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¿Podemos discrepar?
El protestantismo entiende que no hay ningún ser humano infalible. También que el hombre es potencialmente capaz de lo mejor y lo peor. De ahí que haya impulsado los primeros sistemas democráticos europeos, porque entiende que el hombre aspira a lo mejor (y por ello la democracia como gobierno es posible); pero también es capaz de lo peor; y por ello la democracia como control es necesaria.
Las mismas iglesias evangélicas o protestantes han surgido dentro de este espíritu de libre análisis, libertad de conciencia y búsqueda del consenso. No sólo no acepta figuras como el papado, o la jerarquía piramidal eclesiástica, sino que se opone a la tendencia de los tiempos en forma de los intereses personales o institucionales, y la facilidad con la que el ser humano se encumbra en posiciones de poder indiscutibles.
Por esta razón, desde el inicio de esta publicación, hemos apostado por defender la pluralidad y la búsqueda de la verdad en amor. Los únicos límites han sido los de la propia identidad protestante, dentro de una línea evangélica "ortodoxa"; pero con libertad para mostrar diversas opiniones o posturas siempre en el seno del respeto.
La unidad no es la uniformidad; de la misma forma que opinar diferente es la esencia del avance y el cambio. Aunque hay que reconocer que entrar en el terreno de la crítica es siempre para el criticado un ejercicio incómodo y poco agradable, es no sólo necesario sino imprescindible. Todos corremos el riesgo de equivocarnos en ocasiones, pero no permitir el debate es el mayor riesgo posible: creer que no nos equivocamos nunca, o que los demás no tienen derecho a discrepar de nosotros . Esta cerrazón, a la larga, supone no sólo inmovilismo y conformismo, sino también la creación de grandes lobbys de control y poder. En un extremos negativo estarían, en esta misma línea, los grupos sectarios y ultrafundamentalistas. De la misma forma, la anarquía en la crítica y que esta sea irrespetuosa puede llevar a la simple destrucción.
Por todo ello, nos parecen bien las diferencias. Todas aquellas que se expresen con honestidad y respeto sirven para mostrar la realidad que existe. Lo contrario es querer construir (y a veces imponer) un mundo a nuestra medida y deseos.
Queremos movernos en la realidad de la vida. Así que, con los límites de nuestra identidad protestante y el respeto mutuo, en este medio está permitido discrepar. De hecho, ya ha ocurrido muchas veces, pero lo recordamos porque la memoria es frágil.
También recordamos que este Editorial es la línea única que representa a la opinión o posición de ProtestanteDigital. El resto de opiniones que reflejan los artículos son a título personal, y como refleja siempre el pie de página de esta publicación, corresponde a quien firma el artículo. Es a ellos -principalmente- a quienes corresponde discrepar, sabiendo que se arriesgan a opinar en voz alta, y ser a su vez criticados. Así es la vida en este planeta. En el cielo estamos seguros de que, aunque se permitirá discrepar, estaremos todos de acuerdo.
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2005 (España)
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