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Desarrollo de los testigos de Jehová
La influencia de la masonería (XI)
En 1879, Russell se establecía por su cuenta y fundaba la Sociedad Wachtower. Dos años después, tendría el primer revés. Pretendió que en 1881 él y sus adeptos (esta vez, sí) serían arrebatados por los aires al encuentro de Cristo. Aquello resultó excesivo para muchos de los que habían vivido la bochornosa experiencia de 1878 en el puente de Pittsburg.
Un grupo de cierta categoría y su principal colaborador, un tal Paton, abandonaron a Russell convencidos de que a nada conduciría el insistir en hacer el estúpido vez tras vez. Eran el primer cisma que sufriría la secta a cargo de sus adeptos desengañados por las falsas profecías de la misma, el primero de una dilatada lista.
No obstante, Russell retuvo el control con relativa facilidad . Para ello, sólo tuvo que recurrir a dos lecciones que habían sido utilizadas ya por los adventistas. La primera fue afirmar que sólo Russell, el dirigente máximo de la secta, el equivalente russellista de Ellen White en el adventismo, conocía e interpretaba correctamente la Biblia, mientras que las otras organizaciones religiosas, iglesias y sectas iban camino del desastre.
La segunda consistió en azuzar a los adeptos hacía un fin del mundo que estaba a la vuelta de la esquina, que sería, con toda seguridad, porque así lo decía la Biblia tal y como la interpretaba Russell, en 1914.
El culto a la personalidad de Russell fue, en sus días, casi tan avasallador como el que los adventistas profesan a Ellen White. De él se dijo que era “el mensajero especial para la última Edad de la Iglesia”(1), que “había sido elegido para esta gran obra antes de su nacimiento”(2), que “los dos mensajeros más populares fueron Pablo y el pastor Russell” (3), que “deberíamos esperar que el Señor nos enseñe a través de él”(4) y que “repudiar su obra es equivalente a un repudio del Señor”(5).
Era él en persona quien redactaba todas las publicaciones de la secta y ya se había ocupado de afirmar que su obra teológica era más clara que la propia Biblia y que incluso, en el fondo, resultaba equivalente. Tal y como señaló e 1910:
“Una persona caería en la oscuridad después de dos años de leer la Biblia sola; estaría en la luz leyéndolos Estudios de las Escrituras (la obra de Russell) solo”.(6)
Según su punto de vista, no había habido un entendimiento claro de la Biblia durante siglos (7), pero, finalmente, él había aparecido para solucionarlo. Por ello, no podía haber ninguna disidencia:
“Cualquier director de clase que haga objeciones a una referencia incluida en al Atalaya o en los Estudios delas Escrituras en relación con la discusión de cualquier tema debería ser visto correctamente con sospecha como maestro”.(8)
Continuará.
(1) Studies, vol. VII, p. 53.
(2) Idem.
(3) Atalaya del 1 de noviembre de 1917, p. 6159
(4) Atalaya del 15 de febrero de 1918, p. 6212.
(5) Atalaya del 1 de mayo de 1922, p. 132.
(6) Atalaya del 15 de septiembre de 1910, p. 4685.
(7) Atalaya del 15 de septiembre de 1911, p, 4885.
(8) Idem.
César Vidal Manzanares
es un conocido escritor, historiador y teólogo.
© C. Vidal, Libertad digital (ProtestanteDigital.com. 2005, España) |
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