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La Pasión a la luz de la medicina
Con la película "La Pasión de Cristo" (de Mel Gibson) ha surgido el interés en mucha gente sobre la realidad del sufrimiento y muerte de Jesús. Aunque la película se aproxima mucho a la realidad (aunque en ocasiones la exagera o distorsiona), ésta supera con creces a la ficción en cuanto al grado de sufrimiento que experimentó Jesús. Aunque lo esencial del mensaje sigue siendo la cruz vacía, porque la verdad final es que Jesús ¡ha resucitado!
La crucifixión (del latín fijar a una cruz -Crux,crucis=Cruz, y figere=fijar) fue inventada por los persas entre 300-400 A.C. Es posiblemente la muerte más dolorosa inventada por el hombre., reconociéndola como forma de sufrimiento lento, doloroso, materia en la cual los romanos eran expertos.
Este un castigo era reservado para los esclavos, los extranjeros, los revolucionarios, y para el más vil de criminales. Cicerón la definía como el castigo más cruel y abominable.
Durante 18 horas -desde las 9 de la noche del jueves hasta las 3 de la tarde del viernes, la hora en que murió-, Jesús sufrió múltiples agresiones físicas y mentales pensadas para causar una intensa agonía, debilitar a la víctima y acelerar la muerte en la cruz.
EN EL HUERTO DE GETSEMANÍ
La pasión física de Jesús comienza en Getsemaní. Todos hemos leído que Jesús sudó sangre. Aunque es muy raro, el fenómeno del sudor de sangre es bien conocido por la ciencia médica. Es interesante que el médico del grupo, Lucas, sea el único que menciona este fenómeno.
El sudar sangre (hemohidrosis) se produce en condiciones excepcionales de enorme estrés, por pequeñas hemorragias en la piel que hace que.la sangre se mezcle con el sudor.
¿Por qué tanto estrés? Jesús estaba sufriendo en agonía: sabía que iba a ser traicionado por uno de los suyos; abandonado por sus discípulos, y a sentirse abandonado por Dios Padre.
LOS PRIMEROS GOLPES TRAS EL ARRESTO
Después del arresto, durante la madrugada, llevaron a Jesús ante el Sanedrín y Caifás, el sumo sacerdote. Es aquí donde le causaron los primeros traumatismos. Un soldado golpeó a Jesús en la cara, porque se quedó callado mientras Caifás lo interrogaba. Después, los guardianes del palacio le pusieron una venda en los ojos y burlándose de El, le preguntaron quién de ellos lo había golpeado, y le escupían y lo abofeteaban. Para entonces la cara de Jesús ya empezaba a ser irreconocible debido a la hinchazón y los hematomas por los golpes. Por la mañana, Jesús, golpeado, lleno de moratones, deshidratado y exhausto por una noche sin dormir, fue llevado desde Jerusalén hasta el pretorio de la fortaleza Antonia, sede del procurador de Judea, Poncio Pilato. Estamos familiarizados, por supuesto, con las acciones de Pilato al intentar pasar su responsabilidad a Herodes Antipas , el tetrarca de Judea. Aparentemente, Jesús no fue maltratado en las manos de Herodes, sino solamente devuelto a Pilato. Fue entonces, en respuesta a los gritos de la muchedumbre, que Pilato ordenó la libertad de Barrabás y condenó a Jesús a ser azotado.
LA FLAGELACIÓN
No era normal la flagelación como preámbulo a la crucifixión. Es prácticamente seguro que Pilato (como relatan los Evangelios) originalmente ordenó, como castigo único, que Jesús fuera flagelado, y que su condena a muerte por crucifixión fue solamente respuesta a la exigencia posterior de la muchedumbre.
Para la flagelación al preso se le despoja de su ropa, y le atan las manos sobre la cabeza. El látigo ("flagrum" o "flagelum") consiste en muchas pesadas correas de cuero, con dos bolas pequeñas de plomo piedras o huesos, en las puntas de cada una que golpean con fuerza sobre los hombros, espalda y piernas.
