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Número 72 - 08 de marzo 2005
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MANUEL DE LEÓN
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Lo laico y lo sagrado en Europa
El desafío del secularismo (VIII) 

Desde el punto de vista filosófico, la laicidad no promueve un rechazo sistemático del clero, sino que sostiene la igualdad de privilegios políticos, económicos y culturales en el ámbito público. El Estado y los poderes públicos deben ser neutrales en materia de religión, garantizando la libertad de conciencia y creando los mecanismos para que ninguna religión o creencia intente imponer sus normas y valores morales. En este sentido el laicismo ha tenido que luchar siempre contra el poder político del clero y especialmente en aquellos países en los que se establece una política de signo teocrático.

El agnosticismo es un tipo de escepticismo respecto a la existencia y esencia de un Dios trascendente. Sin embargo no se puede decir del laicismo o del secularismo que no sea compatible con la creencia religiosa. No se puede acusar al laicismo de agnóstico, porque muchos creyentes católicos han sido laicos críticos con el poder y el clericalismo de la iglesia Católica. Agnósticos como Bertrand Russell o Tierno Galván separaban los campos de confrontación entre la creencia personal y critica social y política. Ambos dejaban claro que el cristianismo es una creencia personal y no podía erigirse en modelo moral del Estado, ni de la sociedad como única y mejor. Sin embargo está claro, (así lo constatamos en estos días de fuerte fundamentalismo laicista) que nos encontramos frente a un inmanentismo metafísico acompañado de ética laica y humanista.

El ateismo también es dogmatismo y por tanto nada tiene que ver con la laicidad . En los países de ateismo estatal como lo fueron la Unión Soviética de Stalin y en algunos momentos la Cuba de Fidel, se ha llegado a perseguir las creencias religiosas y a las instituciones, por lo que no pueden decirse que fueron laicas. Los momentos en los que pudieron ser ateismos agresivos, se debieron a que la reacción política y la denuncia de las instituciones opresoras que se vinculaban a la burguesía y al poder económico, fueron mas fruto del odio y del deseo de venganza que de una filosofía atea. En España tenemos una de las mejores representaciones del laicismo en Francisco Giner de los Ríos y la Institución Libre de Enseñanza (1876) donde todas las creencias fueron respetadas, incluso las de los protestantes evangélicos españoles. La filosofía de krauista, protestante y liberal, caló profundamente en la intelectualidad de aquellos años y la reacción contra el catolicismo propia del enfrentamiento de las dos Españas, no se dio en aquellos pocos días. Los evangélicos españoles tuvieron a los krausistas como sus aliados y quizás fueron los años mejores para la libertad y tolerancia religiosa,” no escéptica e indiferente, sino de simpatía hacia todos los cultos y creencias...pero encaminadas todas a satisfacer la tendencia inmortal del espíritu humano” que decía Giner de los Rios. Quizás sea el ateismo el discriminado en los países cristianos, cuando las instituciones o las iglesias participan con los políticos y cargos públicos y en algunos casos hay manifestaciones de fe o tradición religiosa.

En la teología protestante, se ha ido asentando la tesis de la “secularización de la vida moral y cultural” de los ciudadanos europeos . Nombres como Harvey Cox, Bonhoffer o Gogarten matizaron y denunciaron que la experiencia religiosa no puede reducirse a prácticas dominicales y otras ceremonias convencionales, sin que el resto de la semana hubiese lugar para Dios, ni para lo espiritual.

El hombre europeo agobiado por la productividad y el consumo no tiene tiempo para Dios y solo lo usa como tapa-agujeros, para la sanidad y el milagro . En Norteamérica, aunque menos que en Europa, también la “ciudad secular” se ha asentado en la vida de las sociedades y es el entorno tribal y reducido de la iglesia local, el que aporta la ayuda a ese ser humano convertido en producto de consumo, objeto mercantil. Cuando no hay iglesias o congregaciones, los ciudadanos occidentales viven en el mas absoluto politeísmo inmanentista, donde el culto al cuerpo, el deporte, la música, el esoterismo, etc, pretenden curar sus miedos, sus depresiones, sus angustias vitales, pero esta realidad no satisface y es un agua con el que tendrás mas sed.

Se ha acusado a la laicidad de “analfabetismo religioso” y en gran manera estas parecen ser las consecuencias en España al menos . En una encuesta del 1999 los jóvenes que tenían alguna idea del catolicismo romano no llegaba al 3% de los encuestados. Se ha dicho que esta indiferencia e ignorancia del hecho religioso que se ha ido consolidando, es producto del laicismo y la propuesta laica.

Sin embargo, la relajación en las costumbres, la valoración moral de los jóvenes y mayores, en lo que se refiere a estilos de vida en el matrimonio, familia y vida sexual, aceptando las parejas de hecho, la homosexualidad, etc y que son contrarios a la moral cristiana, no provienen de la laicidad que es respetuosa con las prácticas y creencias . En Francia el laicismo tiene mas tradición, con la firma de unos acuerdos de separación de Iglesia y Estado en 1905. Todas las instituciones públicas tienen su estatuto de laicidad, basado principalmente en los derechos humanos y en esos ideales tan franceses como “la libertad, la igualdad y la fraternidad”. Aunque es cierto que también Francia sufre este abandono e indiferencia de los valores del cristianismo, la laicidad francesa es un ejemplo a seguir. Serán las iglesias las que necesiten marcar la diferencia entre lo laico y lo sagrado, entre los valores altruistas y los del Sermón del Monte.



Artículos anteriores de EL DESAFIO DEL SECULARISMO:
   1  El desafío del secularismo  
   2  Bonhoeffer y el secularismo  
   3  Radicalidad y secularización  
   4  Lo positivo de la secularización  
   5  El Dios eclipsado  
   6  Economía y la crisis del cristianismo  
   7  Laicidad y la nueva Europa  

Manuel de León es escritor, historiador, y director de "Vínculo" (revista de las Iglesias de Cristo de España).
© M. de León, 2005, Asturias, España.

 
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