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Número 76 - 05 de abril 2005
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MANUEL DE LEÓN
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Capitalismo y desencanto religioso
Metamorfosis religiosa en la sociedad postmoderna (II)

La modernidad también se caracteriza por algo que invade, coloniza y domina todas las instituciones sociales y es la racionalidad escondida entre el calculo y la eficacia que despliega el capitalismo. Se suele decir que las instancias de la religiosidad calvinista han servido de soporte y han legitimado un mundo en el que domina la deidad de la eficacia, de la utilidad y del dinero. Se cita siempre a Weber quien ha encontrado el espíritu del capitalismo como reacción y consecuencia de la frugalidad y del ahorro que tenían las comunidades de la Reforma y posteriormente las de la Reforma Radical. Lo que no dice Weber es que el calvinismo haya legitimado el capitalismo, mas bien lo que está dando a entender, es que las consecuencias de una forma de vida religiosa, donde con unas pautas de vida y unos vínculos afectivos, comunitarios y fraternales se puede alcanzar un progreso que puede redundar en beneficio de otros mas necesitados. El capital mal empleado es lo que produce el capitalismo devorador y de momento no hay otra forma mejor de distribución de la riqueza.

Pero esta forma de vivir está produciendo, como diría Weber, la desmagización del mundo y un progreso abocado al sinsentido. "La ciencia - dice Weber- no tiene sentido porque no da sentido a la única pregunta importante para nosotros, la de qué debemos hacer y cómo debemos vivir". El mundo de la modernidad, no puede consolidar una racionalidad sin alma. No puede vivir en la reificación del mundo, en la conversión del dinero en fetiche de cálculo y usura, que están produciendo una cultura cansada pero nunca saciada. Una sociedad que tiene como móvil la utilidad y el interés, despreciando los aspectos comunitarios, afectivos y personales, solo puede caer en el vacío y en el malestar al no tener valores y pautas en la vida.

La secularización que quitó el paraguas protector de la religión-poder como visión del mundo tradicional y desplazó a esta al ámbito privado, no sería algo negativo si no fuese porque los trazos fronterizos de lo sagrado y lo profano se han desdibujado y disuelto. Los ataques de la época moderna a la ambigüedad y ambivalencia de lo religioso, nada favorecedor de un desarrollo progresista y de producción sostenible, no estarían mal hechos si no fuese porque la actitud intransigente y excluyente de la modernidad quiere convertirlo todo en tiempo profano . Lo que dice Eugenio Trias, es que la modernidad es el tiempo de la gran ocultación. "Lo sagrado y su manifestación simbólica, no queda destruido; mucho menos aniquilado; queda eso si inhibido (en el sentido freudiano del término). Subsiste en el inconsciente cultural e histórico". No se puede quitar la eternidad del corazón del hombre, aunque se descubran las hipocresías religiosas y aunque se apunte a la religión como generadora de miseria humana.

El sentido y el significado que la modernidad da a la religión es de insatisfacción y desencanto, pero también de búsqueda de sentido, un ansia por reintroducir una significación a la realidad, pero no desde la religión tradicional. Ya no es posible una religión global, que de un sentido global al mundo. El eclipse de las ideologías, que albergan un resabio y una pérdida de credibilidad de lo religioso no pueden dar un sentido unitario y salvífico del mundo. Los centros simbólicos posmodernos ofertan valores y sentidos siempre frágiles y precarios, y toda la cultura es policéntrica y fragmentaria. Por esta causa la religión también adopta una forma diferente y el individuo autónomo se erige como el único que puede elegir y construir su sentido del mundo y de su salvación personal. De ahí la consolidación de un consumismo religioso, que, según Berger y Lukmann, está provocado por instancias sociales destinadas a producir "pequeños mundos de vida".

Se dice que las sectas u otro tipo de comunidades, utilizan comercialmente y abastecen la demanda de sentido existencial . Los grupos de Internet y el amplio abanico de asociaciones ecológicas, feministas u otro tipo de comunidades que ofrecen una variada oferta, actúan como grupos necesitados de una sólida manera de vida. La escisión entre lo profano y lo sagrado ha hecho que toda construcción de sentido aunque es inexorablemente profana, tenga los arquetipos de lo sagrado. Según Ferraroti "lo sagrado en definitiva encuentra espacios nuevos y mas amplios. De esta manera se puede conjeturar y experimentar una visión no religiosa de lo sagrado".

La fragmentación de centros simbólicos, el estallido de las diferencias, la pluralidad de identidades que se aglutinan en microcomunidades, pueden beneficiar al protestantismo menos centralista y dependiente de representaciones de autoridad y disciplina religiosa.

Al mismo tiempo las denominaciones aunque compartan todas la unidad del cuerpo de Cristo, tienen otras peculiaridades que les cohesionan y delimitan. También en la congregación religiosa se estrechan vínculos sociales que hacen frente a la vida, sin necesidad de un aparato religioso con grandes medios y recursos provenientes de Acuerdos con el Estado.

El retorno de lo religioso bajo otras formas de ver y sentir, aunque estas sean bajo un rostro secularizado, puede suponer que la mies está madura para que los obreros de la mies recojan su fruto. ¿Tendrá el protestantismo visión y sabiduría para convertir el desencanto religioso en una nueva Reforma del espíritu y también del estilo de vida cotidiana?



Artículos anteriores de esta serie:
   1  Metamorfosis religiosa en la sociedad postmoderna  

Manuel de León es escritor, historiador, y director de "Vínculo" (revista de las Iglesias de Cristo de España).
© M. de León, 2005, Asturias, España.

 
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