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Número 78 - 19 de abril 2005
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JUan simarro
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Dios y la idolatría de la masculinidad

Hacer un acercamiento al concepto de Dios, es tarea ardua y difícil. Quizás porque la imagen real de Dios trasciendo toda representación conceptual y no deja encerrarse en unos cuantos conceptos humanos. Por eso, al hablar de ello, lo hago, como otras veces, con espíritu de humildad y alejado de todo dogmatismo. Por tanto, lo que yo diga aquí no lo voy a hacer enfáticamente y con una defensa radical, sino como queriendo aportar algunos elementos de reflexión que quizás nos puedan servir. Yo creo que se debería tender a tener una imagen inclusiva de Dios, es decir, una imagen que no excluyera del concepto de Dios, al Dios no expresado con imágenes masculinas.

El predominio tan profuso de emplear imágenes masculinas para acceder al concepto de Dios, puede tener sus problemáticas. Puede depender de la forma de pensar patriarcalista en la que se desarrolla la propia Biblia, puede depender de toda una visión del mundo en la que se da una jerarquización que implica sometimiento de unos a otros e ideas de dominio que se han dado más en la línea androcéntrica o patriarcal. Pero en la Biblia se da una comunidad humana que es alternativa a estas ideas: En el Reino de Dios, los más pequeños y tratados como subordinados o subalternos, serán llevados al primer plano de importancia. Dios se mueve en esa línea, quizás alejado de los planteamientos patriarcalistas y de la idolatría de la masculinidad que se ha querido poner en primer plano de importancia a lo largo de la historia. Dios no puede participar de esa visión del mundo. Quizás no se adapte exclusivamente a los patrones que se le han querido dar de patriarcalidad y masculinidad. Quizás Dios esté tan cerca o más de lo femenino que de lo masculino. Hay que buscar, pues, conceptos inclusivos para representar a Dios, que no excluyen la feminidad.

No es de extrañar que, muchas veces, el concepto de Dios dependa del contexto sociocultural en el que nos movemos en cada momento. Incluso los climas políticos más o menos dictatoriales, pueden influir en los conceptos de Dios. Pero ha primado, siguiendo la línea de la idolatría de la masculinidad, los conceptos asimétricos, quizás inaceptables, de un Dios que sigue los patrones del monarca, el señor, rey de reyes o señor de señores. Ante estos conceptos se tiene que dar la asimetría de buscar el no señor, el no rey. O sea, el esclavo o siervo y el de poderoso y sumiso. Así, al igual que en la jerarquización humana montada fundamentalmente por la idolatría de lo masculino, a Dios se le ha querido colocar en estos esquemas asimétricos: dueño-señor/esclavo y/o poderoso-dominante/sometido-plebeyo-súbdito, que podría tener su correspondencia hombre-dominador-patriarca/mujer-esclava-dominada.

Así no es de extrañar que, en nuestra historia reciente, muchos líderes políticos o religiosos hayan proyectado la imagen de un Dios que reprime, que castiga, que dirige ejércitos y que se le aclama mientras los aviones lanzan sus bombas ordenadas por tales aclamadores. Este Dios está respondiendo a la idea de un Dios masculinizado, dominante, señor y rey muy alejado del de otros misioneros humildes que se mezclan con el pueblo sufriente y sufren con ellos en una total identificación con el sufrimiento humano.

Quizás si la imagen de Dios fuera más inclusiva y mas acorde con los valores del Reino, no sucederían estas cosas. El varón dominante no tiene que ser el modelo con el que nos acerquemos al concepto de Dios. Debemos emplear conceptos más abiertos que incluyan de la misma manera la imagen femenina y la imagen de los desheredados de la tierra . Se debe eliminar el sustrato sexista que se da en el concepto de Dios. Así, cuando se habla de Dios Padre o Dios Hijo, se debe ver en ello, más que una relación basada en la masculinidad, una relación basada en el amor entre las personas. Padre e Hijo están mostrando simplemente una relación afectiva. No se trata de masculinidad, sino de relación filial. La misma que se podría dar entre Madre e Hija. Tengamos en cuenta que si Dios es espíritu, la misma palabra espíritu en hebreo ruah es femenina.

El que a Dios se le haya identificado siempre con una imagen de varón, ha perjudicado a las mujeres del mundo y ha potenciado la imagen del sexismo tan fuerte hoy en las iglesias , mucho más fuerte que en la moderna sociedad. Quizás los cristianos deberíamos hacer un esfuerzo más grande por cambiar las relaciones asimétricas que se dan en la sociedad, convertir la exclusión en inclusión, seguir los esquemas de los valores del Reino en donde los primeros serán los postreros, en donde los excluidos serán los primordialmente incluidos. Por eso creo que a Dios no le encajan los esquemas jerárquicos que han correspondido más a una dinámica patriarcal masculina.

El lenguaje para hablar de Dios debe ser más inclusivo. Ni siquiera salvaguardarlos dándole a Dios ciertos rasgos femeninos que quizás se conforman con hacer el concepto patriarcal algo más humano. El lenguaje para hablar de Dios debe ser no sólo inclusivo, sino liberador buscando la relación simétrica entre hombres y mujeres: ambos a imagen y semejanza del mismo Dios, entre señor y esclavo, que ya no debe existir, entre rey y súbdito que ambos deben ser ciudadanos sin sometimientos ni pleitesías falsas y no sentidas. Así, si Dios es Padre, también es Madre . El que es debe ser asimilable con La que es. El siervo y el señor se deben fundir en un abrazo y ser hermanos. Quizás afirmar esto no sea solamente alinearse con la teología feminista, sino alinearse con la búsqueda de una justicia que aleje las relaciones asimétricas entre los miembros de la familia humana. Así encontraremos el auténtico concepto de Dios.

Juan Simarro Fernández, licenciado en Filosofía, escritor y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid.
© J. Simarro, 2005, Madrid, España.

 
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