E s p e c i a l e s
Número 80 - 06 de mayo 2005
  E D I T O R I A L

NOTICIAS

Internacional
España
Sociedad
Ciudades
España @l día

NOTÍCIES

NEWS
From Spain
International
  HEMEROTECA
Especiales
Recortes de prensa
Números atrasados
Buscar

DOCUMENTOS
Históricos
Legales
Comunicados

DIRECTORIO

INTERACTIV@
Tu opinión
Cartas
Libro de visitas
Chat
Foros

Recomendar

Agregar a favoritos
Página de inicio
¿Quiénes somos?
Patrocinada por:
Alianza
Evangélica
Española
miembro de:
European
Evangelical
Alliance
World
Evangelical
Alliance
Claves
wenceslao calvo
[ Imprimir ] [ email ]

El Papa, falso Sumo Pontífice
Sumo Pontífice (III)

Por tanto, hermanos santos, participantes de la vocación celestial, considerad al Apósto
y Pontífice de nuestra profesión, Cristo Jesús
.'

(Hebreos 3:1)


Habiendo dejado clara la abismal diferencia entre los Pontífices del judaísmo y el Pontífice del cristianismo (Jesús) ahora tenemos que examinar la pretensión del catolicismo romano en el sentido de que el obispo de Roma es Sumo Pontífice. Para empezar aquí nos encontramos con algo muy grave por el hecho de que no se trata de personas procedentes del paganismo y sumidos por lo tanto en la ignorancia al desconocer que ya hay un Pontífice establecido para siempre que no transmite su cargo a nadie. Aquí estamos ante personas que afirman conocer eso y sin embargo pretenden compatibilizarlo con la existencia de otros Pontífices que se suceden unos a otros, de manera semejante al ya caducado sistema judío.

Lo que ha ocurrido en el catolicismo romano es que se ha hecho caso omiso del mensaje de la carta a los Hebreos al querer colocarse al mismo nivel que los adherentes de otras creencias, que tenían Pontífices visibles en la tierra, con toda la pompa y la manifestación externa que le acompañan. De ahí la importancia dada a lo externo: edificios, ceremonias y toda la parafernalia propia de ello.

El título Sumo Pontífice (Pontifex Maximus) era muy apetecible, humanamente hablando, porque era patrimonio de los Emperadores Romanos a partir de Augusto César, quien es representado en efigie con el atuendo sacerdotal. Ahora bien, en el momento en el que el Imperio Romano de occidente cae como consecuencia de la irrupción de los bárbaros en la escena y se produce el consiguiente vacío de poder, sólo hace falta un pequeño paso para que ese título sea asumido por el obispo de la antigua capital del Imperio, que de esta manera se convierte en sustituto del Emperador. El título, en ese contexto, tiene un claro origen pagano, ilegítimo pues. Al dar ese paso el obispo de Roma está contraviniendo lo que tan claramente enseña la Sagrada Escritura en todo lo que concierne al verdadero Pontificado.

La pretensión católico-romana no tiene legitimidad bíblica ni siquiera apoyándose en Mateo 16:18-19 o Juan 21:15-19, los dos textos clásicos aducidos para defender la primacía de Roma y de sus representantes sobre todas las demás iglesias. Y no la tiene porque en ninguno de los dos casos se contempla a Pedro como puente a través del cual los demás han de ir para llegarse a Dios. Sea cual sea la interpretación dada a esos pasajes, especialmente al primero, no cabe deducir una pretensión de esa clase, porque entre otras cosas el que dirigió esas palabras a Pedro, Cristo Jesús, estaría él mismo contradiciéndose si siendo Pontífice llamara a otro a serlo.

La pretensión católico-romana es una vuelta al judaísmo, es decir, un retroceso, una regresión, al constituir a un ser pecador y mortal como medio de acercamiento a Dios. Es decir, alguien necesitado de Pontífice constituido Pontífice. Se trata, en resumen, de una negación del Nuevo Pacto, que sólo contempla a Cristo como Sumo Pontífice.

La pretensión católico-romana es una negación del principio establecido en 1 Timoteo 2:5 donde se afirma que ‘ hay un Dios, asimismo un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.' Si ya hay un mediador, es decir un puente perfecto ¿para qué establecer otro imperfecto?.

La pretensión católico-romana es, en el fondo, una usurpación al designar a alguien para un oficio que sólo puede ser ejercido por uno a la vez y cuyo lugar ya está ocupado. El hecho de que los Emperadores Romanos desparecieran no significa que el Pontificado ha quedado vacante, porque hay Uno que lo sigue y lo seguirá ejerciendo por siempre jamás. Ahora bien, usurpar un cargo sagrado tiene un calificativo: sacrilegio, y en el caso que nos ocupa un agravante más: espíritu de anticristo; si entendemos la preposición griega anti en el sentido etimológico ‘en lugar de' tenemos que anticristo es aquel que suplanta a Cristo. Si el obispo de Roma se llama Pontífice es un suplantador de Cristo, o sea un anticristo.

La pretensión católico-romana es el principio de una multiplicación de mediadores, puesta de manifiesto en la ceremonia del 24 de diciembre de 1.999 en la que Juan Pablo II canonizó a 483 santos y a 1.345 beatos, para que por medio de ellos recibamos gracias y beneficios de parte de Dios. Es toda una galaxia de pontífices puesta entre nosotros y Dios cuyo desastroso resultado es encubrir al único y verdadero Pontífice del conocimiento de la gente. ¡Qué tremenda responsabilidad han adquirido los que tal hacen! ¡De la perdición de los que ponen su confianza en tales falsos pontífices han de dar cuentas un día!

Por todo lo cual ¿para qué quedarnos con lo meramente humano si tenemos lo divino? ¿para qué quedarnos con lo mortal si tenemos lo inmortal? ¿para qué quedarnos con lo ilegítimo si tenemos lo ilegítimo? ¿para qué quedarnos con lo falso si tenemos lo verdadero?

El pasaje bíblico arriba citado lo deja bien claro porque en Cristo Jesús tenemos al Apóstol, o sea al enviado de parte de Dios, y tenemos al Pontífice, o sea al puente hacia Dios. Esas dos palabras, Apóstol y Pontífice, lo resumen todo, pues en definitiva en él tenemos el camino de Dios hacia nosotros y el camino de nosotros hacia Dios. ¿Hace falta algo o alguien más?



Artículos anteriores de esta serie:
   1  Ratzinger, Sumo Pontífice  
   2  El verdadero Sumo Pontífice  

Wenceslao Calvo es conferenciante, predicador y pastor en una iglesia de Madrid.
© W. Calvo, 2005, ProtestanteDigital.com, Madrid, España

 
[ Imprimir ] [ email ]
 
 
EDITORIAL
mARTEs
JOSÉ DE SEGOVIA
De par en par
JUAN SIMARRO
Orbayu
MANUEL LEÓN
Letra pequeña
MANUEL LÓPEZ
dLirios
Luis Marián
La voz
CESAR VIDAL
Claves
WENCESLAO CALVO
Íntimo
YOLANDA TAMAYO

Enfoque
Juan A. Monroy

. ENCUESTAS
. PUBLICIDAD



© 2005 Protestante Digital, España.
Las opiniones vertidas por nuestros colaboradores se realizan a nivel personal, pudiendo coincidir o no con la postura de la dirección.
Colabora: