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Número 76 - 05 de abril 2005
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JUan simarro
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El "evangelio" de la competitividad

Desde los puntos de vista social y económico, vivimos en Europa lo que podríamos llamar, con todo cuidado y sin la intención de malusar un concepto tan importante como el de Evangelio, el " Evangelio" de la Competitividad. Lo importante en la Europa, desde el punto de vista de los que detentan el capital, no es mantener el llamado Estado de Bienestar. Por eso, éste está en crisis. Los Estados no pueden mantenerlo, pues para el capital en una economía tan competitiva, hasta el Estado es una carga, un costo añadido que las ganancias que quiere el capital no pueden soportar.

Por eso los modernos Estados no pueden redistribuir los fondos que sólo desde los impuestos pueden venir. La lucha por la competitividad de las economías en Europa, pide los menos impuestos posibles. Así, los Estados de Europa se ven incapaces de mantener el Estado de Bienestar que se mantuvo con economías cinco veces más pobres que las economías de la Europa de hoy. En nuestro siglo recién inaugurado no se podrá seguir promoviendo el Estado de Bienestar que se podía disfrutar en las décadas de los sesenta y siguientes.

Muchas consecuciones sociales se vendrán abajo y muchas políticas que se basaban en el compartir o en la redistribución de la riqueza a través de lo conseguido por tasas e impuestos no se podrán hacer . Así, los Estados de Europa tenderán a la reducción de los gastos sociales y a reducir lo más posible los costos del trabajo en beneficio de los capitales privados. Lo importante es que la economía europea llegue a ser la más competitiva del mundo y para esto las subidas de impuestos a las empresas son un freno y el costo de la mano de obra un problema, ya que los salarios se consideran una carga para el capital. Hay que reducir la mano de obra lo más posible con el uso de la tecnología e impedir las subidas salariales. Si los salarios suben, habrá que reducir el número de trabajadores.

¿Y adónde nos lleva todo esto? El razonamiento de los que detentan el capital es que el hecho de conseguir que Europa sea altamente competitiva , o el que alcance la economía más competitiva del mundo, es lo que, en su día, permitirá a los grandes capitales el tener recursos suficientes para la solidaridad con los más débiles. Pero antes hay que pasar por una alta flexibilidad en el trabajo, aunque esto cree inseguridad en los trabajadores, hay que pasar por las bajadas de impuestos a las empresas más competitivas y hacer que se produzcan ganancias sobradas para el capital.

Y la pregunta sería: ¿Pero llegará algún día la situación en que los que detentan los capitales digan que ya tienen suficiente y que es el momento de derivar recursos financieros hacia la solidaridad con los más débiles de Europa o del mundo? Los indicios no parecen ser optimistas. La pobreza en el mundo sigue creciendo y cada día hay pobres más pobres y ricos más ricos. Muchos derechos conseguidos en el antiguo Estado del Bienestar, se van perdiendo, como el derecho al trabajo. Más que personas con derecho al trabajo lo que está habiendo son personas que están agónicamente disponibles para que alguien las quiera contratar aunque sea sólo por una semana. Ya nadie garantiza ninguna estabilidad a nadie. Para la mayoría, la seguridad en el empleo ha quedado como algo del pasado.

Lo único que queda a la persona es intentar adecuarse a las nuevas situaciones y sólo los más competitivos serán los que vayan sobreviviendo en este mundo donde todo se somete al "dios dinero" , al "evangelio" de la competitividad . Los más débiles o los menos competitivos por alguna circunstancia, serán los que se queden tirados al lado de la esquina. Sólo algunos individuos serán "rentables" para el capital. ¿Quién se va a preocupar de los demás? ¿Quiénes van a constituir una mano tendida hacia los débiles? ¿Quiénes van a ser la voz de denuncia por aquellos que no la tienen?

El Evangelio de verdad, tiene la respuesta. Y nosotros tenemos la responsabilidad de seguirla y de denunciar todo aquello que coadyuve a la pérdida de dignidad de las personas. Porque nos debemos al concepto de projimidad que nos dejó Jesús, no sólo teóricamente, sino con sus estilos de vida, sus hechos y sus prioridades.

Juan Simarro Fernández, licenciado en Filosofía, escritor y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid.
© J. Simarro, 2005, Madrid, España.

 
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