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Ciudadano global
Una cara de la globalización, distinta a sus rostros más crueles, tiene que ver con acrecentar nuestra percepción hacia la pluralidad humana, hacia la diversidad de sensibilidades y sus formas de expresarla. Mi corazón, en el sentido bíblico del término, es más grande, compasivo y generoso gracias a una manifestación cultural de raíces profundas, como lo es la música.
• Un blues de B.B. King me desgarra
• El merengue dominicano es gozo en todo el cuerpo
• Un tango es sentimiento de fragilidad
• Las rancheras mexicanas grito que libera
• Esa extraña mezcla de cumbia andina es fiesta continua
• Las sonatas de Bach me elevan a lo excelso
• La opera Nabucco de Verdi, particularmente el canto de los esclavos hebreos -la línea "va el pensamiento sobre alas doradas"- me hace revalorar la libertad
• Eric Clapton y su Tears in Heaven es dolor agudo por la muerte de personas amadas
• La sensualidad de los ritmos brasileños me hacer entender mejor el eros de Cantar de los Cantares
• El Mesías de Handel me lleva de las lágrimas al gozo desatado ¡Aleluya!
• Las guitarras magistrales de Jesse Cook y Paco de Lucía son reminiscencias del cielo
• El virtuosismo de Apocaliptica y sus cellos mágicos me deslumbra
• La maestría genial de Fredy Mercury y Monteserrat Caballé , al cantar a duo Barcelona , me sacude emocionalmente
• Los cantos gregorianos pacifican mi alma y hacen que me derrame en alabanzas
Por todo esto, y muchos encuentros más con otras sensibilidades humanas, me siento liberado del pecado etnocentrista y me declaro ciudadano del mundo . Porque del "Señor es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan" (Salmo 24:1).
Carlos Mnez. Gª es sociólogo, escritor, e investigador del Centro de Estudios del Protestantismo Mexicano.
(c) Carlos Mnez. Gª, ProtestanteDigital.com, España, 2005 |