Número 73 - 20 de marzo 2005
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Los tres árboles

Tres árboles nacieron en la ladera de una colina, cerca de un bosque. Mientras crecían, hablaban acerca de sus sueños y esperanzas. El primero dijo: "Algún día seré un cofre lleno de tesoros. Todos admirarán mi valor". El segundo árbol dijo: "Algún día seré una poderosa nave. Tan importante que llevaré reyes sobre las aguas. Quienes vayan conmigo estarán seguros de mi fuerza." Finalmente el tercer árbol dijo: "Yo quiero crecer para ser el mayor de todos los árboles. La gente mirará mis robustas ramas y pensarán en el Dios de los cielos, y cuán cerca estoy de alcanzarlo. Siempre me recordarán."

Después de mucho tiempo, en los que los árboles crecían mirando el cielo, esperando que sus sueños se convirtieran en realidad, un grupo de leñadores visitó la colina. Cuando vieron al primer árbol dijeron: "Este parece fuerte; podremos vender su madera a un carpintero", y comenzaron a cortarlo. El árbol estaba muy feliz. Ya se veía convertido en un valioso cofre.

Luego se fijaron en el segundo árbol: "Parece sólido. Puede ser útil para los constructores del puerto". El segundo árbol también se inundó de alegría. Iban a llevarle para convertirlo en una nave.

Cuando se iban a marchar, vieron al tercer árbol; que estaba muy asustado, pues sabía que si lo cortaban, su sueño nunca se haría realidad. Los leñadores se dijeron: "Mira qué ramas más grandes. Talemos ese árbol, por si nos hace falta más madera". Y cortaron al tercer árbol.

Cuando el primer árbol llegó a la carpintería, fue convertido en un cajón de comida para animales, y luego puesto para alimentarlos. Se sintió muy mal, pues (¡para qué engañarnos!) era exactamente lo contrario de lo que tanto había esperado.

El segundo árbol fue transformado en un pequeño bote de pesca, tan pequeño que ni siquiera servía para navegar en el mar, por lo que fue puesto en un lago, y usado para la pesca. Y vio como sus sueños de ser parte de una gran embarcación transportando reyes había llegado a su final.

El tercer árbol fue cortado en grandes troncos, siendo abandonado en la oscuridad de un medio almacén, medio bodega. Nunca se había sentido tan lejos de Dios.

Con el paso de los años, los que fueron nuestros tres árboles olvidaron sus ilusiones y esperanzas que tanto habían anhelado, mientras crecían mirando al cielo.

Un buen día un hombre y una mujer llegaron a un pesebre en el que estaba el cajón hecho con el primer árbol. Ella dio a luz un niño, y lo colocó en la paja que había dentro de nuestro cajón. No sabía exactamente por qué, pero el antiguo árbol supo que este acontecimiento le suponía haber guardado el mayor tesoro de la historia de la humanidad; especialmente cuando tres hombres sabios llegaron a aquel perdido pesebre de Belén y adoraron al niño que había nacido en nuestro pobre cajón.

Muchos años más tarde (unos treinta), un grupo de hombres entraron en la barquichuela en la cual habían convertido al segundo árbol. Uno de ellos estaba tan cansado que se quedó dormido. Al poco tiempo, una gran tormenta se desató y el árbol hecho barca pensó que no sería lo suficientemente fuerte para salvar a sus ocupantes. De hecho estaba asustado, tanto como los navegantes que llevaba, que despertaron al hombre que permanecía dormido. Este se levantó y dijo :"¡Calma! ¡Quedaos quietas!", y las grandes olas y la tormenta al instante se detuvieron. En ese momento el segundo árbol se dio cuenta de que había llevado al Rey de reyes y Señor de señores.

Finalmente, muchos meses después, alguien vino y tomó lo que quedaba del tercer árbol, cortado en grandes tablones y olvidado en un almacén. Fue llevado por las calles, mientras que la multitud gritaba a su paso, en los hombros del hombre de la barca, que lo cargaba.

Se detuvieron en una pequeña colina y el hombre fue clavado a los maderos del árbol en forma de cruz, y alzado hasta morir. Cuando llegó el domingo, desde lo alto de la colina la cruz vacía vio como Aquel hombre volvía a la vida. Entonces el tercer árbol se dio cuenta de que había sido lo suficientemente fuerte para permanecer erguido en la cima del Gólgota, soportando todo el peso del pecado del mundo, y tan cerca de Dios como nunca nadie había estado, porque Jesús había sido crucificado en él.

Así, los tres árboles cumplieron sus sueños y deseos , con los que habían crecido mirando al cielo. Ninguno en la forma en que lo había planeado, pero sí en la manera exacta y sorprendente que Dios dispuso para cada uno de ellos.

© ProtestanteDigital.com, 2005 (España)

 
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