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Mesías Robocop de Semana Santa
Sabemos perfectamente que son muchos y variados los nutrientes que alimentan ese monstruo llamado indiferencia. Pero en una revista dirigida mayormente a un público cristiano no se puede ignorar nuestro mea culpa en lo concerniente al pasotismo religioso reinante. Cuando se lee el decálogo dado a Moisés, y más concretamente aquello de: "no te harás imagen ni semejanza de Yavé, ¿a quién pues me haréis semejante?..." de inmediato alguien señala la iconografía católica como el gran ejemplo de desacato al mandamiento. Pero reducir la reflexión a representaciones artísticas y tótemes resulta insuficiente y en muchas ocasiones hasta simplón.
Una de las más comunes sutilezas de la deformación de la imagen divina es que ésta surge casi siempre de un corazón bienintencionado. En multitud de ocasiones la reverencia y el temor de Dios han causado extrañas mutaciones en la percepción divina, y aunque esta realidad se pone de manifiesto en áreas tan amplias como la pintura, los ritos, la música, la literatura o en otras tradiciones me gustaría ejemplificar el asunto en un campo teóricamente menos viciado como es el cine. Y más concretamente en aquellas películas sobre la vida de Jesús del tipo "Semana Santa". En este caso resulta de mal gusto ver como en no pocas de ellas se presenta un Jesús como ido , moviéndose con mirada inmutable, túnica de anuncio de detergente, postura inflexible y hablando sin apenas entonación, de forma leeeenta y helada mientras nadie se atreve a interrumpirle. Oyentes que pretenden parecer maravillados cuando más bien transmiten temor... Sinceramente, no creo que ese Jesús que se vio obligado a decir " dejad que los niños se acerquen a mí " fuese, como dice Philip Yancey, tan similar al androide de Star Treck. Dudo enormemente que esos Cristos fuesen objeto de seducción de masas.
Lo más triste es que la imagen del Mesías Robocop se acaba convirtiendo en la de Terminator, aniquilando al Jesús cercano y Salvador como si se suicidase o se enfrentase a su propio clon. Y ahora nos vemos nosotros con esa imagen en medio de un océano de religiones e iconos infinitos, entre los cuales ninguno parece ser el colmador de nuestro tapado, y no tan tapado, desaliento.
Y es que a veces, el Jesús de las películas es tratado con tanto respeto que acaba por ser extraño, ajeno a lo que cabría de esperar de esa respuesta que tanto se anuncia en los desechados folletos evangelísticos. Debemos admitir que la tradición cristiana en todo su despliegue (dígase liturgia, cine, medios de comunicación, arte.) cae en demasiadas ocasiones en una creación de raras alternativas a las necesidades sentidas de una generación que perece. El Cristo hierático, cursi, ido o bobalicón golpea en plena frente a todo un plan de rescate. Golpea a las personas sufrientes.
Que Jesús sea Dios, resucitado y no creado, no lo convierte en un personaje de Star Wars, ni siquiera de Heidi. Tampoco es un místico sentado todo el día en un trono esperando nuestra música dominical o un tipo que jamás ríe a carcajadas y que permanece perennemente tristón mirando hacia arriba. Son tantas las imágenes.
No olvidemos que como dice nuestra teología, el Mesías es profundamente humano y profundamente cercano . Nuestro reto es duro y ambicioso. Debemos intentar por todos los medios que la generación actual tenga la capacidad de rechazar o acoger en sus brazos al Jesús de los evangelios y no a otro. Oímos continuamente que Occidente reniega de Jesús, que es duro e indiferente, pero preguntémonos críticamente. ¿a qué Jesús conocen?
Luis Marián trabaja en Madrid como
documentalista en la Universidad Carlos III,
y coordinador
de la Biblioteca Protestante de Madrid. Es estudiante
de periodismo y cofundador
de Delirante un portal juvenil cristiano enfocado al diálogo con
no creyentes.
© L. Marián, ProtestanteDigital.com, 2005, España. |
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