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Número 81 - 15 de mayo 2005
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JOSÉ DE SEGOVIA 
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Obsesión por el diablo
La guerra espiritual: una reflexión crítica (XII) 

La enseñanza de la llamada “guerra espiritual” da una atención insana al diablo y la actividad demoníaca. El enemigo del Evangelio no es sólo el diablo, sino también e1 mundo y la carne. Cristo ha obtenido ya una victoria completa sobre Satanás. Por lo que no nos ha mandado a luchar contra el diablo en su nombre. De quien tenemos que ocuparnos es de Dios, no de Satanás.

No necesitamos destruir e1 reino de Satanás para edificar el reino de Dios en la tierra. Porque lo que hacemos entonces es despreciar la obra acabada de Cristo en 1a cruz, así como el propio ministerio del Espíritu Santo y sus ángeles.

Ya que como dice el documento de Lausana sobre este tema: "Una preocupación por lo demoníaco puede llevar a evitar la responsabilidad personal de nuestras acciones" . La contrapartida ha de ser un mismo énfasis en el mundo y la carne, con "la vigorosa enseñanza ética de la Biblia". Y " una preocupación con los poderes de la oscuridad puede exaltar a Satanás y disminuir a Jesús de la atención de la gente ". Pero " esto se cura con una fuerte enseñanza cristocéntrica, y una espiritualidad no centrada en metodologías de experiencias ". Por lo que ante " la tendencia de desviar el énfasis de la verdad al poder (...) hay que mantener el equilibrio entre la Palabra y el Espíritu ".

Pero, ¿por qué se ha hecho este movimiento de la guerra espiritual tan popular?

Tal y como apunta Mike Taylor, en su excelente critica al concepto de espíritus territoriales. (1) Hay una auténtica frustración ante las dificultades de la obra misionera y la predicación del Evangelio; (2) estas ideas apelan a una cultura con tanta sed de poder como la nuestra; (3) en general, corresponden más a la mentalidad del hombre de acción, que al pensador; (4) contrastan con e1 enfoque tradicional de identificación en humildad con la cultura, que hace sufrir tanta persecución; (5) y lo que se promete es un trabajo por detrás, ante al que después ya no hay que ensuciarse más las manos; (6) además, este enfoque hace que hoy alguien sea popular en 1a comunidad cristiana, atrayendo invitaciones a dar múltiples conferencias y seminarios; (7) y no olvidemos que semejantes historias de éxito levantan siempre, paradójicamente, muchos fondos.

Estamos ante una perspectiva entonces que distrae la atención de los cristianos de 1o más importante, que es el contenido de ese maravilloso Evangelio que tenemos que predicar. La liberación de la esclavitud demoníaca viene sobre todo por la predicación del Evangelio, y su aplicación en la vida individual, no por atar demonios con jurisdicción geográfica. E1 pastor pentecostal español Mario Fumero observa por eso que "existe el peligro de que nos preocupemos tanto en "espantar demonios" con oraciones y reprensiones, que olvidemos el predicar a Cristo".

¿Qué hace falta, entonces? Como dice Wakely, (a) Una clara afirmación de la soberanía de Dios, en toda su centralidad, mostrando a Cristo resucitado con "toda autoridad en el cielo y en la tierra" (Mt. 28:18). (b) Un mayor aprecio a la actividad y supremacía del Espíritu Santo en la vida del creyente, así como a la oración y el testimonio, así como al ministerio de los ángeles; (c) Pero la centralidad neotestamentaria está en 1a obra total y acabada de 1a cruz, que es relegada aquí a un medio para una oración efectiva para atar demonios, aunque se reconozca su papel como medio de salvación y certeza de la derrota de Satanás.

Cuando una persona es salva, es librada de la potestad de las tinieblas (Col. 1:13-14), aunque como creyentes no estemos exentos de los ataques del diablo. Pero podemos tener seguridad (Ro. 8:37). El Espíritu Santo mora a partir de ese momento dentro de nosotros (1 Co. 6:19), y éste no puede compartir nuestro cuerpo con demonios, ya que "es mayor que e1 que está en el mundo" (1 Jn. 4:4). El maligno no puede tocar a un hijo de Dios (1 Jn. 5:18), porque no puede deshacer su obra. El Señor nos protege en su fidelidad (2 Ts. 3:3), y no hay nada que pueda separarnos de su amor y propósito eterno. No es que nos libre de toda clase de prueba, sino que en medio de ellas podemos confiar en que Dios las utiliza para nuestro bien (Gn. 50:20; Ro. 8:28).

Cristo reina "sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero" (Ef. 1:21). Ya que "despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz" (Col. 2:15). Por lo que, como observa Dick Lucas al comentar este texto con su habitual claridad: "No hay una llamada para el creyente cristiano a impresionarse demasiado por el "hombre fuerte" y su armadura, ya que "uno más fuerte que él" ha aparecido ya para vencerle y despojarle de las armas en que confía (...) La libertad de las fuerzas demoníacas no es una obra de gracia secundaria, o posterior, a buscar de la mano de Dios. Es simplemente el privilegio evangélico para todo" creyente.



(1) Este artículo forma parte del Cuaderno “Guerra espiritual", publicado por la Alianza Evangélica Española; y que fue escrito por tres diferentes autores: José de Segovia, Julíán Mellado y Esteban Rodeman)
(2) Para contacatar con la AEE: www.AEEsp.net, correo-e: oficina@AEEsp.net  



Artículos anteriores de esta serie:
   1  Guerra espiritual y evangelización  
   2  Nuevas formas de espiritualidad  
   3  La Iglesia: el nuevo misticismo  
   4  Guerra espiritual y demoniomanía  
   5  Experiencia cristiana y Biblia  
   6  Los espíritus territoriales  
   7  Maldiciones generacionales  
   8  Ataduras espirituales diabólicas  
   9  Biblia y fe frente a la “guerra espiritual”  
   10  Escasa base bíblica de la “guerra espiritual”  
   11  La “guerra espiritual” distorsiona la evangelización  

José de Segovia Barrón es periodista, teólogo y pastor en Madrid
© J. de Sevovia, 2005, Madrid, España

 
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