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El día se acerca (II)
Los cristianos ya no estamos solos en nuestra cosmovisión catastrofista del mundo, ahora tenemos a dos inesperados compañeros de nuestra cultura, el cine y la ecología, que coinciden con nosotros en ese aspecto. Si el cine representa la imaginación y la ecología la ciencia eso significa que tanto en la esfera especulativa como en la racional es plausible suponer un final catastrófico de este mundo. Pero la diferencia entre nosotros y ellos estriba en que la catástrofe que nosotros anunciamos va ligada a una promesa, es decir, que esa catástrofe está preñada de esperanza.
Volviendo al pasaje bíblico abajo enunciado podemos dividirlo en las siguientes partes:
Una catástrofe y una promesa anunciadas . ‘...que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles.' A diferencia del tsunami, que fue una catástrofe no anunciada y por eso cogió desprevenidas a todas sus víctimas, aquí estamos tratando de otra que ha sido fehacientemente anunciada de la manera más solemne y al más alto nivel que se pueda pensar, pues los mensajeros de la misma son los profetas, los apóstoles y el mismo Jesús. Eso significa que estamos ante un anuncio que está respaldado por la máxima autoridad y cuya reiteración no puede dejar lugar a dudas, pues tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento testifican una y otra vez de ese acontecimiento de manera indubitable. Ahora bien, si los mensajeros de esta catástrofe están revestidos de la mayor autoridad ello significa que su mensaje es veraz y por consiguiente debe ser tomado con toda la seriedad que lo verdadero demanda.
Una catástrofe y una promesa desafiadas . ‘...en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento?.' Y sin embargo, aunque este anuncio procede del que es la Verdad misma es un anuncio desafiado y contestado. ¡Qué cosas! Creemos a Hollywood y creemos a los ecologistas, pero somos refractarios para creer a Dios; todo un compendio de nuestro estado. Aunque a decir verdad, la descripción que aquí se hace de los desafiadores del anuncio es más grave que la de simples refractarios o testarudos: se trata de gente altanera y soberbia, llenos de sí mismos y de sus propios criterios y que menosprecian en forma de burla los ajenos. Pero hay dos cuestiones que descalifican a esta gente: una es moral y la otra es intelectual. La primera es patente por su forma desordenada de vida, a pesar de lo cual no tienen empacho en reírse del sagrado anuncio. La segunda es evidente por su a priori deliberada negación de dos hechos incontestables: la creación y el diluvio. La creación es un hecho coherente con la razón, porque toda obra necesita un artífice; el diluvio es un hecho testificado por un sinfín de culturas esparcidas en el tiempo y en el espacio. Sin embargo, estos desafiadores escamotean y silencian ambos hechos porque eso supone que hay un Creador que es al mismo tiempo Juez. Se trata de una deshonestidad intelectual en toda regla porque se parte de premisas en las cuales se niega toda posibilidad de otra alternativa. Son científicos que no merecen el nombre de tales, porque un verdadero científico es, por encima de todo, un buscador de la verdad y no un manipulador de la misma.
Una catástrofe y una promesa verificadas . ‘...en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste, por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua.' La catástrofe venidera está verificada o contrastada por la catástrofe ya sucedida, con la diferencia de que esta última fue planetaria y aquélla será cósmica y que ésta fue por agua y aquélla será por fuego. Pero aunque hay diferencias de alcance y de medios entre ambas, hay igualdad de propósitos entre ellas pues en los dos casos se trata de un acto judicial de Dios sobre un mundo que está maduro, a causa de su maldad, para recibir la justa remuneración que la trasgresión merece. A la vez, en ambos casos, se trata de un acto salvador de Dios hacia aquellos que le temen. Por lo tanto el diluvio, aquel día del Señor, es preludio y demostración inequívoca del día venidero del Señor.
Una catástrofe y una promesa ineludibles . ‘Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche.' No importa lo que algunos enseñen desafiando el anuncio, tampoco nuestra apreciación en vista de la tardanza del suceso; una cosa está clara: el día del Señor vendrá. Se trata de una venida repentina, como el tsunami; catastrófica, hasta el punto que el tsunami es un juego de niños a su lado, pero, y he aquí la gran diferencia, gloriosa porque está asociada al regreso de Cristo a la tierra. Hay otras creencias que postulan el fin del mundo pero o se trata de un punto y final en el que la Nada es la única superviviente o se trata de un punto y seguido en el que la Historia es circular. Pero ¡qué horribles son ambas perspectivas! La Biblia habla, más bien, de un punto y aparte; de algo viejo que termina y algo nuevo, cielos nuevos y tierra nueva, que comienza.
Como decían los cristianos de la primera generación ¡Maranata!. Amén; sí, ven Señor Jesús.
‘Amados, esta es la segunda carta que os escribo, y en ambas despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento, para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles; sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación. Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste, por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua; pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos. Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz..' (2 Pedro
3:1-14)
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El día se acerca (I) |
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Wenceslao Calvo es conferenciante, predicador
y pastor en una iglesia de Madrid.
© W. Calvo, 2005, ProtestanteDigital.com, Madrid, España |
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