzobispos y obispos españoles ya expuestas, el escritor Cayetano González escribía en el diario EL MUNDO (30-9-2004): "Zapatero ha optado por la vía de lo que se podría denominar el confesionalismo laicista, que lleva aparejado un comportamiento beligerante que persigue eliminar cualquier influencia de la religión y, más en concreto, de la católica en la sociedad".

Otra vez los molinos y los gigantes.

A todas esas quejas y acusaciones el ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, ha respondido diciendo que "el Gobierno está en su trabajo, y su trabajo es tomar la iniciativa política y responder de ella ante los ciudadanos". En otro momento añadió López Aguilar: "si (los obispos) encuentran en Europa algún país que trate a la Iglesia católica mejor que el Gobierno de España en cumplimiento de los Acuerdos entre ambos Estados, por ejemplo, en materia de Educación, que nos lo digan".

¡El dedo en la llaga! Hay que estar ciegos para acusar al Gobierno de querer eliminar la influencia católica en la sociedad.

  • La Iglesia católica recibe del Gobierno elevadas sumas de dinero anualmente.

  • La Iglesia católica posee en España emisoras locales de televisión y el Estado le concede tiempo gratuito en la televisión nacional.

  • La Iglesia católica dispone de espacios sin pagar en Radio Nacional, tiene emisoras propias y es dueña de la poderosa cadena de emisoras COPE.

  • La Iglesia católica es propietaria de un inmenso patrimonio artístico, arquitectónico y cultural valorado en miles de millones de euros.

  • La Iglesia católica organiza como quiere y cuando quiere sus romerías, procesiones, movilizaciones de ciudadanos para actos especiales, etcétera.
Si todo esto es perseguir a la Iglesia, el diablo es un bendito.

J.A. Monroy es un escritor y conferenciante internacional
© J. A. Monroy, ProtestanteDigital.com, 2005 (España)

 
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