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Protestantismo: voces de alarma (II)
En el VI Congreso Evangélico Español, Pablo Martínez Vila, en su discurso sobre la autocrítica sana y equilibrada que el pueblo evangélico español necesita para saber donde está y donde quiere llegar, destacó además de los logros, también las desviaciones. Entre los logros, citó aquellos en los que el protestantismo español numéricamente se duplicó entre los años 1980 a 1990, según estimaciones de Gabino Fernández. Se le añaden las obras sociales abiertas en cada iglesia y a nivel nacional, dirigidas estas especialmente a los drogadictos y marginados, y también una obra misionera con criterios mas ordenados en la evangelización. Consideró como algo importante la pre-evangelización llevada a cabo por los medios de comunicación que FEREDE y AEE impulsan para cambiar la imagen de secta que permanece aún entre los españoles. También significó la gran tarea de creyentes laicos que después de su trabajo habitual dedican gran parte de su tiempo libre en la Obra. Pero lo que mas llamó la atención fue en las desviaciones. Es en este análisis donde Pablo Martínez puedo haber sido aventurado en el entendimiento del "ser creyente en este siglo", porque no es fácil un análisis riguroso, con la Biblia en la mano, del tiempo presente sin que se caiga en moralismos inconscientes o fundamentalismos dogmáticos.
Dice Pablo Martínez en su magnífico análisis del protestantismo español, que aunque sea este un caso histórico único, no deja de tener elementos comunes a la filosofía y teología que se vive en otras latitudes. Entre estos elementos comunes está el hedonismo, el individualismo, la permisividad, ese "yo carnal" que produce envidias, envanecimientos y egoísmos en suma no cumplir con la exhortación de Jesús en el Sermón del Monte: "Brille vuestra luz delante de los hombres". La necesidad de un protestantismo que tenga vidas cambiadas, iglesias atractivas y terapéuticas, y creyentes inmersos en la sociedad, no tiene nada que objetar porque es un mensaje intemporal. Lo que llama un poco la atención es cuando dice que el creyente se ha conformado a un modo de ser hedonista, individualista y permisivo. Estas características de la postmodernidad y que fueron también de la modernidad, si se descalifican de entrada como elementos negativos, pueden producir efectos mas perjudiciales.
Si sobre el hedonismo , se dice que los creyentes solo aspiran a pasarlo bien y a esforzarse lo menos posible; que el creyente solo va a la iglesia como espectador y donde solo expresa si le ha gustado o no el sermón; que los jóvenes participan poco y les cuesta ir a las reuniones mientras que a los conciertos van todos, solo demuestra que el estilo de vida eclesial no es propio de este tiempo y que se aleja mucho del puritanismo del XIX, o de la sobriedad del XVI, pero no es nada extrabíblico ese sentido lúdico y vital que busca otras formas eclesiales. Podríamos decir, por el contrario, que si volvemos al getto eclesial, a la religión de la tristeza y de la negación del vitalismo existencial, el mundo seguirá viéndonos como secta peligrosa en vez de sociedad terapéutica . Esto producirá jóvenes obedientes al sistema, pero que nunca podrán alcanzar y leudar su mundo.
Sobre el individualismo , Pablo Martínez acierta en la denuncia de aquellos aspectos en los que "cada uno hace lo bien le parece", y donde lo comunitario es lo contrapuesto a lo individual, destruyéndose la mutua ayuda, el consejo mutuo y la visión universal. Sin embargo el protestantismo, con ser fragmentario por esa individualidad y concepto de salvación personal, tiene unidad en la única iglesia de Cristo, en el Espíritu Santo y en el sentido de comunidad aunque sea reducido a esos dos o tres que están reunidos en el Nombre del Salvador. Las grandes iglesias y sus sistemas dogmáticos pueden ser un paraguas innecesario y hasta perjudicial, porque el individuo postmoderno- como veremos en otra sección- se une y reúne a aquellos foros en los que tienen mas identidad con sus dones y su personalidad. El creyente moderno puede parecer mas superficial, menos profundo, mas relativista, pero en estos defectos puede estar el progreso hacia la unidad del protestantismo, hacia esa visión mas universalista, en los que hay una sola fe, un solo bautismo, un solo Señor, una sola Iglesia de Cristo.
Cuando Schaeffer por ejemplo, dice que debemos separar las iglesias que creen en la Biblia y las que no, es una pura entelequia, porque todos creemos en toda la Biblia, pero las hermenéuticas suelen partir de prejuicios adquiridos y la Biblia se lee desde esos prejuicios. El Espíritu Santo conduce a toda verdad, pero sólo cuando se persevera en oración y estudio, cuando existe una verdadera relación con Cristo, es cuando la Palabra de Dios transforma vidas y solo sus frutos son verdad. La fidelidad personal y la coherencia harán que no estemos perdidos aún para el mundo de hoy.
Creer que la modernidad plantea divisiones porque se plantean problemas nuevos, es una tremenda locura. El liberalismo teológico y el modernismo de los años 30, que combatió Greham Machen y que dividió a la iglesia Prebiteriana, no fue la causa de las iglesias vacías, sino que eran síntomas de un cambio de tiempo donde lo secular y laico quitaba los paraguas de la religión aprendida y no vivida. El amor a la verdad puede estar mas en la disidencia que en la ortodoxia, porque las ortodoxias tienen sistemas inamovibles, tradiciones trasnochadas que ignoran y hasta desprecian al hombre que no comulga con sus dogmas supuestamente sacados de la Biblia.
Las paradojas y complejidades en el hecho religioso son mas abundantes de lo que a simple vista podemos apreciar, porque cuando se dice que necesitamos trazar límites frente al mal, que no debemos plegarnos a la mentira, estamos mas ante un hecho mas ético que doctrinal, a un hecho temporal frente a la eternidad que mira el hombre de fe. Así por ejemplo, en sus primeros años la Universidad de Harvard creía en el bautismo de niños, hasta el punto de que uno de los presidentes fue expulsado por no aceptar esa doctrina. Sin embargo esa universidad era posiblemente la mas comprometida con el Evangelio de las universidades evangélicas. Por consiguiente, podríamos concluir que el compromiso y la visión del hombre de fe pueden estar revestidos con ropajes de la postmodernidad, pero si existe ese compromiso y permanece esa visión, el protestantismo actual seguirá moldeando el mundo y seguirá siendo la sal de la tierra.
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Protestantismo: voces de alarma (I) |
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Manuel de León es escritor, historiador, y director de "Vínculo"
(revista de las Iglesias de Cristo de España).
© M. de León, 2005, Asturias, España. |
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