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Juan Antonio Monroy
Vaya por delante el dato: es, junto con Gabriel García Márquez, el único autor vivo del que colecciono -y tengo siempre a mano- sus obras completas. Tuve noticia de él de chaval. Su periódico La Verdad , que editaba desde Tánger -el mejor periódico evangélico en español de todos los tiempos- ejerció una influencia importante en mi conversión.
Cuando le conocí en persona, en el verano de 1970, me pidió que colaborara -¡cobrando!- en Restauración, cosa que hice encantado. Le propuse escribir algún articulillo de vez en cuando y me animó a tener una sección de dos páginas: Notas de un observador laico. Jamás me contó los problemas que algunas de mis notas le causaban. Me encargó confeccionar la revista y diseñar las portadas durante algunos años.
No le tengo catalogado como pastor, ni como teólogo. Pero sí como líder -fue él quien acuñó la expresión en nuestro campo, años ha-, como escritor y sobre todo como maestro y amigo. El hecho de que en los años sesenta/setenta, en que los pastores se hacían llamar de usted, él se encargara de que todo el mundo le llamara de tú, retrata al personaje.
Juan Antonio Monroy. Hace ahora cosa de diez años mandó a Pedro Tarquis a que me entrevistase para Alternativa 2000 a propósito de una visión retrospectiva de mi libro La España Protestante, publicado veinte años atrás. En el VI Congreso Evangélico Español -han pasado siete años; lo puedo decir- me pidió encarecidamente: "Manolo, ayúdale a Pedro". Y aquí estoy.
Y él, ¿dónde está? De viaje, probablemente, en algún punto del mundo predicando el Evangelio de la mejor manera que la gente entiende: llevando ayuda material a personas necesitadas. El tiempo para escribir, como hacen los grandes maestros, de Lutero y Cervantes para abajo, se lo saca al sueño.
Su último libro, Cervantes, la Biblia y el Quijote, lleva todas las trazas de convertirse en nuestro Libro del año.
Trescientas sesenta palabras son nada para contar lo que siento por JAM. Sólo diré que considero que hay dos tipos de creyentes y aun de iglesias: los que tienen las Obras Completas de Juan Antonio Monroy y los que (todavía) no.
Consenso
"Acuerdo producido por consentimiento entre todos los miembros de un grupo o entre varios grupos". Tal es la definición que de la voz consenso ofrece el Diccionario.
Consenso remite a consentir ("permitir algo o condescender en que se haga"). Así, " sentir con" viene a ser " descender con". En el lenguaje bíblico, dejar de jugar a ser sabio en la propia opinión ; en el popular, bajarse de la burra .
La reciente cumbre del comité central del Consejo Mundial de Iglesias, la última antes de la celebración de la IX Asamblea en Porto Alegre en febrero de 2006, modifica el reglamento para adoptar un método de toma de decisiones por consenso.
La propuesta para el entrenamiento en la praxis del consenso consiste en la puesta en práctica de una fórmula imaginativa y visual donde las haya: dotar a los asistentes a una reunión determinada de tarjetones azules y naranjas.
Sostenidos a una altura discreta sobre el pecho, los tarjetones indican al moderador o conferenciante cómo está siendo percibido en cada momento el pensamiento que desarrollan: tarjeta naranja en ristre cuando se experimenta sensación de "calidez" y azul cuando de "frialdad". Sostener ambas tarjetas, naranja y azul, significa que "ya basta; pasemos a otro tema".
Decididamente resuelto a dar la bienvenida en nuestra casa común a todas las iglesias, el CMI se dispone a inaugurar el milenio en la Asamblea de Porto Alegre en febrero de 2006 con propuestas tan sugerentes como la condonación de la deuda del Tercer Mundo, la promoción del comercio justo, el replanteamiento la sexualidad humana, o este de una teología del consenso. Ahí estamos.
Manuel López, es periodista, profesor de Ciencias de la Información en Madrid, y director de la revista FOTO.
© M. López, 2005, Madrid, España. |