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La política y el hambre
Hay muchas personas que se preocupan hoy por el hambre en el mundo, porque no es simplemente un problema, sino un escándalo que como tal nos afecta a todos, pero especialmente afecta a los cristianos. El hambre se da en países con extremas desigualdades. Pero las causas del hambre no son causas naturales, sino que, más importante que éstas, son las causas estructurales.
Así, hay muchos países que no tienen seguridad alimentaria y sería necesario tomar medidas desde el punto de vista político, fundamentado en temas también éticos y de moral. Es inmoral que tantas personas pasen hambre en el mundo, cuando podría existir una seguridad alimentaria que garantizara el derecho de todos los hombres en la humanidad a recibir y tener acceso a alimentos en cantidad y calidad suficiente, y no de forma puntual, sino permanente, dentro de unos modelos de prácticas alimentarias saludables y que estén dentro de los patrones de un desarrollo sostenible.
Y decimos que las causas del hambre no son naturales, sino estructurales, porque muchas de las causas del hambre son de esta naturaleza : falta de empleo que necesita de nuevas políticas de empleo y de la solidaridad internacional para que también los países pobres puedan estructurar estas políticas. También estarían los bajos salarios que hacen que muchos padres de familia después de una jornada de trabajo no tengan acceso a la compra de una cesta alimentaria que sea suficiente para ellos y para la prole. Eso también es una causa estructural que se ha de ver desde puntos de vista políticos. La concentración del dinero en pocas manos es también un gran problema que incide en la mala redistribución de los bienes del planeta. Aquí, las diferentes políticas deberían ver formas de redistribución, así como estructurar las políticas agrícolas de forma que resultaran adecuadas para que los pueblos no pasaran hambre, controlando también los precios de estas materias alimenticias. Y todo eso son políticas, pero que tienen que ver con la moral y con los valores y la responsabilidad cristiana.
El otro día escuché una conferencia en donde se hablaba del PP como partido de mayor moralidad que el PSOE, y se fundamentaban en que defendían mejor la moralidad, pero dejando el conferenciante reducida la moralidad a los temas de la homosexualidad y del aborto. A una interpelación mía, el conferenciante me dijo que los otros temas referidos a la pobreza, las libertades, las políticas de empleo, la eliminación del hambre en el mundo, la atención a las minorías y otros temas en esta línea de dignificación de las personas, eran simplemente temas de gestión. Pero no es cierto. En todas estas políticas de reducción del hambre, se mueve la moral de una forma clara y hasta resulta inmoral negarlo. La moralidad y la ética en la política no se reduce a los temas del aborto y de la homosexualidad. La política sin moral no es sólo gestión, sino un desatino que los cristianos no deberíamos permitir.
Así, la alimentación debe ser accesible a todos y, cuando los Estados nacionales no son capaces de establecer las políticas adecuadas, debería entrar la solidaridad internacional. Pero cuando entra la solidaridad internacional, hay que tener cuidado. No se debe entrar solamente haciendo programas asistenciales o de beneficencia, sino que hay que ver que el acceso a la alimentación no se debe procurar en el estricto plano del asistencialismo y, quizás, ni siquiera en el ámbito de una moral no politizada . Porque dar alimentos a los pobres no es solamente una cuestión de ONGs asistenciales, ni derivada de los sentimientos religiosos, sino un derecho social que emane de la propia actividad política.. De ahí la necesidad de que los cristianos sepamos ver las interrelaciones entre el cristianismo y la política.
De manera que la cuestión final, basándonos en la solidaridad cristiana y en la moral cristiana, estaría en la politización del hambre. Así, se articula, o se debe articular, el cristianismo con la política. Porque los cristianos somos también responsables del hambre en el mundo. Así, una responsabilidad cristiana sería sacar el hambre al debate público, al debate político. Y para conseguir que sea realmente un debate público, se debería luchar por la movilización de los medios de comunicación a nuestro alcance, movilizar a nuestros líderes, nuestros universitarios, interpelar a los gobiernos y hacer todo lo posible por movilizar a la sociedad civil.
Hay que pasar de considerar el hambre como una cuestión natural que se apoya con beneficencia y programas religiosos, a pasar a considerar el hambre como una cuestión política de primer orden... porque también así, estaremos cumpliendo con nuestra responsabilidad como cristianos, haciendo del hambre una cuestión pública y política. Hay que combatir, necesariamente, las causas del hambre desde la esfera pública y no desde las políticas de beneficencia de las ONGs, aunque estas deben seguir actuando, - pues lo asistencial sigue siendo imprescindible - al igual que la acción diacónica de la Iglesia que debe conjuntar lo asistencial, con la politización del hambre, pues la Iglesia también debe buscar la eficacia para eliminar esta escandalosa lacra.
Juan Simarro Fernández, licenciado en Filosofía, escritor
y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid.
© J. Simarro, 2005, Madrid, España. |
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