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Rearme moral y quijotismo
Bonita palabra la de “rearme”, cuando lleva el adjetivo de moral. Y es que vivimos en un mundo en donde toda la acción política, así como la económica, cuando no circula por unos cauces éticos adecuados y solventes, se convierte en una simple lucha por el poder, por el aprovechamiento del mercado en perjuicio de los más débiles, en un negocio en el que sólo los más fuertes salen ganando y montándose sobre el despojo de los más débiles. La política y la gestión económica necesita realmente un rearme moral. Tampoco la democracia será tal, ni auténtica, si no se hace fundamentada sobre valores éticos. La falta de estos valores es lo que puede llevar a una situación crítica a toda democracia, podemos vernos abocados a crisis de civilización, a desestructuraciones en el campo de la cultura. En el fondo de todo lo perverso de los diferentes sistemas, sean éstos políticos, económicos, religiosos o de otros tipos de poder, está la quiebra de los valores, una crisis de valores.
Además, la crisis de valores se proyecta en el ámbito planetario, adquiere carácter mundial. Es por eso que muchos filósofos, teólogos y pensadores, ven que la solución a la crisis actual está solamente en la puesta en marcha de una ética universal, ya que las problemáticas políticas, sociales y culturales son planetarias. A problemas universales tienen que llegar soluciones también universales, una ética que abarque a toda la humanidad e intente darle una nueva visión y una nueva responsabilidad. Es una cuestión de valores. Es un mundo dominado por valores antibíblicos, valores consumistas, valores que marginan a los más débiles, valores insolidarios y basados en la fuerza, en la ley del más fuerte.
Para que una ética sea realmente universal, debe tener una característica que a veces olvidan otras soluciones que se presentan como universales: deben tener en cuenta y favorecer a los crucificados de la historia. Si algunos dicen que ven en Jesús una tendencia “hacia abajo”, hacia los olvidados de la historia, hacia los proscritos y marginados, es porque no se puede hacer una liberación universal que no abarque a los desposeídos del mundo . Si hacemos una ética universal que sólo contemple los intereses de los integrados en los sistemas sociopolíticos y económicos vigentes, ni será universal, ni será ética . Lo primero que tiene que salvaguardar una ética universal son los intereses y la dignidad de los despojados del mundo. Por eso ya se ha dicho que una ética universal “se funda en la defensa de la memoria de los muertos y olvidados por la justicia y la libertad” : la “memoria passionis”. La que no puede olvidar las injusticias del pasado y que, en memoria de tantos olvidados e injustamente tratados, se lanza a la liberación de los crucificados de la historia de hoy.
Y en todas estas dinámicas solidarias y de puesta en marcha los auténticos valores, aunque estén en contracultura con los valores vigentes, y aunque nos puedan considerar “locos” como decían del Apóstol Pablo, en este nadar contracorriente a favor de los marginados y excluidos del mundo, los cristianos tienen mucho que decir y mucho que aportar. Sólo la comodidad y el aburguesamiento nos puede dejar impasibles en nuestras tumbonas de lujo. Porque tenemos el mayor mensaje para luchar por una ética universal solidaria que pueda responder a los nuevos desafíos y a las crisis de civilización a las que nos enfrentamos. Si los cristianos dormimos, estaremos cayendo en la irresponsabilidad y estaremos dejando a Dios mismo hambriento y desnudo, sufriendo con los colectivos marginados del mundo.
Para nosotros, la implantación de una ética universal no es ni más ni menos que evangelizar la cultura, que evangelizar las estructuras injustas de poder que marginan y excluyen. Los creyentes, para conseguir una influencia en una implantación de valores que den lugar a una ética universal, tienen que asumir, necesariamente, la misión de los profetas, su denuncia y su defensa de los intereses de los más débiles. Tienen que ser quijotes que, lanza en ristre, se lanzan a “desfacer los entuertos” de un mundo injusto. Sí, desfacer entuertos , usando el lenguaje de esa figura de la creación literaria española que es El Quijote.
También tachado de “loco”, al apóstol Pablo fueron, en opinión de los que así le contemplaban, las muchas letras las que le volvieron loco. Al Quijote, la novelas de caballerías. Curioso paralelismo, aun guardando las enormes distancias. El Quijote y las figuras bíblicas. El Quijote, símbolo, de alguna manera, del profetismo bíblico.
Porque Don Quijote de la Mancha, novela de un madrileño universal, está muy fundamentada en los valores bíblicos, en la defensa de l os débiles y en la búsqueda de la justicia. Aunque sólo tuviera por bagaje un caballo tan delgado como Rocinante y una espada ya obsoleta. Porque la defensa de los débiles es el principio de la creación de una cultura de paz, de moral universal y de hermanamiento entre los hombres. Y para eso no se necesita otro rearme que el rearme moral. Rearme al que debemos acceder los cristianos aunque algunos nos puedan tildar de locos idealistas e insultarnos pensando que confundimos los molinos con gigantes malignos. Porque los opresores del mundo cambian lo dulce en salado y lo salado en dulce.
Juan Simarro Fernández, licenciado en Filosofía, escritor
y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid.
© J. Simarro, 2005, Madrid, España. |
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