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Economía y la crisis del cristianismo
El desafío del secularismo (VI)
Como dice Alfonso Ropero (1) "es necesario poner en práctica nuestra honradez y seriedad cristiana a la hora de emitir un juicio sobre un fenómeno tan importante como el que nos ocupa. Recurrir al modernismo como fácil expediente explicativo de todos nuestros males, es un hecho de ignorancia culpable y de pereza moral, aparte de que nos deja en peor situación que la anterior" Ropero clarifica con profundidad en este artículo que el estado de desertización cristiana no proviene de la teología liberal. El liberalismo teológico nace del encuentro del nuevo hombre ilustrado, que proclama su mayoría de edad, rechazando lo divino sobrenatural y declarando la autonomía de la razón. La iglesia Católica incluye a la Reforma como uno de los motivadores del secularismo y el evangelicalismo atribuye la deserción de los creyentes a las corrientes de pensamiento que fueron introducidas en seminarios y púlpitos cristianos. Sin embargo, con ser esto cierto, las causas son mas profundas y se hace necesario en la modernidad la convergencia, el encuentro de los derechos del hombre y la afirmación y reconocimiento de un Dios que se revela en Jesucristo como amor "filantropía" al hombre. Un Dios para los demás, vuelto hacia el hombre, para que este se restablezca y viva.
Será un encuentro personal y desde la espiritualidad, porque el mundo de hoy no cree en lo sagrado cristiano, en la simbólica que representa la opresión o el poder, pero sigue siendo un mundo irredento y alejado de Dios. La teología que proponemos frente a las sociedades secularizadas es de radicalidad evangélica, (lo cual implica acercamiento al prójimo, al hombre) metanóica por un lado y cordial y servicial por otro.
Habrá también -ya los hay- "mártires" víctimas de la intolerancia y del autoritarismo, un martirio más difícil de reconocer y de sobrellevar, porque está revestido de satanización. Pero cuando llegue la primavera se sabrá agradecer a los que a pesar de lo crudo del invierno supieron arriesgarse a sembrar evangélicamente sin miedo y con coraje.
Pero de la misma manera que nos preocupan las iglesias vacías, nos intranquilizan las llenas. Existe una contradicción entre el deseo de aumentar en el número ("Haced discípulos") y la fidelidad al anuncio evangélico. La Buena Nueva o el Reino de Dios que debe ser presentada en la justicia y la verdad, sin tretas, sin marketing, con dignidad . Manuel Castell dice "que nuestro mundo y nuestra vida, están siendo moldeados por las tendencias de globalización y de identidad. La revolución de la tecnología de la información y la restauración del capitalismo introducirán una nueva forma de sociedad, sociedad en red" y que "para los actores sociales excluidos o que hayan ofrecido resistencia a la individualización de identidad relacionada con la vida en las redes globales de riqueza y poder, con las comunas culturales de cuño religioso, nacional o territorial, parecen ser la principal alternativa para la construcción de significados en nuestra sociedad"
Según los informes de la ONU sobre el Desarrollo Humano la cantidad de riqueza creció enormemente en este siglo, pero de la misma manera los pobres continúan más pobres todavía. En el año 1900, el consumo mundial era de unos 1.5 trillones de dólares, aproximadamente, pasando a 12 trillones en 1975 y a 24 trillones en 1997. A pesar de este crecimiento espantoso, el 20% más pobre de la población mundial consumen ahora menos de lo que consumían en 1900. Para tener una noción más clara de la brutal concentración del de renta, basta citar el hecho de que las 225 personas mas ricas del mundo poseen una riqueza equivalente a la suma de renta anual del 47% de la población mundial mas pobre. Otro ejemplo de consumo, sin que por ello nosotros entendamos que el consumo es malo o que el bienestar sea malo, pero que resalta la pobreza y las imperiosas necesidades existentes, se refiere al gasto en bebidas alcohólicas en Europa que suponen unos 11 billones de dólares. Dos billones mas de lo que costaría llevar agua potable a toda la población mundial que ahora no tiene acceso a este bien fundamental para una vida saludable. Al mismo tiempo, 37.000 niños mueren cada día víctimas de la pobreza o de ingerir agua contaminada.
Este tema bien estudiado por John K. Galbraith sobre el concepto de "cultura de contentamiento" dice que los integrados en el mercado, los que están satisfechos con el actual sistema, manifiestan que ellos "no hacen mas que recibir su justo merecimiento... (...) su buena fortuna es merecida porque es la recompensa a su mérito personal" Los excluidos, por tanto, estarían recibiendo solamente y nada mas que lo merecido.
En esta cultura hegemónica no hay razón aparente en preocuparse por los pobres y excluidos y mucho menos preocuparse por la justicia social y la solidaridad. Desgraciadamente la noción de la meritocracia de los neoliberales, como la cultura del contentamiento, son expresiones modernas que la teología de la retribución presenta y las grandes religiones del mundo también. Es la teología que dice que Dios o los dioses dan a cada uno según lo que merecen: los buenos recompensados con una buena vida y los malos con sufrimiento. Como no puede haber una justicia mejor que la divina, los que sufren deben encarar el sufrimiento como un proceso de purificación o pago de una deuda imperdonable y de este modo se salda. En cuanto a los que viven en abundancia deben gozar de su buena vida sin preocuparse por los que sufren. Esto que, desde el punto de vista del Reino de Cristo repugna al espíritu del creyente, está infiltrado en algunas doctrinas religiosas y los más radicales llegan a afirmar que no se debe ayudar a los que sufren pues esto sería profanar el proceso de purificación. Quien intenta ayudar a los pobres y sufrientes, estaría haciendo un mal a ellos pues retardaría su proceso salvador.
En conclusión, el suceso económico se cambia por un criterio de "decencia" a la dignidad humana. Max Weber supo analizar con precisión estas inversiones que ocurren en el capitalismo que busca el dinero como una finalidad en si, como la última finalidad de la vida humana, como el único dios al que adorar. Dios ha sido eclipsado en esta generación.
Manuel de León es escritor, historiador, y director de "Vínculo"
(revista de las Iglesias de Cristo de España).
© M. de León, 2005, Asturias, España. |
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