 |
Escasa base bíblica de la "guerra espiritual"
La guerra espiritual: una reflexión crítica (X)
Es indudable que ante lo innovador debemos saber ver los aspectos tanto positivos como negativos. En el caso de la llamada "guerra" espiritual los segundos superan ampliamente a los primeros. Pasemos a verlos de manera tazonada y razonable, y -sobre todo- a la luz de lo que la Biblia establece.
Aunque John Dawson de Juventud con una Misión, afirme que "la Biblia, generalmente, identifica a un espíritu maligno por su territorio o su característica principal", no puede citar más que al famoso pasaje sobre el 'Príncipe de Persia " de Daniel 10 y curiosamente "la muerte y el Hades", como si de espíritus se tratara, "lanzados al lago de fuego" en Apocalipsis 20. Ya que evidentemente la mayor parte de sus enseñanzas se basan en experiencias de misioneros y obreros cristianos, no en exégesis de textos bíblicos.
A la pregunta de si la cartografía espiritual es bíblica, el argentino Víctor Lorenzo cree que eso "es como decir que las cruzadas a nivel de toda la ciudad son escriturales porque son un medio de evangelización bíblica, o que la Escuela Dominical es bíblica como un medio de nutrición cristiana, incluso cuando ninguna de estas cosas es mencionada en La Biblia.
Jesús nos enseña, sin embargo, que los demonios necesitan personas, y en ocasiones animales, en los que habitar, no regiones, ni casas o territorios (Mt. 12:43-46). En ningún lugar la Biblia asume que estos principados sean dioses nacionales. Por e1 contrario "sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios. Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él. Pero no hay en todos este conocimiento... " (1 Co. 8:4-7).
El propio Antiguo Testamento así lo reconoce. "Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos" (1 Cr. 16:26; Sal. 96:5). El ídolo es literalmente, en hebreo (elilim), nada, algo que no existe y carece de entidad. Es por eso que los ídolos son a menudo traducidos como vanidades. Por eso los ridiculiza Elías, diciendo a los profetas de Baal, que tal vez esté su dios meditando, ocupado, de viaje, o dormido, por lo que haya que despertarle (1 R. 18:27).
Recurrir a referencias a "los lugares altos", para explicar la territorialidad de los espíritus, o al uso de la expresión "hijos de Israel" como "ángeles" (Dt. 32:8), para citando autoridades como F. F. Bruce, en base a una lectura de 1a Septuaginta (que dice, por cierto, 'pueblos", no tierras) y textos de una cueva de Qumrán, para pretender demostrar bíblicamente semejante idea, atenta contra las normas de exégesis más elementales.
Lo mismo que utilizar 1a discusión sobre Efesios 6:12 de eruditos, como Schlier, Barth, Berkhof, o Cullman, que ven ciertas estructuras sociales como demoníacas, ignora el hecho histórico por e1 que se está hablando del efecto de ideologías como el nazismo, y no de influencias espirituales. Estructuras sociales, como el gobierno, han sido además instituidas por Dios (Ro. 13:1; 1 P. 2:13-17; 1 Ti. 2:2). Y 1a mayor parte de los eruditos del Nuevo Testamento no son capaces de encontrar un orden jerárquico en Efesios 6:12 para justificar la distinciones que estos maestros hacen entre tantos términos y significados intercambiables en otras partes de la Escritura.
Tal y como declara el Grupo de Trabajo de Intercesión del Comité de Lausana para la Evangelización Mundial: "hay un peligro en volver a pensar y operar sobre cosmovisiones paganas, o una aplicación indiscriminada de analogías del Antiguo Testamento que han sido de hecho superadas por Jesucristo". La declaración de Lausana sugiere por eso que "el antídoto a esto es el estudio riguroso de toda la Escritura, interpretando siempre el Antiguo Testamento a la luz del Nuevo."
En los próximos artículos analizaremos s us tremendas repercusiones negativas para la evangelización; y su atención insana al diablo y la actividad demoníaca.
(1) Este artículo forma parte del Cuaderno "Guerra espiritual", publicado por la Alianza Evangélica Española; y que fue escrito por tres diferentes autores: José de Segovia, Julíán Mellado y Esteban Rodeman)
(2) Para contacatar con la AEE: www.AEEsp.net, correo-e: oficina@AEEsp.net
José de Segovia Barrón es periodista, teólogo y pastor en Madrid
© J. de Sevovia, 2005, Madrid, España |
|