Número 76 - 10 de abril 2005
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DAVID MANZANAS 
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¿Es Dios razonable?

No, no te asustes. El titulo de esta página no quiere preguntarse sobre si Dios esta capacitado de razón, sino si nosotros, con nuestra razón, podemos llegar a Dios. O lo que es lo mismo, si por medio de nuestra razón, de nuestros argumentos, podemos demostrar su existencia, o su no existencia, si podemos llegar a conocerlo y comprenderlo.

El tema de estas líneas me lo suscitó la lectura de un pensamiento d un bilbaíno universal, Miguel de Unamuno, quien escribió: "Dios no es racional, sino cordial; no se demuestra con argumentos lógicos su existencia ni su no existencia. O se le siente o no se le siente; o se tiene experiencia personal con Él... o no se tiene. Para el que lo sienta en si, las razones sobran, para el que no lo sienta sobran también:" Hasta aquí la cita.

No sé qué pensarás tu de estas palabras, pero a mi me impresionan. "Dios no es racional­, sino cordial : "El camino para encontrar a Dios no es la mente, sino el corazón. A Dios se le siente, mucho más cerca que se le razona. Y este solo argumento del "senti­miento" basta.

Siempre se ha dicho que e1 ser humano es un ser racional, y que lo que le distingue del resto de los animales es su capacidad de pensar y razonar. El problema es cuando la racionalidad del hombre anula su capacidad de sentir, de asombrarse ante lo inexplicable y de admitir lo desconocido. El gran error del racionalismo es afirmar que todo aquello que no se comprende y no se puede alcanzar con la, o no existe o es fruto de la imaginación, cuando no de la superstición .­ Para nuestra cultura cientifista, todo ha de ser claramente demostrable y objetivable. Pero Dios, que no se deja atrapar por nuestros manejos, no es demostrable en el laboratorio ni susceptible de ser probado. Simplemente hay que sentirlo, y como muy bien dijo Unamuno, al que lo siente, le sobran razones. Dice un refrán que "el corazón entiende de razones que la razón no entiende. "Hemos de tener la suficiente humildad de reconocer que nuestra mente no puede pensar a Dios, no puede "reconstruirle", y cuando así lo intenta, lo que le sale es un ídolo inconsistente, con pies de barro y pesado como un lastre de plomo. Un ídolo incapaz de responder a las cuestiones reales de la vida del hombre, incapaz de amar y de tener misericordia, incapaz de sentir.

Muchas veces los cristianos quizás abru­mados por aquellos que nos pedían pruebas concluyentes de la existencia de Dios, hemos caído en la trampa de considerar que Dios puede ser "analizado". Y no hemos sabido distinguir entre pensar a Dios y pensar en Dios. Parece lo mismo, sin embargo hay una gran distancia entre ambos conceptos. La mente humana no puede pensar a Dios, porque Él no es un objeto que podamos coger y descomponer, analizar y recomponer. Pero sí podemos pensar en Dios, tenerlo siempre en cuenta, reflexionar sobre 1o que dice y lo que hace, lo que quiere y lo que abomina, lo que nos da y lo que nos pide. Puedo, mas aún, debo, pensar en Dios, pero habiéndolo sentido antes, habiendo tenido esta "experiencia personal con Él" que decía Unamuno.

Dios habla al corazón del hombre, a su ser mas íntimo y sensible. Sí, porque Dios es cordial (palabra que viene del latín "cor, cordis", corazón). Porque en definitiva, ¿qué somos sino lo que sentimos? Podemos tener muy buenas ideas y muy buenos conceptos, pero si no lo tenemos en el corazón, si no lo sentimos, no pasa de ser una pura teoría, intangible y desencarnada, sin aplicación. Pero cuando algo se siente, nada puede resistírsele.

Piensa en Dios, pero, por encima de todo, siéntelo muy dentro de ti.

© D. Manzanas, Cristianismo Protestante, nº 35 enero-marzo 2005

 
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