Sin duda la persona de Karol Wojtyla merece todo el respeto, así como la entidad que presidió y dirigió: la Iglesia católico romana (ICR). Pero el respeto no es contrario a la objetividad y a la coherencia, virtud esta última que precisamente distinguió al ahora fallecido Papa y que no poseen ni los políticos ni los medios de comunicación, que han convertido la muerte de Juan Pablo II en una mezcla de culebrón y exaltación de la mezcla Iglesia-Estado. Está de moda, es "políticamente correcto" alabar al Papa muerto.
Repetimos: todos nuestros respetos a la persona de Karol Wojtila; pero toda nuestra repulsa al uso que se ha hecho de su figura, su agonía y su muerte.
No es bueno, ni ético, hacer leña del árbol caído. Pero tampoco convertirlo en un tótem. Es necesario un análisis sosegado, razonado, que ni exalte ni denigre. En este sentido, coincidimos con las opiniones de Jaume Llenas, Secretario general de la Alianza Evangélica Española, que expone sobre esta tema en una entrevista en eMision.net.
Wojtyla ha sido una persona cercana, agradable en su trato, trabajador, y coherente con sus posturas católico-romanas (con las que evidentemente no coincidimos en gran parte). Precisamente la coherencia, en un mundo pragmático y falto de ideales, merece el máximo reconocimiento per se. Por otro lado, es evidente que ha luchado por aquellas de sus ideas que suponían una postura de justicia social: defensa de las democracias, postura en contra de la guerra, etc.; así como que ha tenido gestos públicos inusuales de acercamiento a otras confesiones (protestante, ortodoxa, judía, islámica), así como peticiones de perdón por actuaciones pasadas de la ICR.
Sin embargo, no podemos convertir en aplausos lo que son dos graves y evidentes vacíos o errores en el mejor de los casos. El primero, el camino retrógrado que bajo su mandato ha recorrido la Iglesia romana desde el concilio de Vaticano II hasta el de Trento en temas de dogma y moral (única y verdadera Iglesia, preservativo, papel de la mujer, infalibilidad papal, celibato obligatorio sacerdotal, mariología, Santa Tradición).
Y el segundo , la ausencia de contenido real que secundase sus "puestas en escena" ecuménicas de indudable valor simbólico pero nulo seguimiento en la realidad en las cuestiones esenciales en el diálogo ecuménico cristiano para cualquier protestante: la fe personal, la gracia directa de Dios con el ser humano y la Biblia como base de la nueva vida que Jesús promete y ofrece. La Iglesia (y no queremos decir "la" Iglesia de Roma) es importante, pero en un segundo nivel.
Pero lo que no entendemos es que el fallecimiento del Papa se convierta en el contenido casi único de los medios de comunicación . En los católicos confesionales se entiende perfectamente, aunque la manipulación de la imagen del Papa en las horas últimas de su vida activa ha sido penosa.
Pero lo que especialmente choca son aquellos medios que casi imprecaban a la ICR por sus posturas morales, y/o los que exaltaban la separación Iglesia-Estado (léase en especial Televisión Española, tan laica ella, y otras públicas) que causan asombro ahora con sus loas e inciensos permanentes, hasta el punto de que ha sido casi imposible encontrar una cadena de televisión en España que no estuviese emitiendo un contenido donde la ICR o el Papa no fuesen el centro. Muchos ciudadanos no católicos (la mayoría de la población) estamos interesados en un cierto y natural énfasis informativo sobre la muerte del Papa, pero nos encontramos saturados y aplastados antes este tsunami mediático papal que nos ha inundado.
¿Compensación de la culpabilidad por la agresividad anterior? ¿Justificar que a pesar de los ataques previos existe una buena disposición -transitoria- con la ICR? ¿Búsqueda de la audiencia que quiere cierto morbo mortuorio y sucesorio? ¿Alabar a la persona del Papa con tolerancia para rechazar luego más y mejor su mensaje? Posiblemente de todo un poco.
No puedo dejar de recordar que -como contraste- Jesús murió solo, resucitó solo, y se apareció a unos pocos. El no se presentó a las multitudes ( los medios de comunicación de su tiempo). Por eso encargó esa misión de la comunicación a un puñado de discípulos: "Id por todo el mundo anunciando estas buenas noticias". Y esa es la auténtica noticia. No que un gran personaje haya muerto, sino que El ha resucitado.
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2005 (España)