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Laicidad y la nueva Europa
El desafío del secularismo (VII)
La Europa de la Unión Europea se ha dado una Constitución laica. El 20 de Junio de 2003 se había presentado en Salónica (Grecia) en que los expertos han debatido las raíces cristianas de Europa, pero al final se han decidido por la laicidad del Estado. El motivo de esta decisión ha estado motivada, quizás, por circunstancias políticas y culturales que han demostrado que el “choque de civilizaciones” al que se refería Samuel Hungtinton o el desencuentro entre cultura occidental y cultura islámica, debe encontrar caminos mas neutrales y estos solo puede ofrecerlos hoy la laicidad y el laicismo que preconizan una tolerancia religiosa siempre y cuando no atente contra las personas. El lamentable espectáculo de los dirigentes de Irak y Estados Unidos utilizando los nombres de Dios y de su religión para legitimar su desprecio y su odio, ha hecho que la Constitución europea haya apostado, a pesar de las presiones, por una filosofía y un modelo cultural laico.
El Vaticano y varios Estados europeos, incluso España han pedido la identidad religiosa en base a la historia de este cristianismo que ha configurado la vida política y geográfica de estos Estados, pero los laicistas creen defender mejor a Europa desde bases distintas a la religión. Según ellos, la utilización de la religión como arma política y de legitimación ideológica, ha sido la consecuencia de la violencia y la intolerancia, de los odios y las pasiones que han regado de sangre a toda Europa. De origen religioso serían también los distintos tipos de nacionalismos que siembran de odio y terror en base a u fanatismo surgido de ideologías religiosas en unos casos y también de adhesión a la tribu y a la comunidad de sangre. Por estas razones lo laico se presenta como algo necesario para la estabilidad de una cultura jurídica y ética que permita a los europeos disfrutar de una convivencia pacifica y donde lo institucional esté desligado de la religión y donde haya esa necesaria desvinculación del poder civil y poder eclesiástico.
Sin embargo el laicismo ha tenido mala prensa y se ha presentado especialmente por la iglesia Católica con falsos rostros , no solo en el debate intelectual, sino también en el estudio teológico, introduciéndose, quizás por otros motivos pero del mismo modo, en nuestras iglesias evangélicas, aunque estas siempre hayan defendido la separación Iglesia y Estado. Al laicismo, como todos los “ismos” se le ha colocado la etiqueta de anticlerical, de agnóstico, de ateo, de indiferente al hecho religioso, pero pocas veces se ha descubierto el efecto benéfico de esa neutralidad que protege el diálogo entre culturas, facilita la integración de los emigrantes y los más débiles y provoca la necesidad de un diálogo interreligioso como el ya apuntado por el teólogo Hans Kung en su libro “Hacia una ética mundial”.
El secularismo y el laicismo pueden provocar confusiones, como en su momento la Reforma cambió la cosmovisión religiosa y provocó la modernidad . En este paradigma laicista y secular no podemos mantener apreciaciones que supongan falsear el devenir de la historia y retardar procesos que pueden matizarse, pero que inexorablemente conducirán a la separación de Iglesia y Estado. Hasta se podría decir que el secularismo y la laicidad pueden ser un elemento purificador del testimonio cristiano, que añadiría a los elementos de libertad, igualdad y solidaridad, ese plus diferenciador de amor y compromiso con el prójimo.
Para la iglesia Católica en España el anticlericalismo es sinónimo de laico y secular . Sin embargo los siglos de abuso y poder de la jerarquía eclesiástica católica, los siglos de clericalismo y dogmatismo han sido los causantes de esa tirantez entre lo religioso y laico que la constante provocación clerical ha estimulado . Lo chocante del caso es que el nacional-catolicismo recurre a los ideales de los Reyes Católicos, Carlos I y Felipe II como los tiempos de la unidad de España, quienes impusieron la religión por la fuerza y en su imperialismo ciego cerraron todos puentes a la modernidad.
Según el catedrático de Filosofía Luis María Cifuentes Pérez la “santa intolerancia” de la iglesia Católica contra el movimiento laicista al que acusa de anticlerical, ateo, heterodoxo, masón y protestante, olvida o minimiza los abusos de poder clerical y de los partidos “clericales” en nombre de la Verdad única y absoluta “ que impuso sus teorías cosmológicas y negó la libertad de conciencia y de pensamiento a hombres como Galileo, Giordano Bruno, Pacal, Moliere y todo un largo etcétera hasta el día de hoy.
Manuel de León es escritor, historiador, y director de "Vínculo"
(revista de las Iglesias de Cristo de España).
© M. de León, 2005, Asturias, España. |