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Número 78 - 24 de abril 2005
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CRITICA LITERARIA POR J. A. MONROY 
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“Lo mejor de Andrew Murray”, Tomos I, II, y III. (Editorial Clie, Terrassa, Barcelona 2004. Teléfono 93-7881669)

Un tesoro no es solamente una cantidad de dinero, valores u objetos preciosos, reunida y guardada. Si una persona tiene su tesoro donde está su corazón, según dijo Jesús, y su corazón está en la literatura cristiana, los tres libros de los que aquí me ocupo constituyen un auténtico tesoro de literatura cristiana y de mística espiritual

Bien podría calificarse esta obra de Murray como una historia de la espiritualidad. El autor nos dice que los cristianos estamos en continuo viaje hacía Dios, y el inmovilismo en la vida del espíritu es tan nefasto como el inmovilismo en la vida física. La evolución en el conocimiento de la Palabra y de la Vida cristiana es una ley impuesta por el mismo Dios que nosotros no podemos detener ni olvidar.

EL AUTOR
Conozcamos al autor: Andrew Murray nació en 1828 en Sudáfrica, donde su padre era pastor. Desde 1845 a 1848 estudió en la Universidad de Utrecht, en Holanda. Su ministerio pastoral lo realizó prácticamente en Sudáfrica, donde también estableció un Instituto para la formación de misioneros. Viajó a Estados Unidos. Escribió importantes obras de estudios bíblicos y de espiritualidad. Murió en enero de 1917, tras una larga vida de 89 años, dedicada en su totalidad al servicio de la causa cristiana.

Editorial Clie ha incluido estos tres tomos de Murray en su colección de “ Grandes autores de la fe ”, que dirige el incansable Alfonso Ropero. La compilación, adaptación y corrección de los mismos ha sido realizada, admirablemente realizada, por Ana Magdalena Troncoso. ¿Es también de ella la traducción del ingles al castellano? No se dice.

TRES TOMOS
En el primer tomo Troncoso califica la obra de Murray de “verdaderos banquetes espirituales”. Ropero añade que “el estilo de Murray es sencillo y directo”, su intención es “guiar al lector al texto bíblico para que sea él mismo quien aplique a su vida el sentido y la experiencia de Cristo que se desprende de la Palabra”.

Un total de 718 páginas forman el primer tomo, 605 el segundo y 348 el tercero.

Me apresuro a tranquilizar el ánimo de los lectores, tal vez aburridos de antemano por el aluvión de páginas. Pero es cuestión de empezar a leer. Admira en Murray su forma de concretar las ideas y el tratamiento lógico que da a cada tema. En los primeros capítulos dedicados a la persona de Dios, el autor nos desafía a llegar al conocimiento máximo de Su voluntad, a fin de hacer mayores nuestras expectativas. En las páginas siguientes del primer tomo Murray escribe sobre Cristo, el Espíritu Santo y la Iglesia. “La gran obra del ministerio del Evangelio es guiar a los creyentes al Espíritu Santo”, dice. “Cuando el espíritu de contrición se apodere del ministro”, añade, habrá esperanza para la Iglesia.

El contenido del segundo tomo se estructura en tres grandes secciones, que incluyen seis obras que en su vida tuvieron una gran aceptación: “ La humildad ”, “ La escuela de la obediencia ”, “ Consagración total ”, “ La oración ”, “ Educación familiar ” y “ El dinero ”. Concluye con un apéndice de 118 páginas que trata de la vida interior.

El tercer tomo , de menos páginas que los dos anteriores, está formado por otras tres obras: “ Confesión y perdón ”, un comentario magnifico del Salmo 51. Este Salmo, tan leído, tan estudiado, adquiere una trascendencia nueva en la pluma de Murray. Le sigue “ La vid verdadera ”, exposición del capítulo 15 del Evangelio de San Juan. El autor diserta sobre la unión existente entre la vid, Cristo, y las ramas o pámpanos, figuras del cristiano. La conexión entre la vid y las ramas es viva. Tan intima es la unión entre ambas, que una no es nada sin la otra.

En la última parte del tercer tomo, desde la página 109 a la 341, figura un comentario a la epístola a los Hebreos. El que escribió Martín Lutero, también publicado por Editorial Clie, es profesoral y algo polémico, al igual que el de Calvino, del que tengo un ejemplar impreso por “ Publicaciones de la Fuente ” en Méjico. Tanto Lutero como Calvino polemizan en demasía. Murray no. Este autor Sudafricano escribe a la manera de Meyer, dejando a un lado la erudición y centrándose en el mensaje devocional y estrictamente espiritual que tiene la epístola a los Hebreos.

En estos tres tomos que el editor llama “ Lo mejor de Murray ” tenemos, en realidad, lo más destacado de doce libros que fueron luces para el alma en su tiempo y que hoy, en una sociedad materializada hasta las raíces del alma, con una Iglesia débil, claudicando entre muchos pensamientos, constituyen una tabla salvadora en este naufragio global del espíritu.

Juan Antonio Monroy es escritor y crítico literario.
© J. A. Monroy, ProtestanteDigital.com, 2005 (España)

 
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