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Número 76 - 10 de abril 2005
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JOSÉ DE SEGOVIA 
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Maldiciones generacionales
La guerra espiritual: una reflexión crítica (VII) 

Sabemos por el Antiguo Testamento que las naciones pueden se­r culpables de pecados colectivos. No sólo ciertas naciones gentiles sino Israel mismo. Tanto Nehemías (1:6) como Daniel (9:3,11,20) son ejemplos de personas que sintieron la carga de los pecados de su nación Para ello debían identificarse con sus pecados.

Tal vez ya haya escuchado alguna vez la posible razón por la que España no parece estar tan abierta al Evangelio, como otros países. Según una popular explicación, un paraguas cubre nuestro país de las lluvias de bendición de Dios desde que en 1492 los Reyes Católicos expulsaron a lo judíos españoles. Esa visión le fue mostrada a Samuel del Coso en 1984 ­para que el año 92 pudiera revocar España ese Edicto, trayendo un gran avivamiento, por medio de un acto público de arrepentimiento.

El 31 de marzo de 1992 el rey Juan Carlos I estaba en la sinagoga de Madrid, pero según Del Coso, el monarca "no revocó el Edicto", sino que "solo se limitó a hacer un acto de reconciliación". Aunque hay quien parece no estar de acuerdo, para el representante español de la Embajada cristiana Internacional Jerusalén, "fue una gran desilusión". Ya que "Dios estaba dando la oportunidad a España de romper con esa maldición que tanto mal le ha causado y... ¡la dejó escapar!" . Es así como los evangélicos españoles, herederos espirituales de aquellas víctimas protestantes de la Inquisición del siglo XVI, han de identificarse también con los pecados de su nación.

Esto es lo que en la guerra espiritual se llama habitualmente remitir los pecados de las naciones. Curiosamente, muchas veces la maldición puede estar relacionada incluso con un nombre. Así la fuente original de agua Pasadena y Los Ángeles (EE.UU.) es un dique que lleva el nombre de Puerta del Diablo, por lo que Lou Engle fue a echarle sal, como Eliseo al manantial de Jericó. Otros, como Mark Geppert organizan expediciones de oración desde Pittsburg (Pennsylvania, EE.UU.) para maldecir por ejemplo un árbol en una pequeña isla en el sur de Asía. O sin ir tan le ­ jos a Madrid mismo vienen grupos de todo el mundo a luchar en oración contra la estatua del ángel caído que hay en el parque del Retiro.

La base bíblica estaría en una transmisión genealógica de demonios, basada en aquellos textos que hablan de Dios como el `que visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que le aborrecen" (Ex. 20:5; 34:7). Hay un sentido, por lo tanto, por el que la Escritura no entiende que Dios trate con cada uno según su propio pecado (Ez.18:10-20), sino que hay ciertas maldiciones heredadas, generalmente en relación con el ocultismo que alcanzan a generaciones sucesivas.

Pero sí se habla de remitir el pecado de las naciones se supone que hay una autoridad para ello, que va más allá de la declaración del perdón de Dios, en el nombre de Jesucristo, que se hace en la predicación evangélica llamando al arrepentimiento. Es a la que se refiere Juan 20:22-23, y está basada en lo que Cristo hizo en la cruz y mediante su resurrección. Pero para ello debemos antes reprender al diablo y sus demonios, utilizando el nombre de Jesús como arma (Mr. 16:17), usando la Palabra (Ef. 6:17), el poder del Espíritu Santo (Mt. 12:28; Hch. 1:8) y la sangre de Jesús (Ap. 12:11).



Estas explicaciones y descripciones de los "espíritus territoriales" (del artículo anterior), de las "maldiciones generacionales" (de este artículo) y del "atar al hombre fuerte" y "el ministerio de liberación" del artículo de la semana siguiente serán contrastados a la luz de la enseñanza bíblica en una conclusión final


(1) Este artículo forma parte del Cuaderno “Guerra espiritual", publicado por la Alianza Evangélica Española; y que fue escrito por tres diferentes autores: José de Segovia, Julíán Mellado y Esteban Rodeman)
(2) Para contacatar con la AEE: www.AEEsp.net, correo-e: oficina@AEEsp.net  



Artículos anteriores de esta serie:
   1  Guerra espiritual y evangelización  
   2  Nuevas formas de espiritualidad  
   3  La Iglesia: el nuevo misticismo  
   4  Guerra espiritual y demoniomanía  
   5  Experiencia cristiana y Biblia  
   6  Los espíritus territoriales  

José de Segovia Barrón es periodista, teólogo y pastor en Madrid
© J. de Sevovia, 2005, Madrid, España

 
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