 |
Dos libros
' Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?
Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.
No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.
Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.
Así que, por sus frutos los conoceréis.' (
Mateo 7:16-20
)
En la edición del diario El País del pasado 16 de marzo aparecían dos noticias en las que los protagonistas eran dos libros; una estaba en la contraportada, lo cual indica el relieve que se le quería dar, pues la contraportada en un periódico, lejos de ser lo opuesto a la portada en lo que a importancia se refiere, le sigue inmediatamente. (Por lo menos para mí es así: una vez que he visto la portada doy la vuelta al periódico para leer la contraportada; tal vez ese movimiento reflejo e ilógico sería un tema de investigación para un psicoanalista, pero me parece que no soy el único que hace eso). La otra noticia sobre el segundo libro aparecía en las páginas de cultura. Entre ambos hay varias coincidencias: los dos son superventas y han superado los 20 millones de ejemplares , los dos son de temática religiosa y los dos tienen como eje de argumentación a la figura de Jesús, lo cual, dicho sea de paso, demuestra que Cristo, lejos de ser un personaje gastado o desdibujado por el paso del tiempo, sigue siendo tan actual como siempre ¿por qué será?.
La crónica en las páginas de cultura hacía referencia a El código Da Vinci , de Dan Brown . La novela de Brown era noticia al haber sido declarada un 'castillo de mentiras' por el cardenal Tarcisio Bertone, quien se lamentaba de la amplia difusión de la obra especialmente entre la gente joven y del impacto desastroso que conllevaría asumir la tesis de la novela: Que Jesús tuvo descendencia de María Magdalena, cuestión que la iglesia institucional habría ocultado a lo largo de los siglos.
La noticia en la contraportada se refería al libro Una vida con propósito del pastor californiano Rick Warren , por haber sido el detonante para que un asesino en serie, Brian Nichols, que horas antes acababa de matar a cuatro personas entre las que se encontraba el juez que le iba a condenar a cadena perpetua, se entregara mansamente a la policía después de haber mantenido una conversación con Ashley Smith, una cristiana a la que había secuestrado y quien le leyó unos párrafos de dicho libro.
Y al leer ambas noticias en las que los protagonistas son dos libros que aparentemente tienen ciertas características comunes pero que en el fondo son tan dispares, me puse a pensar.
Y vi que el libro del pastor Warren está basado en los evangelios (los canónicos, los de toda la vida: Mateo, Marcos, Lucas y Juan) y me di cuenta de que esos evangelios fueron capaces de producir un milagro, un milagro que ninguna institución humana, que ningún psicólogo, que ningún psiquiatra, que ningún educador, que ningún político, puede producir: hacer volver a una bestia, como Brian Nichols, al estado de humanidad que había perdido. Eso es lo que hace el evangelio: pecadores degradados y descalificados en todos los sentidos convertidos en nuevos hombres y mujeres. Porque quien le leyó el libro a Nichols, Ashley Smith, sabía de lo que hablaba por experiencia, ya que ella misma había experimentado el poder redentor del evangelio de Cristo sobre su desordenado pasado. ¡Qué hermosa escena! Una pecadora redimida compartiendo su fe y esperanza con un pecador necesitado de redención. Lo que no había logrado la sociedad, ni la justicia, ni la policía lo consiguió una cristiana, que pudo ver más allá y captar que Cristo murió para salvar incluso a un asesino como Brian Nichols.
El libro de Brown en cambio, tal como teme el cardenal Bertone, sólo traerá incredulidad, confusión, cinismo y destrucción . No creo que ayude a nadie a salir del pozo de la desesperación, ni que traiga luz al que anda en oscuridad, ni remedio al necesitado de cura sino más bien todo lo contrario. Pero es lógico que sea así, después de todo El código Da Vinci es un producto humano, fruto de la imaginación de su autor. Su problema no sólo radica en los desastrosos resultados que producirá sino en que, frente a la pretensión de Brown, no hay verdad en el mismo, porque la verdad es compañera de la fe, de la esperanza, de la justicia y de la paz.
Cuando yo era un adolescente con 15 años leí El retorno de los brujos de Jacques Bergier y Louis Powels que fue un superventas en aquella época; como resultado de aquella lectura se produjo en mí un abandono de todo lo que significara Dios, primer paso en los años subsiguientes de degradación y caos en los que se sumió mi vida. Fue por la gracia de Dios que pude salir de aquel pozo 6 años después. ¿El instrumento para tal milagro? Otro libro, también superventas, pero muy diferente: el que contiene los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, o sea la Biblia.
Y es que, en definitiva, la prueba de los frutos que Jesús usa en el pasaje bíblico arriba citado para conocer a los falsos profetas de los verdaderos sigue siendo válida, incluso para conocer y distinguir a los buenos de los malos libros. Una vida con propósito es un libro humano, lo mismo que El código Da Vinci , pero hay dos diferencias entre ambos: una, es que el primero tiene un sustrato que no es del autor mismo sino que es de otro Autor, mientras que el segundo no va más allá de su autor; la otra diferencia nos remite a los hechos, o sea a los resultados que ambos producen. Definitivamente me quedo con el primero, aunque sólo sea por lo que ha sucedido con Brian Nichols. Y algo más: si lo que Jesús dice en cuanto al destino que le aguarda al árbol que no da buen fruto es verdad, no parece ser uno bueno el que le espera a Brown y a su libro, no importa el éxito momentáneo que ahora tengan. Por eso es mejor, por nuestro propio bien, no identificarse con tales compañeros de viaje.
Wenceslao Calvo es conferenciante, predicador
y pastor en una iglesia de Madrid.
© W. Calvo, 2005, ProtestanteDigital.com, Madrid, España |
|