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Número 78 - 19 de abril 2005
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JOSÉ DE SEGOVIA
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¿A quién encontrarás en el Cielo?

La vida tiene sorpresas, pero pocas comparadas con las que nos esperan en el Cielo. No hay duda que ese día nuestro asombro será mayúsculo cuando nos encontremos con personas que nunca imaginamos que estuvieran allí y echemos de menos a otras, que pensábamos ocuparían un lugar preferencial. No es extraño por lo tanto que la novela de Mitch Albom, Las cinco personas que encontrarás en el cielo (que acaba de publicar en castellano la editorial Maeva de Barcelona, en una excelente traducción de Antolín Rato), haya fascinado tanto a los lectores de todo el mundo, que se ha convertido en uno de los libros más vendidos de estos últimos meses. Pero la verdad es que su tema no es tanto la eternidad, como la perspectiva que da a las circunstancias y actos de la vida presente.

Como en tantas narraciones alegóricas y cuentos, que son en parte melodrama y en parte parábola, en esta novela nos encontramos con una persona fallecida, que al ir al Cielo ve su vida de otra manera, a la que había podido percibir hasta ahora. El libro comienza en este sentido por el final, el día que el personaje de Eddie, un anciano veterano de guerra cumple 83 años y está a punto de morir, al intentar salvar a una niña de un accidente. Su funeral y la limpieza que hacen sus amigos de su apartamento, mientras se intentan hacer a la idea de su ausencia, trae una serie de flashbacks alternos, que recorren sucesos, épocas y personajes ligados afectivamente al protagonista, o gente desconocida suya, que sin saberlo han marcado toda su vida.

Aparentemente, la vida de este hombre no ha tenido ningún sentido trascendente, ya que su existencia ha discurrido monótona y gris en un trabajo como operario de mantenimiento de un parque de atracciones, que heredó de su padre. Pero la tercera y última parte de la novela nos muestra cómo en el Cielo descubre que cinco personas han tenido una influencia fundamental en su vida y en su muerte, cuando al estilo de Un cuento de Navidad de Dickens o ¡Qué bello es vivir! de Capra, cada uno nos cuenta una historia, que se entreteje inesperadamente en la vida de Eddie. Todos tienen un secreto, que contiene una lección para entender el por qué de su existencia . Ya que "todas las cosas", para Albom, "tienen un sentido, todos los finales son también comienzos", pero "lo que pasa es que no lo sabemos en su momento"...

¿HAY VIDA ANTES DE LA MUERTE?
Este libro lo dedica el autor de Martes con mi viejo profesor a su tío, pero también a cualquier persona que como Eddie, sienta que su vida no tiene importancia. Una vida llena de rutina y soledad, como la suya, parece que sólo se rompe los años que pasa con su mujer y en la guerra, para luego continuar una existencia dominada por la tristeza. Pero es en el Cielo, donde encontramos aquellos seres que nos explican la realidad de nuestro devenir humano. "Cada uno estaba en tu vida por una razón", dice Albom. "Puede que no supiéramos la razón en ese momento, pero para eso es el Cielo: para entender tu vida en la tierra." Y ¿qué es lo que comprenderemos entonces?

No sé si para el autor, el Cielo es un espacio simbólico, pero su razón es claramente para él la de ser un nexo de unión sobre el que gira toda nuestra trayectoria vital. Aunque hay personajes en el libro de Albom que mueren a una edad temprana. Al final descubrimos que sus muertes no carecen de propósito. Desde la perspectiva de esta tierra, sus vidas parecen malogradas, pero desde un punto de vista celestial, revelan la verdad última de las cosas. La duración de una vida no determina su valor, ya que incluso las tragedias conforman nuestra existencia. Por lo que no debemos disgustarnos con nuestras circunstancias, ya que a pesar de las apariencias, según el autor, estamos donde debemos estar.

La moraleja del libro en este sentido, es que para bien o para mal, hay una urdimbre secreta que sólo se hará legible al final. Porque "ninguna historia encaja por sí sola", aunque a veces "las historias se tocan en los bordes y otras veces se tapan completamente una a otra, como piedras debajo de un río". La impresión que tenemos de habernos equivocado, o de no estar en un lugar que no nos corresponde es porque desconocemos que más allá del azar, nuestros actos tienen significado.

Conocemos muchas personas a lo largo de nuestra vida. Algunas las recordamos y otras las olvidamos, pero los acontecimientos se suceden, de tal modo que la vida parece que nos reúne y nos separa, sin aparente razón alguna. Pero ¿qué ocurriría si la muerte no es el fin? En ese Cielo uno podría descubrir que después de todo es posible la reconciliación de toda la vida humana. Pero no sólo los unos con los otros, sino que fundamentalmente, y al final, con nosotros mismos.

¿UN CIELO SIN DIOS?

Muchos leen esta novela, no sólo perplejos por la realidad de su existencia, sino intrigados por saber qué hay después de la muerte. Cada religión tiene su idea y nadie parece haber venido después de la muerte para contárnoslo. Esta novela tiene también su teoría. No se basa en una visión del autor, ni ninguna inspiración de origen divino, sino que Albom dice que su idea del Cielo es de hecho una "suposición" o un "deseo". ¿Qué es lo que nos espera entonces después de la muerte?

Aunque la mayor parte del libro de Albom transcurre en el Cielo, Dios está notablemente ausente . En el mejor de los casos, está al fondo, siempre presente, pero extrañamente silencioso. Para él, "el más grande regalo que Dios puede darte es entender lo que ha pasado con tu vida". Esa "es la paz que buscamos". El Cielo nos da por lo tanto significado. Por lo que los gozos del Cielo no están tan lejos de nuestras luchas aquí en la tierra. Es por él que nuestra vida importa e importa ya mismo.

Toda época se ha construido su propia idea del Paraíso. La mayoría han pensado en una ciudad maravillosa o en un jardín virginal, donde los hombres se encuentran cara a cara con Dios. Pero el Cielo de Albom es poco más que una buena sesión de psicoterapia. Si existe es para que tus amigos y ayudantes te digan lo maravilloso que eres. En este Cielo, ya no esta Dios y su gloria en el centro de nuestra atención, sino nosotros mismos.

Lo importante de este Cielo no es que desaparezca el pecado, sino el dolor. Ya que para este libro, nuestro problema no es liberarnos del mal, sino recuperarnos de nuestros traumas. No hay bien ni mal, vicio ni virtud, sino que más allá de todo esquema ético, se coloca al individuo fuera de un universo moral, que de sentido a nuestra existencia. En este cielo obligatorio lo importante es sentirse bien , vernos como alguien especial y conectar místicamente con el río que fluye de la vida.

En la Biblia, el Cielo está allí donde Dios está. Su presencia lo llena todo. Al hacer su domicilio permanente entre los hombres, "Él morará con ellos y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios" ( Apocalipsis 21:3). Esa es la herencia prometida por Dios a su pueblo: que Dios será su Dios. Esa es la fuente de consuelo y aliento, que "enjugará toda lágrima" (v. 4), por la que ya "no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor". Porque Dios es el único que da significado a nuestra vida.

José de Segovia Barrón es periodista, teólogo y pastor en Madrid.
© J. de Segovia, 2005, Madrid, España.

 
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