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Experiencia cristiana y Biblia
La guerra espiritual: una reflexión crítica (V)
Hablar de la experiencia cristiana puede resultar fácil cuando nos estamos refiriendo a la conversión, o al llamado particular de Dios. Pero el tema se complica cuando tratamos de definir o explicar las experiencias personales. La consejería pastoral se ve envuelta también en este mar de confusión. El conductismo y determinismo forman parte de muchas escuelas de consejería.
Diagnosticar al hombre como alguien en desarmonía, es un error. El conflicto del ser humano es de ruptura, a nivel teológico (con Dios), psicológico (consigo mismo), sociológico (con el prójimo) y ecológico (con la naturaleza). Los conflictos son reales, y la psicología humanista ofrece sus ideas para atender al hombre desorientado. La Biblia diagnostica de diferentes formas, aunque en algunas áreas podamos coincidir con la disciplina de la psicología. Lo cierto es que en las experiencias humanas, son muchos los factores a tener en cuenta. En el campo que nos ocupa, no es tarea fácil analizar lo experimental. Entramos en lo subjetivo.
Las nuevas formas surgidas últimamente, para experimentar la fe, han polarizado las opiniones. Para unos las experiencias son buenas (danza, caída, desmayos, risas, etc...) siempre y cuando ayuden al creyente en su fe. Para otros, representan actividades del Espíritu Santo. Y otros indican un carácter fraudulento, o de poca base bíblica. Frente a todo esto, los cristianos tenemos varias alternativas: Podemos sacar a priori ese pequeño inquisidor que todos llevamos dentro, y condenar a ultranza, sin reparos, o podemos caer en esa tolerancia de rancio sabor a sincretismo de “todo vale con tal que...”
Personalmente estoy convencido de que, corno cristiano, tengo otra opción. En primer lugar, establecer claramente la autoridad de las Escrituras en materia de fe y conducta. Si queremos establecer una controversia de experiencias, seria un auténtico diálogo de sordos. Necesitarnos una autoridad objetiva , que nos ayude a discernir. ¿Puede realmente, la Biblia, ayudarnos a discernir experiencias personales? Estoy convencido de ello. Pero debe ser la Palabra de Dios la que evalúe esas experiencias y no viceversa.
John Stott nos dice: "Nuestra convicción evangélica es que Cristo gobierna la Iglesia por medio de las Escrituras. La tradición y la razón son importantes, pero están subordinadas a la autoridad suprema de la Palabra de Dios (...) Es imposible ser un discípulo maduro sin someterse a la autoridad de las Escrituras". Estoy plenamente de acuerdo con lo expuesto por el teólogo inglés.
La opción es establecer, a partir de las Escrituras (y sus principios), una filosofía cristiana que abarque todas las esferas de la experiencia humana . Exponer con honestidad y respeto esas directrices para que la Iglesia pueda juzgar. Y sin dogmatismo, podamos defender con firmeza, a la luz de la Biblia, nuestro punto de vista, siempre abiertos al diálogo enfocado, eso si, bíblicamente.
Personalmente quisiera exponer, lo que a mi juicio, nos indica la Biblia sobre las experiencias de los cristianos.
1. Entiendo que la Biblia nunca presenta una experiencia de carácter místico donde la inteligencia o la voluntad humana es anulada . Es decir que el cristiano que tiene un encuentro con Dios sabe lo que le ha ocurrido. Dios no anula la personalidad, sino que la atrae Y obra en ella.
Veamos dos ejemplos bíblicos: Las experiencias de Isaías y la del apóstol Pedro. En el primer caso, el profeta ve la gloria de Yahvé y reacciona diciendo: "¡Ay de mi!, que soy muerto; porque... " (Podemos leer el diálogo entre Dios e Isaías en el capitulo 6 de su libro) ¿Fue anulada su mente? Por su parte, el apóstol Pedro recibe la visión del lienzo bajado del cielo. Al oír la voz que le hablaba, el apóstol contesta y establece un diálogo (Hch 10:9-21). Su éxtasis no le impidió reaccionar y hablar con el Señor.
