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Delirios de grandeza
En la reciente Semana Santa fui como invitado a Córdoba para impartir un taller en un retiro para jóvenes. En este campamento se ofrecieron otras ponencias, se celebraron cultos y se compartieron experiencias entre los asistentes. Pero de todo aquello, lo que más me enseñó fueron las propias personas.
Tras conocer nuestro sitio web de evangelización (delirante.org), los organizadores del evento se arriesgaron a invitarnos y alojarnos a dos de quienes dirigimos esta historia. Tras aceptar tan amable solicitud y aprovechando que un servidor no conocía Sevilla, les pregunté sobre lugares para hospedarme durante los días posteriores al retiro y así pasar unos días de descanso. Ellos tenían el Seminario (el lugar donde se celebraba el retiro) totalmente lleno para esos días festivos, por lo que lo más normal hubiera sido que ellos me indicaran algunas referencias de hoteles u hostales. El caso es que no fue así, pues de inmediato me escriben ofrecerme las llaves de la casa de una de las profesoras del seminario (ella salía de viaje esos días) con la única condición de que no le ofreciéramos nada a cambio. No nos conocían de nada y nos prestaba su casa. Creo que yo no hubiera hecho lo mismo y por esto admiro a estos grandes.
La actitud de los organizadores de este retiro ofrecían continúas evidencias de lo que significa vivir una vida entregada a Cristo. Quienes me conocen e incluso me leen, saben que soy muy crítico con la Iglesia evangélica (intentando ser constructivo, claro) y que a veces hasta me paso de rosca. Pero cuando ves a hermanos que te dan todo y, entre otras cosas, apoyan con sinceridad y sin cursilería las cosas que haces cuando ellos tienen mucho más que enseñarte que tú. algo divino te toca.
Parecen pequeñas cosas, pero se hacen muy grandes cuando ves que no necesitan contarte quienes son o a qué se dedican para desprender poesía de cercanía, y ves como aparecen ante ti con unas camisetas de esas de versículos sin remeter por los pantalones y que se presentan sin apellidos y con nombres de pila al estilo Mati, Benyi o Ana. A pesar de su humildad, son ellos los maestros, los profesores de teología o quienes se parten la espalda ayudando a los más desvalidos de éste y de otros mundos terceros. Y ahí los ves, casi anónimos, sin necesidad de tirar de currículo para ganarse un respeto que algunos religiosos no podrían captar jamás.
Estos chicos son raros. Se preocupan por ti, te hacen sentir bien y te dan más de lo que te habían asegurado de antemano. Y me refiero también al dinero, pues recuerdo que sólo nos garantizaron que cubrirían nuestros gastos para luego bendecirnos con una cantidad económica respetable. En estas condiciones lo primero que te viene a la cabeza es que todo lo recibido lo teníamos que invertir en el propio Reino, en material de evangelización en este caso. Y lo digo con vergüenza, pues si quizás no hubiera visto tanto desprendimiento por parte de quienes nos acogían, probablemente hubiera dudado en cuanto a un destino privado del dinero recibido. Más lecciones.
Ni siquiera les voy a llamar para decirles que sus corazones me inspiraron para escribir este artículo y para mucho más, pues es mi deseo poner en práctica ese espíritu de hacer las cosas para no recibir nada a cambio, ni siquiera las gracias, que hasta a veces las exigimos para hipócritamente responder: "no hay de qué". Por eso les dejaré tranquilos, como hacen quienes no buscan que se hable de ellos sino de lo que de verdad importa, como quienes conocen a Dios lo suficiente como para saber donde está depositada su identidad. Como quien trata de aplicarse estas lecciones de radicalidad evangélica. Lecciones de grandeza.
"¿Cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve" Lucas 22, 27
Luis Marián trabaja en Madrid como
documentalista en la Universidad Carlos III,
y coordinador
de la Biblioteca Protestante de Madrid. Es estudiante
de periodismo y cofundador
de Delirante un portal juvenil cristiano enfocado al diálogo con
no creyentes.
© L. Marián, ProtestanteDigital.com, 2005, España. |
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