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Número 76 - 08 de abril 2005
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wenceslao calvo
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Los bereberes


' Y cuando él se lo permitió, Pablo, estando en
pie en las gradas, hizo señal con la mano al pueblo.
Y hecho gran silencio, habló en lengua hebrea,
diciendo: Varones hermanos y padres, oíd ahora mi defensa ante vosotros.
Y al oír que les hablaba en lengua hebrea, guardaron más silencio
.
'
( Mateo 7:16-20 )


En el pasado mes de marzo tuve la oportunidad de visitar una ciudad del norte de África atendiendo a la invitación de una organización cristiana que trabaja allí tratando de ayudar a personas que viven atrapadas en la marginación y la delincuencia. No era la primera vez que viajaba a dicho lugar pues en los últimos 10 años he tenido ocasión de ir allí varias veces. Algunos de los internos acogidos en esa organización son musulmanes nativos de esa región y para mí es de especial relevancia poder compartir el evangelio con ellos pues desde hace bastantes años tengo interés en estas personas. De hecho puedo decir que, en líneas generales, siempre me ha resultado mucho más asequible abordar a un musulmán para compartir el evangelio que acercarme a un occidental para hacer lo mismo. Mientras que en el segundo caso el rechazo es casi inmediato, en el primero la receptividad para escuchar y hablar da pie para sostener largas y profundas conversaciones sobre cuestiones trascendentales.

Hace unos 20 años fui expulsado de un país del Magreb al intentar llevar literatura cristiana, con el añadido de quedar fichado y tener la entrada prohibida al mismo. Sin embargo, la realización de los viajes anteriormente mencionados de alguna manera ha venido a abrir puertas allí donde otras se habían cerrado. Por eso para mí fue un verdadero deleite ver cómo entre mi audiencia tenía a personas cuyo trasfondo era musulmán y que atentamente escuchaban mi exposición bíblica. Entre ellos me fijé en un muchacho de unos 20 años cuyo aspecto físico era bien distinto al de los otros: si los demás eran de tez morena y pelo oscuro éste en cambio tenía rasgos que le harían pasar perfectamente por un europeo. Cuando nos pusimos a cenar me senté a su lado y le pregunté su nombre, Marzoq, me dijo, y se identificó como bereber. No estaba allí por problemas de marginación como otros sino por cuestiones familiares y personales; su mirada denotaba una perspicaz inteligencia y su porte era elegante. Aunque hablaba el árabe, su lengua materna era el tamazight , una de las lenguas de la rama bereber pariente cercana de la tamaceq hablada por los tuaregs del desierto del Sahara.

La apertura al evangelio de este muchacho y su nítida conciencia de pertenecer a un determinado colectivo cuya identidad, cultura y lengua no son reconocidas oficialmente e incluso son perseguidas en determinados países, retrotrajo mi pensamiento al vivero que un día fuera esa región para el cristianismo. Sí, aunque parezca mentira el Magreb contó con algunas de las iglesias más florecientes , como la de Cartago, y fue cuna de personajes de talla universal, como Tertuliano, Cipriano o Agustín. Pero lo que un día fue una luz cuyos resplandores alcanzaron a la otra orilla del Mediterráneo e incluso más allá, se convirtió casi instantáneamente en una espesa tiniebla.

¿Qué pasó en el Magreb para se produjera un cambio tan drástico? ¿Cuál fue la causa que originó tal hecatombe? La respuesta fácil sería decir que la culpa la tuvo el avance victorioso del Islam. Pero ¿por qué ese mismo Islam no pudo hacer lo propio en Egipto, donde hasta el día de hoy pervive una minoritaria pero poderosa Iglesia copta? Dejemos que el historiador G. Bardy nos aclare esta cuestión:
'A primera vista el hundimiento del cristianismo en África parece un fenómeno inexplicable... Las causas de esta desaparición son ciertamente numerosas. Pero entre ellas no hay quizás una tan importante como el carácter romano del cristianismo en esta región. Los que habían sido ganados por la Iglesia eran esencialmente romanos de lengua latina; desde el principio, sus obispos y sus sacerdotes fueron latinos; su liturgia fue latina; su Biblia fue latina y nadie soñó nunca en traducirla al púnico, a pesar de que -al parecer- existía una literatura púnica. Todo lo más, se preocuparon de ofrecer a los indígenas la ventaja de una predicación en púnico, aunque los obispos y sacerdotes capaces de hablar esta lengua fueron siempre demasiado escasos para realizar conquistas de vasto alcance... Por eso no hemos de extrañarnos de que, a partir de las grandes invasiones árabes, la Iglesia de África se viera pronto liquidada; culpable de no haber echado raíces suficientemente profundas en las poblaciones indígenas, acabó por desfallecer y morir.'
(G. Bardy, La question des langues dans l'Eglise ancienne)

Es decir, en el Magreb nadie se tomó la molestia de traducir la Biblia a la lengua del pueblo aborigen. Sin embargo, en Egipto ya había una traducción de la Biblia hecha desde el año 300 d.C. al copto. He aquí la diferencia entre estas dos regiones del norte de África: el cristianismo de la parte oriental, Egipto, pudo resistir la marea del Islam y sobrevivir a la misma porque los cristianos nativos tenían su fe basada en una Biblia que hablaba en su lengua materna; el cristianismo de la parte occidental, el Magreb, se hundió porque los cristianos nativos tenían una fe basada en una Biblia que no podían entender, por lo cual fueron rápidamente asimilados y ganados para el Islam. Esta es la diferencia. Aunque en Egipto se hablaba una lengua que era vehículo de la cultura y de la intelectualidad, como era el griego, las clases populares hablaban el copto y no el griego. Y aunque el Antiguo Testamento ya había sido traducido siglos antes al griego, la famosa Septuaginta, y el Nuevo había sido escrito en esa lengua, alguien tuvo la sabiduría para darse cuenta de que a menos que se tradujera la Biblia a la lengua del pueblo, la fe cristiana nunca echaría verdaderas raíces allí. Esto es lo que salvó al cristianismo egipcio de ser engullido por el Islam.

Pero mi gran sorpresa en este viaje al norte de África fue comprobar que, tras 1.300 años del hundimiento del cristianismo en el Magreb, todavía no hay ni siquiera un Nuevo Testamento completo en tamazight; todo lo más algunos libros sueltos como Juan o Hechos. De manera que la población aborigen del Magreb, los bereberes, siguen si poder tener acceso a la Palabra de Dios en su lengua materna. Pertenezco a una organización, Wycliffe Traductores de la Biblia denominada Proel en España, cuyo énfasis es que la Biblia sea accesible a cada cual en su lengua materna, no meramente en una lengua próxima ni en una lengua dominante, por mucho prestigio que tenga. La importancia de la lengua materna es vital para llegar al corazón de las personas, como vemos en el pasaje bíblico arriba mencionado, donde encontramos a Pablo frente a una furiosa multitud de judíos enardecida contra él, que va a pasar en un instante del griterío más estruendoso al más respetuoso silencio para escuchar al apóstol. ¿Cuál fue la clave de ese cambio? Una muy simple pero muy poderosa: Que les habló en su lengua materna. Que aprendamos esta importante lección si es que queremos alcanzar para el evangelio a los pueblos inalcanzados.

Wenceslao Calvo es conferenciante, predicador y pastor en una iglesia de Madrid.
© W. Calvo, 2005, ProtestanteDigital.com, Madrid, España

 
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