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Protestantismo: voces de alarma
Algunos teólogos como Francis Schaeffer, que tenia una visión y experiencia de la modernidad, no han dudado en calificar, sin embargo, de “desastre evangélico” el estado actual de la comunidad evangélica. Todos los fundamentalismos suelen usar parecidos términos en cuanto no se amoldan a su cosmovisión dogmática o existencial de cada época, pero en este caso Schaeffer, confronta al protestantismo actual con la Biblia y entiende que una gran porción del mundo evangélico se ha conformado al espíritu de esta Era.
Quizás no acierte Schaeffer, cuando sistemáticamente ve a esta sociedad sin principios morales, sin ley, sin autoridad, libres y autónomos, como si estos principios estuviesen enfrentados sistemáticamente con la Biblia y el mensaje de Jesús. Esto es típico del dualismo Platónico, de la “Civitas Dei” de Agustín con esa división que se hace del ser humano, donde lo espiritual excluye o disminuye lo humano, lo mundano. La iglesia Católica abunda constantemente en este pensamiento donde lo religioso y espiritual solo está en los valores cristianos, en la sujeción a la enseñanza de la jerarquía y al estilo de vida propuesto por ella aunque en algunos casos, sean autenticas aberraciones que llevan a los hombres al desastre económico, social y espiritual. Una de las grandes equivocaciones del catolicismo latinoamericano y algunas de las encíclicas papales, han sido el sostener que la pobreza era amada por Dios, que era una virtud y por tanto las soluciones económicas dadas por las Instancias Jerárquicas sin un conocimiento mínimo de economía, han llevado a naciones enteras a la miseria.
Schaeffer parece referirse a esa autonomía del hombre postmoderno que excluye a Dios, que adapta la Biblia a ideas teológicas de moda, creando una neo-ortodoxia peligrosa. Desde la distorsión de las Escrituras, desde la confusión del Reino de Dios con programas socialistas y la permisión o no denuncia de programas y estructuras económicas que dejan al mundo en penuria económica, este teólogo se mantiene en pura confrontación al mundo. Denuncia Schaeffer a los evangélicos en aspectos que comprometen la fe o donde llegamos tarde a la denuncia como en el aborto, la homosexualidad u otras cuestiones de bioética donde por mantener la postura de no legislar la moralidad, nos hemos colocado en la neutralidad secular.
El teólogo laico católico Juan José Tamayo, desde la Teología de Liberación, también ve cómo el protestantismo puede caer en la trampa de una tradición legalista y religiosa, donde la teología, si no se vive, se convierte en una serie de elucubraciones de mentes desocupadas, ajenos a la realidad y donde pensar lo divino es lo mismo que pensar lo extraterrestre. Para este teólogo, el pensamiento crítico es desestabilizador y lo que busca nuestra cultura es la estabilidad. Cuando se es crítico, cuando se duda de todo como método de llegar a la verdad y desarrollar y trasformar la mente, siempre hay problemas con aquellas estructuras y jerarquías que se han acomodado a no pensar. El anquilosamiento del pensamiento en el protestantismo es de una certeza indiscutible. La rigidez de la hermenéutica en cuestiones como la mujer, la metodología en la enseñanza bíblica que no traspasa los umbrales de unos cuantos autodidactas, fundamentalismos infantiles que ignoran todo el contexto bíblico, pueden convertir al Evangelio, en vez de dinamita poderosa, en fuegos fatuos propios de los cementerios. Un protestantismo de pirotecnia, lleno de milagros, de sanaciones y locuras puede ser ese sepulcro blanqueado pero lleno de muertos en su interior.
Otras voces son críticas no hacia los credos que mantenemos y recitamos, sino con las prácticas que no nos confrontan con el mundo que vive de la injusticia, de la mentira, del odio, del afán por el dinero. La verdad si no trae confrontación no es verdad porque no tiene cotejo con la no-verdad. Por tanto debemos señalar la mentira partiendo de una jerarquía de verdad que viene de la Palabra de Dios expresada en la Biblia. Debemos entender al sistema enemigo y ver donde esconde su mentira y no gastar nuestras fuerzas buscando experiencias religiosas en batallas que no entendemos y solo Dios sabe el final. Si no nos damos cuenta de la complejidad humana, de todas las fuerzas espirituales, sociológicas, antropológicas, económicas y de poder que batallan contra nosotros, estaremos perdidos para el testimonio a este siglo.
Manuel de León es escritor, historiador, y director de "Vínculo"
(revista de las Iglesias de Cristo de España).
© M. de León, 2005, Asturias, España. |
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