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Sea, otra vez, el silencio.
La sabiduría popular -no el tesoro que contienen los refranes-, es la que nos llega cotidianamente y que puede oírse en cualquier lugar e, incluso, en los medios, asegura que no hay nada para apreciar una cosa como haberla perdido.
Y cuando pasa así, la pérdida se convierte automáticamente en deseo, en un anhelo, a veces, incluso irracional por lo imposible de la recuperación. A esta clase pertenece por excelencia la pérdida de alguien querido. Pero, no quiero ahondar tanto por no verme yo mismo concernido.
A lo que me refiero ahora como que se ha perdido -además de yo, todos los demás- es el silencio . Y el sentimiento de pérdida alcanza a todos -salvo conocidas excepciones-: se percibe cómo la gente busca lugares apartados o, como mínimo, con poca gente, y lejos del ruido urbano.
Y cuando se puede encontrar, el silencio se convierte en algo sonoro, omnipresente; hasta aire, brisas, vientos muestran un sonido propio, como si nos hablaran.
VER EN EL SILENCIO
Uno de nuestros poetas, Jaime Martín Amat , vio el silencio cuando leía diversos pasajes bíblicos, un silencio siempre diferente en cada uno de ellos: majestuosos, unos; dramáticos, vergonzosos o solemnes, otros.
Dice que antes de la creación hay un silencio oscuro, pero Una presencia. Después, el hombre en silencio, a la espera del hálito vital . Más tarde, cambiará éste el silencio oscuro del bosque por la luz del Creador. Mucho después, Noé percibirá -antes que el sol- el silencio de un nuevo comienzo; y así, el silencio acompaña a personajes y situaciones, hasta llegar al libro final, cuando el Cordero abrió el séptimo sello, "llenó el cielo un silencio solemne...".
Haciendo ahora caso al consejo de que es mejor callar si no se puede mejorar el silencio, dejamos de escribir para que prevalezca todavía el eco del silencio , quizá con otro matiz como sugieren los siguientes versos de Luis Rosales .
MISERICORDIA
He aquí que fue el silencio el primero de tus dones.
Era el silencio;
tierra sin hierba en noche estremecida;
después, sólo tus ojos entre el ser y la nada.
¿Qué evidencia de amor movió tu lengua?
Era el silencio;
toda la tierra en éxtasis como un mar asombrado;
fue cántico la vida porque el silencio era
sobre el haz de las aguas la unidad de las cosas.
Comprended
que el silencio es como una oración inmóvil,
como el desangrarse de un corazón;
oíd, montes, mares, islas,
he aquí que el silencio es amor.
(.)
Sergio de Lis es crítico literario y parte de la Redaccción de la revista Edificación Cristiana. (De "Alegría del tiempo nuevo", publicado en el nº 192 de la revista Edificación Cristiana).
(c) S. de Lis, ProtestanteDigital.com, España, 2005
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