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Pedro Tarquis
Cuatro años y trescientos ochenta y cuatro artículos después, vuelvo a intentar publicar unas líneas sobre el director de esta revista digital. He adoptado la única estrategia posible: esperar y hacer esperar a la Redacción hasta el último minuto -las cinco en punto de la tarde de ayer, Jueves Santo, 25 de marzo- para mandar este artículo.
Hace ahora cuatro años, a la vuelta de las vacaciones de Semana Santa, los Tarquis-Quintana se encontraron con que uno de los dos coches de la familia, perfectamente aparcado en la calle, había ardido. El coche contiguo saltó en llamas, que se propagaron al coche vecino. En estos casos, ya se sabe, las compañías de seguros se llaman a andanas.
Escribí entonces una lupa , que titulé Malos días , en la que remataba con el relato del inopinado siniestro del coche de Tarquis-Quintana una serie de contratiempos personales. Mandé el artículo directamente al webmaster obviando el paso por la dirección. Llegó a publicarse, pero Pedro Tarquis la retiró al punto. Bajo ningún concepto quería verse convertido en protagonista. Hube de mandar el texto alternativo que tenía preparado. El antiguo lo conservo bajo el título 28.malosdías_nocoló.doc .
Esta vez, querido Pedro, en contra de mi costumbre habitual de tener entregados o en obras varios artículos, no tengo letra "pequeña alternativa". Además, a las cinco en punto de la tarde me pondré en carretera con el teléfono móvil apagado.
A la talla espiritual del director de esta revista digital como creyente se une -puedo dar buena fe de ello- un merecido prestigio profesional como médico, no sólo entre sus pacientes sino también entre sus colegas. De su valía como patriarca de la comunicación en nuestro campo dan fe los lectores de este sitio en la red. De hecho, Pedro Tarquis marca el antes y el después en la historia de la comunicación en la España Protestante.
Pedro Tarquis. Le propuse dedicarle uno de los primeros perfiles y se negó en redondo; es bastante menos amante de protagonismos de lo que algunos pudieran pensar. Ahora, no puede negarse a ser el número veinticinco de los personajes de la España Protestante glosados en esta humilde y breve columna.
Como amigo, esto es, quien da la cara por ti aunque esté en profundo desacuerdo y se juegue el tipo en ello... le dedicaré otro artículo, esta vez largo, en otra ocasión... O sea, que sigo estando en deuda con él...
Coexistencia
Ser reformado, ortodoxo, pentecostal, católico, luterano, bautista, anglicano o neocarismático es asunto irrelevante a la luz de lo que leemos en Mateo Veinticinco. Más aún, ser cristiano, judío o musulmán no equivale en modo alguno a ir derechitos al cielo en el primer supuesto, al purgatorio en el segundo o, en el tercero, a ir a dar con nuestros huesos el infierno.
Semana Santa. Tiempo de liturgia... que quiera Jehová/Alá/Dios que algún día vaya dejando paso también a la reflexión. Antonio Machado, al igual que no pocos creyentes de a pie, prefería cantar al Jesús que anduvo en la mar en vez de hacer penitencia tras el Cristo del madero.
Tender puentes al diálogo interdenominacional, interconfesional e interreligioso. Celebrar la vida, en vez de recrearnos en la muerte. Para empezar, he aquí esta más que elocuente imagen del cartel de una reciente exposición en el Museo Seam de Jerusalén, obra de Yuri Surkov. La media luna, la estrella de David y la cruz forman las consonantes C, X y T de la palabra "Coexistencia". Qué bien.
Dice la Biblia (Romanos 8:19) que la creación aguarda la manifestación de los hijos de Dios. ¿Sermones tremebundos?, ¿procesiones?, ¿penitencia? No: tolerancia, diálogo, ¡coexistencia!
Manuel López, es periodista, profesor de Ciencias de la Información en Madrid, y director de la revista FOTO.
© M. López, 2005, Madrid, España. |