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Número 73 - 18 de marzo 2005
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¿Por quién doblan las campanas?


...nunca preguntes por quién doblan las campanas, doblan por ti.' ( John Donne )


Vivo a cien metros de una iglesia del siglo XVI que fue restaurada hace pocos años y que tiene un campanario en el que hasta no hace mucho anidaban las cigüeñas. El pasado once de marzo a las 7.37 de la mañana las campanas comenzaron a doblar, trayendo a mi memoria recuerdos de la infancia del pueblo en el que nací, donde, cada vez que alguien moría, las campanas doblaban a muerto. No sé si todavía en los pueblos de España sigue presente esa costumbre, ya que vivo en una gran urbe, Madrid, desde hace más de cuarenta años, en la cual casi nunca las he oído sonar cuando alguien se muere. Pero en esta ocasión era diferente: el triste lamento de la campana anunciaba el aniversario de la matanza del 11-M cuando ciento noventa y dos personas fueron asesinadas en Madrid. Pero la de mi barrio no era la única campana de la ciudad que a esa hora nos recordaba el instante en el que se produjo la primera explosión aquel día, pues cientos de ellas en todas las iglesias católicas de Madrid doblaron a muerto, no habiendo por tanto rincón de la capital donde el lúgubre canto no se hiciera notar.

Ese insólito doblar de las campanas esa mañana me hizo pensar en el título de la, probablemente, novela más famosa de Ernest Hemingway ambientada en la Guerra Civil española y titulada ¿Por quién doblan las campanas? . Hemingway fue un apasionado de España y de las cosas de España, pero el título de la novela que le dio fama mundial no era original suyo sino que él lo tomó de otro escritor, John Donne, prácticamente desconocido en estas latitudes aunque fuera uno de los más grandes poetas del siglo XVII en lengua inglesa. Donne (1572-1631) era descendiente por línea materna de Thomas Moro y llegó a ser no sólo uno de los grandes escritores en prosa y en verso de su tiempo sino también un notable predicador desde su púlpito en la Catedral anglicana de San Pablo en Londres. Una de las obras que escribió con motivo de una grave enfermedad que pasó fue la titulada Devotions upon Emergent Occasions, que consiste en 23 devocionales inspirados en algún incidente producido durante su enfermedad. En las Devotions Donne establece un paralelismo entre el declive físico y la postración espiritual, alcanzando su cima cuando el escritor escucha una campana desde su lecho y se pregunta si no estará sonando por él mismo.

Durante estos días hemos estado recordando a los muertos, escuchando a sus familias, reprobando a los verdugos y poniendo todo el empeño, los gobernantes, para que algo así no vuelva a suceder. Con eso, pareciera que ya está todo dicho, habiendo echado una mirada al pasado para rememorar la tragedia y otra al futuro para conjurarla. Y sin embargo hay algo muy importante que se ha pasado por alto y es una mirada no hacia atrás ni hacia adelante sino hacia dentro; no una mirada horizontal hacia víctimas y verdugos, sino una mirada vertical hacia el interior de cada uno ante la presencia de Dios.

El pasaje bíblico abajo citado trae a colación algo que tiene que ver con lo que vengo diciendo, pues en el mismo se mencionan dos tragedias : una provocada por la mano del hombre, Pilato en este caso, y otra accidental; tragedias que ya hace 2.000 años golpeaban a los seres humanos con toda la crueldad patente en el primer caso y toda la desgracia evidente en el segundo. La pregunta, entonces como ahora, es ¿por qué? y ¿por qué les tocó a esos?. Tal vez podríamos simplificar las respuestas posibles a esas preguntas en tres categorías:

•  Respuesta pagana clásica . Todo obedece al azar, al destino. Se trata de un fatalismo en el que alguna fuerza impersonal es la que rige las cosas, sea la suerte o los astros.

•  Respuesta pagana ilustrada . En última instancia y más allá de la responsabilidad criminal del autor de la carnicería, la vida es un enigma indescifrable y sin sentido. No hay ninguna fuerza personal ni impersonal que gobierne el Universo ni los detalles en esta Tierra. Esta vida es sencillamente un absurdo y es en vano buscarle propósito.

•  Respuesta religiosa clásica . La culpabilidad personal es la razón detrás de la tragedia. Los que murieron por la mano del hombre o por el accidente eran culpables y, por tanto, merecedores de tal destino.

Todas estas respuestas son erróneas ; la primera por poner el control de los acontecimientos en manos de fuerzas ciegas, la segunda por negar la existencia de cualquier control y la tercera por establecer una relación automática entre desgracia y pecado.

Pero en cualquier caso sea ayer o sea hoy, siempre se hacen doblar las campanas en homenaje a los que se fueron... Y sin embargo, es fácil que a nosotros hoy nos pase lo mismo que a los interlocutores de Jesús: que sepamos ser solidarios con la desgracia de unos, que condenemos la culpabilidad de otros, que vislumbremos lo terrible de esta vida y las injusticias que lleva aparejadas, que nos hagamos preguntas sobre esto y aquello y que juzguemos sobre lo divino y lo humano.

Sin embargo, Jesús va más allá y confronta a sus interlocutores con algo en lo que no se han parado a pensar: la responsabilidad ineludible que cada uno de ellos tiene contraída ante Dios . Para ello Jesús presenta la ilustración de la higuera estéril, en la que se señalan sus privilegios, al haber sido plantada en una tierra buena, su culpabilidad, al no dar fruto, y la paciencia y longanimidad del dueño, al estar por tres temporadas buscándolo y prorrogando por una más ese periodo. Desde esa perspectiva, las tragedias experimentadas por unas pocas víctimas sólo serán el preludio de una tragedia futura mucho mayor que todos van a padecer.

¿Es España como esa higuera? Desde luego privilegiados lo somos en muchos sentidos, pero no estoy seguro de si estamos dando fruto para el Dueño. Aunque su paciencia es grande, tenemos que tener cuidado no sea que habiendo hecho doblar las campanas por otros en realidad éstas hayan doblado por nosotros mismos como nación. Pero en ese pasaje Jesús nos provee un remedio, que en realidad es el remedio de Dios para cada nación: el arrepentimiento. Está en nuestro mano decidir.

En este mismo tiempo estaban allí algunos que le contaban acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos. Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos? Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén? Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. Dijo también esta parábola: Tenía un hombre una higuera plantada en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló. Y dijo al viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala; ¿para qué inutiliza también la tierra? Él entonces, respondiendo, le dijo: Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone. Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás después.' ( Lucas 13:1-9 )


Artículos anteriores de esta serie:
   1  El día se acerca (I)  

Wenceslao Calvo es conferenciante, predicador y pastor en una iglesia de Madrid.
© W. Calvo, 2005, ProtestanteDigital.com, Madrid, España

 
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