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Número 73 - 15 de marzo 2005
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MANUEL DE LEÓN
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Europa: ¿verdadero laicismo?
El desafío del secularismo (IX) 

El laicismo en Europa tiene un rostro bien distinto del francés. La separación no existe en la mayoría de los países, implicando hasta los mismos reyes, como es el caso de España que ante la tradición del Sepulcro del Apóstol Santiago, hacen que el rey le haga súplicas y rogativas. La laicidad queda muy comprometida con las bodas reales de uno y otro signo religioso y los ordenamientos jurídicos para la laicidad del Estado son papel mojado. Algunos llaman a esta laicidad "laicidad débil" en la que caben transigencias y asensos tácitos en la vida social y cultural, pero en detrimento de la laicidad o total neutralidad del Estado en materia religiosa.

Algunos ya han dicho que no se puede confundir "el derecho a la diferencia con la diferencia de los derechos" y es que no hay derechos y privilegios para unos, los mas poderosos, y para otros indigencia. En el caso español, con un proclamado Estado laico y todo un ordenamiento jurídico en materia religiosa, nadie se mueve para echar abajo los privilegios económicos, sociales, culturales y religiosos que conlleva el mantener unos Acuerdos con el Vaticano del 1979. En este caso la intolerancia dogmática y la agresividad no es contra las manifestaciones y vivencias religiosas, sino contra todo el Derecho del Estado que incumple y pisotea la Constitución por miedo a las reacciones de la jerarquía católica.

La nueva Europa tiene que verse forzada constitucionalmente a cumplir su laicidad, jugando un papel moderador en el hecho multicultural y ser garante de la pluralidad religiosa . Porque todos sabemos que la religión en la política o lleva a escenarios teocráticos que impiden el ejercicio de la libertad de conciencia o directamente a la Inquisición e intolerancia. Por eso debemos tener en cuenta varios principios que establece todo laicismo verdadero.

En primer lugar es necesaria la libertad de conciencia individual, que es mas profunda que la libertad religiosa . Como decía Giner de los Ríos citando a la Escuela Modelo de Bruselas, respecto a la escuela privada y sus contenidos educacionales: "Cuando se habla de Dios se puede hacer con elevación, sin herir la conciencia de nadie; la atmósfera de la escuela es religiosa para todos cuando está impregnada de buen sentido y de honradez". En España en la Ley de Libertad religiosa se insiste solo en la libertad religiosa y no tanto en la libertad de conciencia, por la que se deben respetar todas las opciones de valores, moralidad y espiritualidad del individuo. De hecho los agnósticos y ateos se sienten ofendidos porque persiste el prejuicio ideológico y de conciencia para quienes han optado por otras creencias humanistas. Si comparamos a Europa con Estados Unidos de América, las diferencias son mayores aún sobre la libertad de conciencia, porque en Estados Unidos se invoca al Dios cristiano en el himno nacional, se ora en las escuelas y el fundamentalismo cristiano sigue teniendo muchos seguidores.

En segundo lugar, otro de los principios necesarios para el laicismo, es la igualdad de todos los ciudadanos ante la Ley , sin que haya posibilidades reales de discriminación en sus derechos y libertades. Este es el punto que mas dificultades prácticas está produciendo en un país como Francia que quiere aplicar sin fisuras la laicidad. La igualdad en la enseñanza pública, que no discrimine a nadie, está suponiendo un verdadero reto cuando la realidad religiosa es fundamentalista y puritana. Suele darse el caso, como el del velo islámico en las niñas, que existe una manipulación religiosa que ya discrimina en origen y por tanto deja al Estado pendiente de que no se discrimine al que viene ya discriminado. El caso español, en el que los evangélicos hemos firmado también acuerdos de cooperación con el Estado, son mas en el sentido de ayuda al Estado mas que exigencias, porque solo la religión católica impide una laicidad de separación Iglesia y Estado. El catolicismo español es reivindicativo aún en los casos en los que el Estado está al servicio de la religión. Siempre se pide mas, aunque esto aumente la discriminación y se vaya contra todo Derecho.

Esta corrupción del poder religioso es lo que la nueva Europa debe corregir. La Europa de los pueblos implica vivir con unas reglas, donde los "diferentes" también tienen los mismos derechos , son individuos con libertades para expresar su moral, así como las religiones reclaman el mismo respeto. En este sentido, y como tercer elemento de configuración laica, debe existir la separación Iglesia-Estado, en el sentido plural de iglesia, pues son las iglesias, las confesiones religiosas minoritarias las que no deben admitir las injerencias del poder religioso nacionalista. Es necesaria la denuncia de los Concordatos con el Vaticano como una injerencia en la autonomía del poder del Estado que es soberano y libre de toda atadura religiosa . La neutralidad estatal no es equivalente a carencia de valores morales, pero son las religiones las que deben poner en práctica lo que predican y como masa activa transformar la cosmovisión de la sociedad, la cultura y del Estado. Este se limitará a salvaguardar los valores de los derechos humanos que ninguna religión puede violar.

Por último la laicidad que defiende la tolerancia, también defiende el diálogo religioso y intercultural . La laicidad se coloca en el medio de la contienda religiosa y reclama diálogo, nunca es intolerante, fanático ni dogmática. Al menos no lo debería ser, pues a veces el laicismo se ha colocado como una religión mas, al enfrentarse a los excesos del catolicismo. Las guerras de religión de los siglos XVI y XVII y que en España tuvieron su peculiaridad, con una Inquisición que expulsaba a los judíos que no podía doblegar su conciencia, que mataba a los musulmanes en aras de la unidad de España y hacía Autos de Fe con los erasmistas y protestantes que por toda España se reunían en casas, pero como personas influyentes eran los de Valladolid y Sevilla. Tiempos recios y violentos, llenos de fanatismo e intolerancia que queremos desterrar. La "guerra santa" de algunos países islámicos y la otra "guerra preventiva" contra el terrorismo de Estados Unidos, no parecen llamadas a la concordia y al diálogo, Sin embargo, es necesario desechar la utilización política de la religión que siempre ha originado fanatismo y destrucción. La laicidad debería ser ese puente de diálogo, podría ser esa tercera vía que siempre se busca cuando hay diferencias culturales y estilos de vida diferentes. Es el reto de estos años venideros para las democracias europeas y para el Derecho que tienen armas suficientes para que no aparezcan ningún brote de xenofobia, de exclusión e intolerancia.



Artículos anteriores de EL DESAFIO DEL SECULARISMO:
   1  El desafío del secularismo  
   2  Bonhoeffer y el secularismo  
   3  Radicalidad y secularización  
   4  Lo positivo de la secularización  
   5  El Dios eclipsado  
   6  Economía y la crisis del cristianismo  
   7  Laicidad y la nueva Europa  
   8  Lo laico y lo sagrado en Europa  

Manuel de León es escritor, historiador, y director de "Vínculo" (revista de las Iglesias de Cristo de España).
© M. de León, 2005, Asturias, España.

 
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