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Número 81 - 13 de mayo 2005
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dLirios y troyanos
LUIS MARIÁN
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Músicos seculares y religiosos


‘En el arte no hay malos motivos; hay motivos mal empleados.'
(Ricardo Güiraldes)

Muchos jóvenes cristianos han querido ser luz en la sombra intentando caminar por las oscuras sendas seculares de la música pop, rock o cualquier otro estilo contemporáneo. Pero el mayor problema con el que se encuentran algunos de estos creyentes es la cultura de gueto de sus propias iglesias y el entorno religioso más próximo.

Bandas y solistas cristianos han sido desanimados por hermanos en la fe en su intención de actuar con frecuencia en ambientes seculares. Se les dice que sólo deben estar allí para predicar a los perdidos y para poco, muy poco más. Vamos, que se les insta a que, más que luz en la sombra, sean estrellas fugaces de esas de las que es imposible saborear su huidizo rastro entre tanta frialdad noctámbula.

Ante esta persecución interna, el desánimo viene, por lo que estos grupos, en principio llamados a alcanzar el mundo para Cristo , acaban tocando en ambientes donde la audiencia se compone casi exclusivamente por cristianos que ya han asumido de antemano los retos que se propugnan con energía y radicalidad desde el escenario.

Hace pocos años, un conocido cantante cristiano cantaba ante unas 9.000 personas en Madrid. En uno de sus comentarios al público, el artista comentaba (en alusión a las consecuencias del festival de alabanza que él dirigía): “ El titular de hoy en el periódico del Infierno es: Gran Derrota en Madrid”. De inmediato, el auditorio se puso a dar voces de celebración y de identificación con el mensaje. Pero cuando salimos fuera, me dio la impresión de que nada o muy poco había cambiado en el entorno capitalino. En la urbe seguían los mismos comentarios de siempre, las mismas frustraciones, el mismo consumo de drogas (aunque dicen que aumenta), el mismo desconocimiento del Jesús de los evangelios, los mismos antros llenos, el mismo rechazo hacia la Iglesia, las mismas escasas conversiones y los mismos cristianos, que caminábamos raudos hacia casa porque al día siguiente había que ir al culto .

No es que no crea en que la mano de Dios se mueve en la música gospel; no es eso. Pero a menudo, como víctimas de la sociedad del hedonismo que somos, usamos extrañas espiritualizaciones para omitir carencias y comodidades paganas. Por desgracia, rehuimos con facilidad el esfuerzo que supone establecer nuestras comunidades y actividades entre la basura, y no en monasterios de ocio que nos eviten contaminarnos con el mundo .

Queremos estar tan alejados del mundo que algunos nos hemos convertido en auténticos alienígenas provenientes del microplaneta cristiano, ese que resulta relativamente atractivo a nivel privado e irrelevante a nivel social.

Jesús pudo pedirnos que, al igual que Michael Jackson, hiciésemos burbujas para aislarnos de la contaminación de la calle, pero no fue así. Su oración lo constata : “No ruego que los quites del mundo… Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo” (Juan 17, 15 y 18). ¿Cómo envió a Jesús el Padre? Pues en medio de la calle, sin aislamientos de sinagoga, sino revestido de poder y apoyo de los suyos para enfrentarse al mal mirándolo a los ojos, retándolo, denunciándolo y abrazándolo para perdonarlo si era necesario.

En otra ocasión, y como artista que es, Jesús recurre a la metáfora escenificada para decirnos que somos “la luz del mundo” y que “una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero” (Mateo 5, 14-15).

Me pregunto qué pensaría hoy el Maestro si se pasease entre nosotros y nos contemplara en escenarios seguros llamando al arrepentimiento a los arrepentidos, dialogando con los convencidos y proclamando cánticos de guerra con quienes salen poco a batallar. Y es evidente que las comunidades cristianas deben ser lugar de comunión y refrigerio en el que los artistas tengan su lugar de recogimiento e, incluso, su propio espacio para recibir un apoyo espiritual especializado; pero de ahí a apenas salir del refugio hay un trecho, un abismo.

Me anima el ver que Juan Luis Guerra, tras su conversión a la fe en Cristo, no ha dejado de actuar en la calle. Me anima que siga en el ámbito secular, porque sólo así podrá mantener su influencia en un mundo ahogado. Me anima ver que existen otros artistas cristianos que quieren luchar y sufrir por impactar de frente al mundo sin ser del mundo. Me anima el ver que existen quienes han entendido que Dios es un artista callejero al que imitar. Me anima el ver que todavía existen rebeldes que no renuncian al arte evangélico…, al evangelizador , quería decir. Son dignos de aplauso
.

Continuará y acabará.



Artículos anteriores de esta serie:
   1  El robo del arte  
   2  Música y artes sagrados  

Luis Marián trabaja en Madrid como documentalista en la Universidad Carlos III, y coordinador de la Biblioteca Protestante de Madrid. Es estudiante de periodismo y cofundador de Delirante un portal juvenil cristiano enfocado al diálogo con no creyentes.
© L. Marián, ProtestanteDigital.com, 2005, España.

 
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