Al principio, las correas y las bolas cortan la piel, para luego arrancan la grasa, músculos y tendones. Llegando a veces incluso a verse las costillas. Cuando el centurión a cargo determina que el preso está cerca de la muerte, se detiene la flagelación. Es muy posible que el flagelado pierda el conocimiento.
Dicen los Evangelios que pusieron una capa sobre los hombros, un palo como cetro, y una corona para hacer completa su burla. Debieron escoger unas ramas flexibles cubiertas con espinas largas (un tipo de acacia, normalmente usada como leña), trenzado en forma de corona, que le clavaron en el cuero cabelludo, llegando al hueso. Otra vez hay un sangrado abundante. Este tipo de espina de acacia produce además una sustancia que origina una inflamación muy dolorosa. Dolor acrecentado con los golpes que refiere la Biblia que le propinan como unida al estrés, el ayuno y la falta de sueño, debían tener a Jesús en una situación cercana al shock hipovolémico.
LA CRUZ
Los romanos aprendieron la práctica de la crucifixión de los cartaginenses y (como casi todo lo que hacían) rápidamente desarrollaron un alto nivel de eficiencia y habilidad en llevarla a cabo. Varios autores en la literatura clásica hacen mención de la crucifixión. Los romanos incluyeron algunas modificaciones.
La forma más común y la usada en épocas de Jesús es la llamada cruz tau (que tiene forma de la letra griega tau o de la t mayúscula nuestra). Hay muchas evidencias arqueológicas de la época que apuntan a que ésta era probablemente la cruz en que murió Jesús.
Los soldados romanos le pusieron las ropas de nuevo. Cogieron el brazo corto de la cruz (patíbulum) y se lo colocaron atado sobre los hombros desgarrados. Para entonces Jesús tenía grandes dolores, estaba deshidratado, exhausto físicamente por la noche sin dormir y los tormentos físicos sufridos, además de la tortura mental y espiritual.
Sin ninguna prueba histórica ni bíblica, los pintores del Medievo y el Renacimiento nos han mostrado la imagen de Cristo llevando la cruz completa al hombro. También los directores de cine (incluido Mel Gibson) nos han mostrado la misma imagen.
A pesar de sus esfuerzos por caminar recto, la carga de la pesada madera combinada con el shock producido por la pérdida copiosa de sangre, es excesiva. Se tambalea y cae. La madera áspera de la viga penetra y raspa dentro de la piel rasgada de los músculos de los hombros. Trata de levantarse pero sus músculos humanos han sido utilizados más allá de sus límites. Hasta el insensible centurión, habituado a estas situaciones, entiende que debe buscar un hombre que está como espectador: Simón de Cirene, para cargar el patibulum. El último tramo lo hace cuesta arriba, lo que aumenta el sufrimiento. El viaje de la fortaleza Antonia al Gólgota está cumplido por fin. Al preso se le despoja de nuevo de sus ropas, con la excepción de un calzón corto, que se les permite a los judíos.
LA CRUCIFIXIÓN
La crucifixión comienza. Ofrecen a Jesús vino mezclado con mirra, una mezcla analgésica que Él rehúsa tomarla. Llegado el reo al lugar del suplicio se clavaba en el travesaño horizontal que había llevado sobre sus hombros, y después, por un sistema de poleas o por medio de una cuerda, se le izaba al poste vertical que estaba ya fijado en vertical en el lugar donde se iba a proceder a la crucifixión. Una vez clavado, los pies del crucificado quedaban no más altos de unos dos metros,casi a la altura de la cabeza de un hombre de pie.
El legionario busca con el tacto el hueco de la muñeca de su brazo. La atraviesa con un clavo pesado de hierro dulce, de sección cuadrada a través de la madera, y rápidamente se mueve al otro lado repitiendo la operación.
En la misma cruz se colocaba el titulus o tablilla, escrito con el delito del reo, título que durante el recorrido desde el Tribunal llevaba un soldado o pregonero o el mismo reo colgado al cuello.
El traumatismo del clavo es doble, es decir, unas lesiones son causas directas debidas al clavo en sí, y otras, indirectas, motivadas por los clavos y el peso del cuerpo suspendido. Es como una sierra que al pasar desgarra arterias, tendones, nervios, provocando fuertes dolores y hemorragia. Más fácil resulta todo para los pies. Posiblemente un solo clavo atrapó ambos pies. La víctima ahora esta crucificada mientras lentamente desfallece, sintiendo cada vez más peso y dolor en las muñecas.
En esta postura, y mientras Jesús se impulsa hacia arriba para evitar la asfixia de la postura, pone su peso completo en los clavos de sus manos y pies: una horrible agonía de dolor de los nervios y huesos de las muñecas y los pies.
En este punto, otro fenómeno sucede: mientras los brazos se fatigan, grandes olas de calambres pulsan sobre los músculos maltratados y estirados en un dolor persistente. Con estos calambres va haciéndose cada vez mayor la incapacidad de empujarse hacia arriba para respirar.
LA GRANDEZA DE JESÚS EN MEDIO DE LA MISERIA HUMANA
Es indudable que fue durante este tiempo cuando Jesús dijo las siete frases cortas que han quedado escritas en los cuatros Evangelios: La primera, mirando hacia abajo a los soldados romanos echando suerte por su capa sin costura: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen".
La segunda, al ladrón arrepentido: "Hoy estarás conmigo en el Paraíso". La tercera, mirando al joven Juan, angustiado y dolido, su apóstol amado: "He ahí a tu madre" y mirando a María, su madre: "Mujer, ahí tienes a tu hijo". El cuarto grito proviene del comienzo del Salmo 22: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?". Este salmo es uno de los textos mesiánicos y proféticos del Antiguo Testamento.Horas de dolor sin limites, ciclos de calambres que le retuercen las coyunturas y asfixia parcial intermitente, mientras el tejido fino de su espalda se desgarra contra la cruz áspera.
Recordemos de nuevo el Salmo 22 (versículo 14): "Soy como agua que se derrama, mis huesos estás dislocados. Mi corazón es como cera que se derrite dentro de mi". Ahora casi todo está terminado.
Jesús da su quinto grito: "Tengo sed." En el Salmo 22:15, leemos: "tengo la boca seca como una teja; tengo la lengua pegada al paladar. "¡Me has hundido hasta el polvo de la muerte!". Un hisopo empapado en "poska," el vino agrio y barato que es la bebida común de los legionarios romanos, es acercado a sus labios. Aparentemente no toma nada del líquido. El cuerpo de Jesús ahora se extingue y puede sentir el escalofrío de la muerte correr por sus entrañas. Ante esta situación, salen sus sextas palabras, posiblemente, no más que un murmullo agonizante en Juan 19:30: "Todo está cumplido".
Su misión se ha completado. Con el último aliento de fuerza, de nuevo presiona sus pies desgarrados contra el clavo, enderezando sus piernas. Jesús toma una respiración más profunda y emite su séptimo y último grito: "Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu".
Lo que sigue ya es conocido. Para que el día de reposo no fuera profanado, los judíos pidieron que los hombres condenados se bajaran de las cruces. La manera común de terminar una crucifixión era la "crucifractura": el rompimiento de los huesos de las piernas. Eso impedía que la víctima se empujase hacia arriba, y producía una asfixia inmediata. Las piernas de los dos ladrones fueron rotas pero cuando llegaron a Jesús, vieron que no era necesario hacerlo con Él. Aparentemente para estar más que seguros de su muerte, el legionario clavó su lanza en el quinto espacio intercostal y llegó hasta el pericardio, la envoltura externa del corazón.
La lanzada era el golpe de gracia que servía para acelerar o atestiguar la muerte de un crucificado. El centurión no intentó acelerar la muerte de Jesús, sino atestiguarla, introduciendo la lanza en el costado. El flujo de una gran cantidad de sangre provendría del corazón.
En Juan 19:34, dice, "Y al momento salió sangre y agua." El agua probablemente representa un derrame pleural debido a que el corazón de Jesús fracasó antes de su muerte.
De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna. Juan 3·:16.
¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado Lc 24:5-6
Artículo original del Dr. Alfonso Miranda. Resumido, complementado y redactado de nuevo por el Dr. Pedro Tarquis.
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2005 (España) |
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