Ser uno con el otro se puede situar como uno de los grandes deseos del ser humano de todos los tiempos, para el que la soledad es el mayor de los infiernos porque está aquí y ahora; y (como la propia sombra) se lleva siempre arrastrando a poco que la luz de la conciencia se enciende.
El sexo es una de las formas de búsqueda de esa unidad, inalcanzable si no se vive dentro del auténtico amor. Las sectas, las ONGs, las pandillas, y el activismo (religioso o no) son el deseo de diluirse en otros anulando nuestra propia soledad, pero tampoco son unidad. Incluso el encuentro con Dios, el "Otro", que rompe nuestra soledad espiritual, se queda incompleto -en la dimensión horizontal de lo humano- si no nos encontramos con los compañeros de viaje espiritual . Y hay muchas soledades en la Iglesia y "la iglesia".
Porque a menudo la unidad se entiende como hacer todos lo mismo. Otras veces como sometimiento (convencido, interesado o forzado) a un determinado líder o grupo de líderes. En otras ocasiones, se cree que la unidad es perseguir un fin que en sí mismo es lícito e incluso"cristianamente" correcto. Y, sobre todo, la unidad es muchas veces una herramienta esgrimida como presión, para que quien no se sume se sienta diferente y anatema. Y nada de esto logra la unidad.
Por ello, en la Iglesia cristiana (que es una y universal -o sea católica- pero no romana) la unidad es una realidad escrita en los cielos pero difícil de vivir en la tierra ; aunque a menudo citada para defender "nuestra" verdad
- Pero la unidad no es un líder o persona: sólo la de Jesucristo.
- Pero la unidad no es ninguna acción, sea del uno o del cien por cien: es la auténtica voluntad de Dios.
- Pero la unidad no es un fin, y mucho menos los medios. Es cumplir el propósito real y práctico de Dios para mi tiempo y generación.
- Y por último, la unidad no se impone, se exige o se utiliza como chantaje o defensa: es un convencimiento que sólo Dios puede refrendar.
Ante estas ideas, es lógico que la unidad no se viva sino parcialmente. Pero lo mismo ocurre con el amor genuino, la amistad verdadera, la generosidad auténtica y muchas de las cosas hermosas que se pueden experimentar en esta tierra.
Por otro lado, la unidad no es una unión superficial, sino profunda. No es un conjunto de piezas mecánicas engranadas con una carrocería común que funciona correctamente "porque es la voluntad de Dios" o "porque las cosas deben hacerse así"; sino una maraña de truenos, relámpagos, sequías, bonanzas, nevadas, vientos y tardes primaverales que forman una unidad -llamada estaciones- que produce prados, cultivos y bosques.
Por esto la unidad está plagada de disparidades, debates, desencuentros, reconciliaciones, arrepentimientos, heridas y florecer de sentimientos. La superficialidad, lo monótono, lo establecido, el marketing prefijado, la rutina de lo correcto de siempre, de la fría educación, son enemigos de la vida que fluye en la unidad.
Vivamos pues la unidad, y rompamos las unidades (a menudo tristemente seguidas de ceros) que nos encorsetan . Aunque, a veces, por querer vivir la unidad nos quedemos mejor acompañados, pero más solos. Es un precio que merece la pena pagar.
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