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Número 75 - 29 de marzo 2005
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MANUEL DE LEÓN
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Metamorfosis religiosa en la sociedad postmoderna

Nadie pone en duda la eficacia de la dimensión religiosa para imponer vivencias y prácticas sociales. La sociología y la antropología estudian estos fenómenos que conforman actitudes y comportamientos colectivos que nacen de las comunidades religiosas y observan las consecuencias estructurales que moldean posteriormente la sociedad. Cuando el proceso secularizador y laicista quiere desmoronar este universo religioso, las sociedades, como la occidental, son afectadas de tal manera que los problemas personales y sociales crecen al no dar credibilidad a la vida y dejarla en un angustiante sinsentido. Cuando Marx, Durkhein o Max Weber, (este último en su famoso libro "Ética protestante y el espíritu del capitalismo) analizan lo religioso y sagrado, observan cómo estos cambios son el efecto de una forma de vivir, de un estilo de vida del creyente.

Los sociólogos suelen decir que la religión lo que hace es bloquear el desasosiego que el interrogante existencial plantea. Entendemos que mas que bloquear o ser opio adormecedor, el hombre religioso afronta las incertidumbres y angustias que el nacer por el azar y el morir sin sentido provocan a la inteligencia humana y al corazón como esfera de la intimidad del ser.

No es solo el hecho religioso algo simbólico, que conexiona las sociedades para que no se resquebrajen, sino que supone la credibilidad de la vida social, no para inmunizarla sino para darle el único sentido. Dice Bergson: "En el origen de las creencias que acabamos de considerar, hemos encontrado una reacción defensiva de la naturaleza contra un abatimiento que tendría su origen en la inteligencia" y por eso la Biblia dice que "Dios puso eternidad en el corazón del hombre". Lo que rescata Bergson es que el plano de la vida religiosa está en contraste, o mejor, en un plano superior al teoricismo intelectual.

Porque como dice E. Morin "nos negamos a considerar errores todo aquello que no goza del approbatur por parte del moderno sabio racionalista-empírico y nos guardamos muy mucho de asignar un carácter ontológico a la noción de error..." Y es que el ser humano trasciende su propia naturaleza física para situarse frente a una perspectiva que tenga proyecto de vida y sentido global. Negar el abismo que se abre bajo sus pies, aislar al hombre del sinsentido vital y del absurdo que rodea y penetra todo sentido, es lo que puede socavar toda la sociedad. En palabras de Husserl, esta existencia nuestra que se nos da de antemano, este suelo para toda praxis, la experimentación pre y extracientífica de la realidad se apoya sobre una precaria constitución, siempre proclive al desmoronamiento.

La modernidad, cuyas características distintivas son la racionalidad científico-técnica y el despliegue del sistema capitalista, ha erosionado algunos de los pilares sobre los que se asentaba el universo religioso y ahora enfrenta sistemáticamente la religiosidad. La Ilustración que llevó a cabo una crítica feroz en el plano de las ideas y dogmatizó en torno a la liberación de la humanidad erigiendo en baluarte a la razón como única forma de ver la realidad, muy pronto dio paso al vitalismo filosófico quien reconoció la insatisfacción del totalitarismo del sueño de la razón.

Tanto Bergson, Georg Simmel, como Ortega y Gasset tuvieron que rescatar la afirmación de la vida frente al orden de la razón.. Decía Bergson: "Referir un sistema de ideas a una lógica o una pre-lógica , es hacer de nuestros más lejanos antepasados unos intelectuales, puesto que vemos a las mas bellas teorías doblegarse ante la pasión y el interés, mientras que la vida entera estaba suspendida de las antiguas religiones." Ortega distinguía entre ideas y creencias. "Las ideas se tienen, decía, en las creencias se está" Porque las ideas las producimos, las discutimos, las propagamos, pero en las creencias, no hacemos nada, sino que simplemente estamos en ellas. Existen pues dos órdenes en la experiencia humana diferenciados; uno racional y otro vivencial que no puede ser sustituido por la racionalidad.

Manuel de León es escritor, historiador, y director de "Vínculo" (revista de las Iglesias de Cristo de España).
© M. de León, 2005, Asturias, España.

 
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