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DICCIONARIO ILUSTRADO DE INTÉRPRETES DE LA FE, Editor general Justo L.González, Editorial CLIE, Galvani 113, Terrassa (Barcelona), Teléfono 93-7881669, Terrassa 2004, 492 páginas.
Si me dejo guiar por la información del preámbulo, única de la que dispongo al comentar este libro, el “Diccionario Ilustrado de Intérpretes de la Fe” es un producto de la Asociación para la Educación Teológica Hispana, formada por unas 500 personas de habla hispana residentes casi todas en estados Unidos, Canadá y Puerto Rico.
La Asociación encargó al teólogo de origen cubano Justo L. González, residente en Estados Unidos, la preparación de este Diccionario. Como editores asociados han colaborado Carlos F. Cardoza, Ismael García, Zaida Maldonado, Luis G. Pedraja, Luis Rivera y José David Rodríguez.
La obra ha sido publicada por la Editorial CLIE, de Cataluña. En su redacción sigue la forma clásica, tal vez porque no hay otra. Breves fichas biográficas de personajes, ordenadas alfabéticamente. Como es habitual en esta clase de trabajos, predomina generalmente la información noticiosa sobre la valoración crítica.
Con el abad Abaudo, del siglo XII, hasta el reformador Ulrico Zwinglio, quienes abren y cierran las páginas del Diccionario, desde la A a la Z desfilan unos 2000 personajes de todos los tiempos, en su mayoría filósofos y teólogos de todas las ramas del Cristianismo, que no son pocas.
La biografía de los grandes de todos los tiempos se acompaña con algunas ilustraciones que reflejan las distintas épocas y los distintos países que fueron teatro de la vida de los escritores. Si bien en este capítulo del Diccionario los editores pudieron haber sido más generosos. La elección de esos 2000 personajes mencionados, cuya obra está consagrada por el tiempo, ofrece una amplia y completa relación del pensamiento religioso, científico y filosófico que ha conformado la Historia.
Junto al equipo de editores asociados han colaborado en el Diccionario unos 60 profesores de teología que ejercen en instituciones de América Latina. Desde mi particular punto de vista, a juicio mío, y si estoy equivocado pido disculpas, España ha sido marginada , peor aún, ninguneada en una obra escrita en español y destinada al pueblo hispano.
¿Por qué no figura un español en el equipo de los seis editores principales que han contribuido a este Diccionario? ¿Hay algún español entre los 60 profesores que han redactado las entradas? ¿Dónde están los españoles que destacaron en la Reforma del siglo XVI? ¿Dónde aparecen los grandes hombres que protagonizaron la Segunda Reforma en España? Busco en la C y no encuentro a Juan Bautista Cabrera. Busco en la M y no veo a Manuel Matamoros. Busco en la T y no aparece Cipriano de Tornos.
Tal vez el primero de los problemas que plantea un repertorio titulado como este Diccionario, que tiene como subtítulo “Veinte siglos de pensamiento cristiano”, es el de precisar íntegramente a quienes alcanza la calificación de “intérpretes de la fe”. ¿No fueron intérpretes de la fe los españoles que realizaron una obra gigantesca batallando contra la intolerancia, las amenazas y los castigos de gobiernos dirigidos por la jerarquía católica? ¿No fueron intérpretes de la fe hombres como José Alhama, Juan Calderón, Antonio Carrasco, Pedro Castro, Ricardo Cifré, Luis Fernández, Juan Flores, Manuel Jiménez, Luis López, Julián Moreno, Francisco de Paula, Pablo Sánchez, Miguel Trigo, Antonio Vallespinosa, José Vázquez, citados todos ellos por Rafael Arencón en su libro NUESTRAS RAICES, y más recientemente Adolfo y Carlos Araujo, José Flores, Manuel Gutiérrez Marín, José Cardona, Samuel Vila, José María Martínez y otros más?
El autor del preámbulo escribe que en el DICCIONARIO ILUSTRADO DE INTÉRPRETES DE LA FE, “se encontrará amplia representación asiática, africana y sobre todo latinoamericana”. Es cierto. Pero la madre patria queda en puro feto. Lamentable.
Con todo, este Diccionario viene a llenar un vacío que se hacía sentir. Esta obra es una herramienta de trabajo. No exige una lectura continuada. Los libros más útiles son aquellos en que los lectores ponen la mitad de su parte, amplían los conocimientos cuyo germen les presentan, corrigen lo que les parece defectuoso y refuerzan, con sus reflexiones, aquello que les parece endeble.
Nuestra gratitud a los redactores, a los editores y larga vida a esta obra de estudio.
Juan Antonio Monroy es escritor y crítico literario.
© J. A. Monroy, ProtestanteDigital.com, 2005 (España) |
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