2. La Biblia demarca claramente lo que son actos soberanos de Dios, de los principios normativos de la vida cristiana . Veamos unos ejemplos:
En Hechos 19:12 vemos a Pablo sanando enfermos con paños o delantales. Pero Pablo no vuelve a utilizar esa forma (la sombra de Pedro, el barro usado por Jesús). No organiza un sistema de curación a base de paños, ni Pedro pretende decir que la sombra de los cristianos tiene propiedades curativas. Pero en cambio en aquella ocasión si ocurrió. Porque Dios es soberano. No entiendo cómo hizo hablar a una mula, o usó un delantal, pero lo que sé, es que el testimonio bíblico dice que lo hizo. Debemos pues aceptar estas actividades soberanas del Espíritu, propias del Dios vivo y soberano. El problema viene cuando se hace norma de estos hechos extraordinarios de Dios, se vuelve piedra de toque de la espiritualidad cristiana, y se establece un sistema, o técnicas, para repetir. Que Dios haya usado un objeto para actuar con sanidad, no significa que los objetos de por si tengan la capacidad de transmitir el poder de Dios. Establecer una norma de prendas ungidas u objetos sagrados, es caer, como ya vimos en el neosacramentalismo.
Aceptando que Dios actúa en base a su soberanía, podemos ver que existen experiencias personales reales, encuadradas dentro de esos actos soberanos. Pero la experiencia personal, nunca debe ser normativa para toda la iglesia. Los principios normativas, pues, suelen venir principalmente en las instrucciones contenidas en las Epístolas. Estos principios son norma y autoridad para el creyente. Las experiencias personales no pueden violar los principios normativos. (1 Co. 134-13). El mismo uso de los dones espirituales, debe enmarcarse dentro de la libertad y los limites de los principios de la Palabra.
3. Las Escrituras nos exhortan a discernirlo todo . En nuestro concepto hedonista de la vida, el pragmatismo se ha convertido en la plomada para medir. El enfoque bíblico es teocéntrico. La pregunta no es si ayuda al creyente, sino qué dice Dios en su Palabra.
La Biblia nos marca directrices para discernir. Veamos 1 Juan 4:1-3. Aquí se nos habla de probar los espíritus. Leemos: "Amados no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo".
¿Cómo se prueban los espíritus? Pensemos que ya en el tiempo del apóstol Juan el gnosticismo (cristianismo místico) iba creciendo. Algunos apuntan que esta epístola enfrentó a Cerinto, maestro gnóstico. Lo cierto es que la instrucción que nos da para discernir, no apela a la experiencia sino a una verdad objetiva. No pregunta: ¿Hace sanidades? ¿manifiesta poder? La pregunta clave es: ¿Qué confiesa? Es decir, cuál es la enseñanza que debe ser juzgada a la luz de la Revelación. Es una prueba doctrinal.
Quiero dejar claro que creo en la sanidad divina, pero no creo que toda sanidad sea de origen divino (Mt. 7:23; 24:24). Dios es soberano para obrar. ¿Estamos dispuestos a verle hacer cosas que nos desafían? No debemos hacer normas, ni sacar doctrinas de experiencias personales. En cambio mucha literatura evangélica de hoy se basa en normas extraídas de experiencias personales. Debemos tratar de vivir conforme a los principios normativos de la Palabra, siendo ella nuestra guía y autoridad en materia de fe y conducta. No seamos prontos a condenar cualquier cosa nueva que se oiga, sino probemos a ver si viene de Dios, analizando las enseñanzas que hay tras las experiencias, a la luz de la Palabra de Dios.
Este estudio apunta hacia una situación peligrosa y difícil, aunque no del todo nueva, por la que está atravesando la Iglesia. Hay que volver a las Escrituras, a "la fe que fue dada una vez a los santos ". La Iglesia como depósito de la verdad de Dios, no puede negociar con ella. Fue Jesús quien dijo: "Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mi.' ¡Qué responsabilidad! y !qué privilegio!
Tal y como dice el apóstol Pablo a su discípulo Timoteo: "Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad." (2 Ti. 2:15). Este es nuestro desafió para la hora de la historia que nos toca vivir.
(1) Este artículo forma parte del Cuaderno “Guerra espiritual", publicado por la Alianza Evangélica Española; y que fue escrito por tres diferentes autores: José de Segovia, Julíán Mellado y Esteban Rodeman)
(2) Para contacatar con la AEE: www.AEEsp.net, correo-e: oficina@AEEsp.net
Julián Mellado es pastor, teólogo y miembro de la Comisión de Teología de la AEE
© J. Mellado, 2005, Madrid, España |
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